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Mucho ruido y pocas nueces / La Feria

Mucho ruido y pocas nueces / La Feria
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 Sr. López

 

Enviudó tía Nica (bautizada Nicanora, la familia resolvió el penoso asunto con esa caritativa contracción, “Nica”), y ya sembrado tres metros bajo tierra el fiambre, para sorpresa general, la recién viuda lucía tristona, siendo que todos suponían se le vería feliz, habiendo tenido un matrimonio parecido al asalto a La Bastilla, el desembarco en Normandía y el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki. Una tarde, el del teclado le preguntó qué le pasaba y ella con un suspiro largo, dijo transida: -Fueron más de 40 años de puros pleitos… ahora, no sé qué voy a hacer con lo que me queda de vida -¡acabáramos!

 

El periodismo nacional enfrenta un terrible trance: terminaron las campañas políticas, se celebraron elecciones (sin un baño de sangre); ganaron AMLO y sus candidatos con una impúdica cantidad de votos (no habrá airadas impugnaciones, plantones ni marchas); el Mundial de fut acaba ya y los niños de Tailandia fueron rescatados (todos vivos)… ¿ahora de qué van a hablar?, ¿cuál será el trepidante asunto que ocupe primeras planas y sea nota destacada?

 

Es muy amenazante esta sequía de noticias para los periodistas agoreros de tragedias, promotores de escándalos, que desilusionados ante el panorama bonancible, no esperan ya nada de la vida: ni las nalgas de la señora Guzmán saldrán en su rescate por encontrarse en lo que los contadores públicos definen como “estado generalmente aceptable”. Y al periodismo militante también le desconcierta la nueva situación: ¿ganamos?… ¿aceptaron su derrota?… ¿ahora qué, a quién atacamos, a quién sacudimos y trapeamos?, no hay derecho.

 

Para colmo de males, para directores de información y jefes de reporteros, se desvanece la esperanza de que AMLO, ya montado en un triunfo inobjetable y de proporciones inesperadas hasta por él, hiciera suertes charras con la lengua: anda en plan morigerado, todo buenas maneras, comprensivo, tolerante y ponderado, agradeciendo hasta a don Peña Nieto que sea un demócrata respetuoso de la voluntad popular expresada en las urnas y que lo haya invitado a recorrer Palacio Nacional. Bonito.

 

Bueno… a la señora de toga blanca de la portada de los libros de texto gratuitos, la Patria, le viene bien este receso de hostilidades. Ya era mucho: diario un petardo, diario algo para ratificar nuestro pesimismo, todo mal y empeorando… y de repente, gana AMLO, no hay fraude, no hay impugnaciones, Trump le llama por teléfono en plan de cuates, el mundo aplaude a México, no hay más que armonía, es clara la aurora y alegre el manantial, como ríe la vida… todo, todo se olvida (¡ay, Carlitos, cada día canta mejor!).

 

Quedaba la esperanza de esperar el inicio del nuevo gobierno para empezar a recordar y reclamar el cumplimiento de sus promesas de campaña, pero AMLO, con habilidad de tahúr, en cuantito ganó, empezó a desechar él mismo algunos compromisos que no se pueden ni se van a cumplir. “Clochazo”, segundón y volantazo, de una vez (y rápida reaparición de Marcelotzin Ebrard, para que nos acostumbremos al castigo de aquí al 1 de diciembre). AMLO aprovecha la euforia colectiva por su triunfo no para reafirmar la fe de sus seguidores, sino para darles baños de realidad a baldazos. Mejor, así no habrá descontentos tardíos.

 

Por lo mismo, ya hablando en serio, ya atrás las campañas, ayer propuso a sus diputados y senadores (esa muchedumbre), doce asuntos, que no reformas como “cabeceó” la prensa:

 

Aparte de la obvia Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos 2019, propone una reforma para adelgazar la nómina de altos funcionarios, eliminando y fusionando mandos medios y superiores; a todo dar.

 

Los otros diez incluyen una ley reglamentaria del artículo 127 constitucional, para que en serio, nadie en los tres poderes gane más sueldo que el Presidente de la república. Crear (volver a crear), la Secretaría de Seguridad Pública (o sea: sacarla de la de Gobernación). Penalizar como delito grave sin derecho a fianza el robo de combustibles, el fraude electoral y la corrupción en todas sus variantes (a ver, que no es lo mismo uno de tránsito recibiendo mordida que un Secretario de estado saqueando el erario). Reformar la ley para incorporar el Estado Mayor Presidencial a la Secretaría de la Defensa Nacional (lo que es nada recomendable, por algo ha existido con distintos nombres y por buenas razones, desde Agustín de Iturbide hasta su actual denominación y responsabilidades, desde el 12 de enero de 1942, cuando era presidente Manuel Ávila Camacho, pero ahí que lo vea él); y revisar la posibilidad de aumentar al doble el salario mínimo en la zona fronteriza en el país (norte, se entiende).

 

También, revertir el decreto de “privatización” del agua (no es eso, pero si le sirve para tener contenta a la raza: que lo revierta); “cancelar” la reforma educativa (tampoco es eso, quien será su Secretario de Educación, Esteban Moctezuma, dijo que reformarán la Ley del Servicio Profesional Docente, pero que él diga que la canceló, total, es barato con tal de recuperar la tranquilidad en el sector); cumplir con el artículo tercero para que toda la educación sea gratuita (¿toda?… ¡toda!; está bien, era duda); “consultar” la revocación de mandato (oook… ya verá usted en qué queda esto); modificar el artículo 108 de la Constitución para que pueda ser juzgado el presidente en funciones por corrupción (lo que suena a concesión a la claque, porque siempre es sueño poner puertas al campo: eso no se resuelve con leyes, caballero… pero si le sirve para que no mengüe la fe colectiva en él, que lo haga).

 

En resumen: nada que sobresalte al país ni al gran capital nacional ni extranjero: moderación que prueba su experiencia política. Tal vez hasta algo más arrojado fuera bueno que hiciera AMLO, no sería bueno que la gente un día le gritara: mucho ruido y pocas nueces.

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