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Cómicos y merolicos / La Feria

Cómicos y merolicos / La Feria
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Sr. López

 

Usted sospecha, si ha leído unas cuantas Ferias, que la familia de este su texto servidor es (quedan algunos vivos), peculiar, por decir lo menos. Como toda familia, tiene rama paterna (los de Autlán de la Grana, Jalisco), y materna (los toluqueños). Ambas, sin proponérselo, equiparon bien a este menda para la vida en este nuestro risueño país.

 

Del lado paterno, eran de rancho y más bien indiferentes a las cosas de la religión; del lado materno, citadinos, con diferencias de fondo entre el sector femenino (católicas 9 grados Richter) y el masculino (masones, sin bautizar).

 

Del lado paterno, se comía en mexicano, se hablaba en mexicano, veían las luchas y el futbol (claro, le iban a las Chivas). Del lado materno se comía a la española -si se ponía uno vivo oía a los viejos hablar en gallego-, practicaban equitación, esgrima y deliraban en el Jai Alai.

 

Del lado paterno, Juárez era un modelo; del lado materno, para los señores, Juárez era un héroe y para las señoras, el demonio. Del lado paterno se oía a Jorge Negrete, Pedro Infante y Sonia López; del lado materno, a Pepita Embil (la reina de la zarzuela; mamá de Plácido Domingo que entonces era niño), Juan Legido (el ‘Gitano Señorón’), y a Sarita Montiel. Los del lado paterno se desternillaban de risa con Cantinflas y Tin Tan; los del materno con Gila y Chiquito de la Calzada. Unos leían a Rulfo, Acuña y Nervo; los otros a Pérez Galdós, Machado y Lorca. Aquellos celebraban con el mariachi Vargas de Tecalitlán, estos con los Churumbeles. Por un lado pulque, tepache y tequila; por el otro, sangría, brandy y tinto.

 

Del lado paterno las que encargaban niño sin formalidades civiles ni religiosas, lo parían y lo criaban sin explicaciones ni sustos de nadie; del lado materno no pasaba eso, de repente alguna ‘señorita’ salía de viaje y luego sus papás, ‘recogían’ un niño. En la familia paterna los niños recitaban ‘Mamá soy Paquito’; en la materna, cantaban ‘Cariño verdad’.

 

Por los del lado paterno, uno estaba seguro que México era mestizo y por los del lado materno, que este país era el extraño resultado de sumar gente ‘decente’ y ‘pelados’. Los del lado paterno no tenían un muerto por la Revolución y los del materno, un reguero de cadáveres… defendiendo a don Porfirio y huyendo de Carranza.

 

Sí, este menda fue echado a la vida con un batidillo en el cerebro: católico-ateo, guadalupano-juarista, celebrando igual el 12 de diciembre que el 8 de septiembre (Virgen de la Covadonga, Fiesta de la Santina); más mexicano que el mole, devorador de tacos y antojitos, comiendo más fabadas, cocidos, paellas y ‘tortillas de patatas’, que Hernán Cortés; paladeando igual ‘menudo’ de pancita y callos a la madrileña; admirando charros y babeando con una buena corrida de toros; cantando corridos y boleros, gregoriano y pasodobles.

 

… ¡ah! pero, eso sí, ambos lados, paterno y materno, se aseguraron sin ponerse de acuerdo, de dejar unas cuantas cosas muy claras a todos los retoños de ese berenjenal genealógico: los yanquis eran nuestros enemigos (sin matices); la riqueza, sospechosa; la política, sucia; los políticos, despreciables; el gobierno, una cueva de ladrones y la regla era ‘cada quién para su santo’. ¡Áchis!

 

Y va uno creciendo y va uno aprendiendo lo que es México, descubriendo todos los Méxicos que hay y somos; y también a respetar parejo a la gente, ni los pelados son tan pelados ni los decentes tan decentes… y en particular se da cuenta que buena parte de lo poco o mucho bueno que hay en el país lo han hecho los gobernantes (que lo reto a imaginar este país sin Seguro Social, sin UNAM, IPN, un puño de universidades estatales, sin carreteras ni presas), junto con empresarios que por la razón que sea, dan empleo y se las ingenian para sortear las metidas de pata del gobierno que les ha hecho muchas trastadas.

 

Por supuesto a la generación de mediados del siglo pasado nos resulta incómodo y hasta alarmante el giro que sin prevenciones tomó la política nacional de 1982 para acá, cuando de repente todo era al revés: había que vender toda la industria nacional, en especial la paraestatal, la autosuficiencia alimentaria era una puntada pasada de moda, la soberanía nacional una idea tonta que ignoraba las bondades de la globalización, los yanquis eran nuestra salvación y los tratados comerciales la receta infalible para resolver los males nacionales… y no, un poco sí, pero no, que ahora tenemos al 60% de la gente en pobreza de algún tipo, desde miseria de doler el alma hasta gente que vive tragando lumbre en los semáforos.

 

También a los de esa generación que ya está a punto de abordar (boleto de ida nada más), no nos espanta tanto el actual gobierno encarnado en una sola persona: hemos vivido muchos años así, décadas, y sabemos que la élite gobernante solo aparenta someterse y siempre está lista a cambiar de cachucha; sin considerar que es de historia fantástica, de ficción, que se puede dar vuelta de campana a 500 años de historia en un sexenio.

 

Lo que sí es novedoso es que ahora todavía existan en el país conservadores (fifís), liberales (morenos), y que nuestra aspiración resulte ser el regreso de Juárez, Madero y Cárdenas y que haya que destruir todo para rehacerlo otra vez, sin repasar la verdad sobre ninguno de los tres próceres designados que respondieron como pudieron a circunstancias irrepetibles, del todo distintas al país de hoy… y ni fueron tan santos ni tan atinados: son presentables, a secas, y del pasado no saldrán las soluciones de pleno siglo XXI.

 

Como sea, el México que fue, no volverá (¡bendito sea Dios!), y la generación que tomará el mando del país es por mucho, mejor que los que estamos en el andén esperando turno para pasar a fiambres, y esa nueva hornada de tenochcas simplex, nos tiene que disculpar el tiradero que les dejamos, y se les recomienda para tener gobernantes, improvisen algo pronto, porque atenidos a los partidos políticos que les estamos endosando, van a acabar eligiendo entre cómicos y merolicos.

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