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¿Tú también Juan?

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*Miseria de la política
José Antonio Molina Farro

De los deberes el del agradecimiento es el más imperioso. Cicerón

El futuro es siempre terra incognita. En el pasado hubo voces tutelares, personajes que vivieron tiempos de inaudita violencia, corrupción, impunidad, intolerancia, persecución y traiciones, pero que no sucumbieron a la desesperanza. Aún resuenan los limpios ideales que se levantaron contra el poder y sus abusos, contra la seducción de la autoridad, contra la comodidad del silencio, contra la fascinación de la ortodoxia. Octavio Paz escribió << Tenemos que aprender a mirar de frente a la gran noche del siglo XX, y para mirarla necesitamos tanto la entereza como la lucidéz: sólo así podremos, quizá, disiparla>>.

El exgobernador Juan Sabines Guerrero llamó traidor y cobarde a Manuel Velasco Coello. Lo dijo sin pudor, aún más, saboreó los adjetivos, él los propició. Duros calificativos en boca de un Cónsul que cumplió a pie juntillas la consigna de proferirlos por razones de interés sucesorio, de alta prioridad para la Federación. Es Sotto vocce que, aun existiendo elementos para la apertura de expedientes y actuar en consecuencia, Manuel ha protegido ad náuseam a su antecesor. Un exgobernador que dejó una deuda impagable a su sucesor y aplastó sin pudor a los demás poderes y órganos autónomos, ya fuere por corrupción o bien  por intimidación. Ha sido pues, un clamor del pueblo chiapaneco la rendición de cuentas del exgobernador y  de algunos excolaboradores. Pero no, Manuel opta por el silencio, ergo, la rumorología es inevitable, ¿lo hace por encubrimiento cómplice? ¿El epíteto de cobarde está entonces justificado? ¿hay acaso elementos que pudiesen comprometer el futuro del joven político? No lo sabemos, quizá no lo sabremos, más allá de una duda razonable. Vasconcelos dijo: “Tremenda responsabilidad haber despertado en vano la esperanza”. Después de un doloroso sexenio de arbitrariedades, persecuciones, revanchismos, ineptitudes y corrupción, rasgos distintivos del gobierno sabinista, los chiapanecos esperaban, fiel a su talante de pueblo con esperanza, un gobierno de realizaciones, incluyente, honesto y comprometido con el bienestar de todos. Un gobierno capaz de concertar y negociar acuerdos con todos los actores políticos, empresariales y sociales para detonar el anhelado desarrollo. Un gobierno con capacidad para generar estímulos y condiciones para la acumulación y la reproducción del capital, que son, aquí y en cualquier lugar del mundo, la quintaesencia del desarrollo. Un gobierno con la capacidad de hacer atractiva la inversión privada nacional y extranjera, para dar un fuerte impulso a la infraestructura económica y social generadora de empleo decente. En fin, un gobierno con capacidad de impulsar inversiones con un efecto multiplicador para el desarrollo de regiones y sectores.

No se pretenda cambiar en un sexenio un cuadro de siglos, pero lo que no se vale es el desgano, la frivolidad, el valemadrismo, el dejar a Chiapas como el estado con el gobierno más corrupto de acuerdo a voceros de la Coparmex y con una aportación ridícula al PIB nacional. Hoy lo que vemos con dolor y frustración es la deslumbrante ineptitud de un gobierno mediocre y diletante, que hace del poder un recinto de la más cínica y descarnada rapacidad. La sociedad está encabronada y desencantada, impotente ante la corrupción desbordada y cínica. Sin embargo, más allá de juegos de emotividades o de altibajos climatéricos, lo que vemos es un asunto de poder y distribución de cuotas. Es el resultado de un cálculo racional del poder central en términos de sobrevivencia política. Se avecina una lucha descarnada que impedirá desdramatizar, a límites razonables, el proceso transicional chiapaneco. El parón de la Federación a las aspiraciones de Manuel a una senaduría plurinominal y terminar su mandato, obedece al interés de llevar al poder a Meade y Albores, en unas elecciones que se advierten cerradas, como muy pocas en la historia de Chiapas. Es un cuento de hadas el que “primero están los intereses de Chiapas y mi prioridad es la reconstrucción de viviendas afectadas por el sismo”. Vaya cinismo de Manuel, cuando el mismo difundió sus aspiraciones a la legislatura.

A la luz de los vertiginosos acontecimientos nacionales, el pronunciado desgaste del discurso y de la imagen presidencial y de su candidato, así como la cancelación de expectativas de bienestar, se presentan condiciones para activar la subpolítica – que no es antipolítica-, esto es, movimientos sociales y grupos de iniciativas ciudadanas que se hacen presentes al margen de las catedrales del poder político y del mundo empresarial, no de forma completamente inconsciente, pero tampoco plenamente consciente. Grupos que hasta ahora no estaban implicados tienen cada vez más interés y más oportunidades de tener voz y participación en la cosa pública. No podía ser de otra forma. Nuestra transición recorre un terreno quebradizo, el sistema político mismo está fragmentado y se perciben rupturas inquietantes en los mecanismos de representación. Incoherencias y desgarraduras caracterizan hoy a los partidos políticos. Lo repito hasta el cansancio, la pobreza y la exclusión son tierra fértil para la frustración, la radicalización y la violencia. Esta es la oportunidad de analizar aquellos aspectos de nuestro desarrollo que han dejado a México y a Chiapas en estas tremendas desigualdades. Hacerlo sin aplicar la política de la retroexcavadora, esto es, el pretender que todo está mal hecho y, por tanto, partir de cero y negar cualquier avance. Madurez, mesura y altura de miras para reconocer lo positivo y acrecentarlo, y desechar lo negativo. Permitamos que el pasado sea nuestra guía, pero dejemos que el futuro sea nuestra inspiración. Tenemos una agenda interminable que requiere de la implementación de nuevas estrategias y de nuevas prioridades. Debemos decidir conjuntamente nuestro destino con un nuevo paradigma de desarrollo. Necesitamos construir puentes espirituales y promover la solidaridad intelectual y moral de todos nosotros.

Como está dicho en el Popol Vuh: <<Que no sean ni uno, ni dos, ni tres. Que todos se levanten. Que nadie se quede atrás>>. Trabajemos todos, con ánimo patriótico, por la armonía y el bienestar social. Alcanzar a los inalcanzables, incluir a los excluidos, hacer visibles a los invisibles. Ese es el reto mayor de nuestro tiempo.

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