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Poemas

Poemas
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Estamos haciendo un libro

El libro no soy yo

El lamento no es el dolor.

El canto no es el pájaro.

El libro no soy yo, ni es mi hijo,

ni es la sombra de mi hijo.

El libro es sólo el tiempo,

un tiempo mío entre todos mis tiempos,

un grano en la mazorca,

un pedazo de hidra.

Al téquerreteque

Vámonos, Tarumba, antes de que brote

el chorro del sol guajolote

y queme las hojas y chupe y reseque

la tierra y el alma al téquerreteque.

Yo llevo a mi hijo, tú llevas un gallo

atado a la cola de un rayo;

jugamos los cuatro, mientras la neblina

se roba la sombra como a una sobrina,

y, el barro en las piernas haciendo de bota,

tiramos la risa como una pelota.

Un árbol se acerca, un río se calla,

y dice un conejo: ¡malhaya!

Y un burro de palo rebuzna y cocea

en medio de todos untado de brea.

¡El monte, la lluvia, la paja,

el cielo que sube y que baja!

¡La sangre caliente, la boca repleta,

y el mundo sonando como una trompeta!

Descubre la luz

Uno es el hombre que anda por la tierra

y descubre la luz y dice: es buena,

la realiza en los ojos y la entrega

a la rama del árbol, al río, a la ciudad,

al sueño, a la esperanza y a la espera.

Jaime Sabines

Yo contaba un cuento

Allí había una niña.

En las hojas del plátano un pequeño

hombrecito dormía un sueño.

En un estanque, luz en agua.

Yo contaba un cuento.

Mi madre pasaba interminablemente

alrededor nuestro.

En el patio jugaba

con una rama un perro.

El sol —qué sol, qué lento—

se tendía, se estaba quieto.

La niña morena y flaca

La niña toca el piano

mientras un gato la mira.

En la pared hay un cuadro

con una flor amarilla.

La niña morena y flaca

le pega al piano y lo mira

mientras un duende le jala

las trenzas y la risa.

La niña y el piano siguen

en la casa vacía.

Vienen las estrellas en aviones

—Mamá, tengo la barriga llena de hambre, dice.

Y la mamá se ríe y le trae la leche.

Al rato, ya dormido. se sobresalta y mueve los

brazos y las piernas. La mano de la madre le

acaricia la espalda, se queda quieto.

En su plácido rostro el corazón descansa.

Vienen las estrellas en aviones y los caballos

nadando, y él es el dueño heroico de las cosas.

A preguntar por ti

Nena:

Viene la rosa andando desde el jardín

a preguntar por ti.

(La hormiguita hacendosa

se escondió en la oreja de la rosa.)

Y viene un aire de alhelí

también a preguntar por ti.

Viene el caballito volatinero

Viene el caballito volatinero

a perdirte dinero,

y una mariposa de algodón de París

se te pega en la boca y la nariz.

Agua

¿Cómo se escribe agua?

Se debería escribir haguah, jáguaj…

como el que tiene sed.

Noche

¿Hasta dónde entra el campo

a la ciudad, de noche?

¿el aire de los cedros,

las estrellas, las nubes sigilosas?

Pájaros

—¿Qué es el canto de los pájaros, Adán?

—Son los pájaros mismos que se hacen

aire. Cantar es derramarse en gotas de aire,

en hilos de aire, temblar.

Mar

¡Qué cantidad de agua tan enorme

tiene el mar!,

¡cómo es posible atravesar el mar!

¿Quién se baña en el mar, quién sale vivo,

quién sobrevive al mar?

Con un beso

¡Qué linda estás, tristeza,

cuando así callas!

¡Sácale con un beso

todas las lágrimas!

Nos entendemos

El diablo y yo nos entendemos

como dos viejos amigos.

A veces se hace mi sombra,

va a todas partes conmigo.

Se me trepa a la nariz

y me la muerde

y la quiebra con sus dientes finos.

Amor

El amor no tiene remedio

y sólo quiere jugar.

Para los tres

Mi mujer y mi hijo esperan allí fuera,

y yo me quejo.

Voy a comprar unas frutas para los tres;

me gusta ver que mi hijo brinca

en el vientre de su madre

al olor remoto de los mangos.

Recreo

“Lo mejor de la escuela es el recreo”,

dice Judith, y pienso:

¿cuándo la vida me dará un recreo?

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