
Eduardo Langagne
Jaime Sabines era un poeta. Eso quiere decir: un hombre como cualquier otro; como un abuelo o un padre, como un hermano o un hijo. Era un hombre como cualquier otro, con la pequeña diferencia de que Jaime sabía hacer poemas, o más bien: sabía cómo buscarlos entre las cosas y las personas, entre los recuerdos de las cosas y los sentimientos de las personas, entre los olores del día y los distintos colores de la noche.
Como Jaime era poeta, y los poetas también trabajan, él lo hizo en cosas muy diferentes. Por ejemplo, en Chiapas, en una tienda de telas, donde midiendo metro por metro, abría los brazos para extender la tela, como quien quiere abrazar a un amigo. Telas alegres para los vestidos de las niñas, telas oscuras para el luto, tela blanca para las camisas de los niños, tela para las cortinas floreadas de la abuela, tela brillante para la fiesta de quince años, tela de muchos colores para la sala de la madrina.
Su papá, el Mayor Sabines, le había puesto a sus hijos nombres que empezaban con jota: Juan, Jorge, Jaime. Y él hizo lo mismo con sus hijos: Julio, Jazmín, Julieta, Judith.
Después trabajó en un establo, llevaba de un lado a otro alimento para el ganado y la leche para el desayuno. Cuando fue a la Ciudad de México quería ser doctor, pero estar tan cerca del dolor humano lo hizo más poeta. Después estudió letras. Aunque había comenzado a escribir desde niño, ya para entonces estaba decidido a ser poeta.
Este libro tiene fragmentos de poemas de Jaime, aquí veremos que todas las palabras le convienen a la poesía y que el poeta busca las que sean más fieles a lo que quiere decir.
Jaime sabía buscar los poemas como quien busca algo querido que se le extravió, como quien quiere saber dónde está ese recuerdo. A veces los buscaba palabra por palabra, entre las horas lentas de un día aburrido, entre los largos minutos de espera que van de una sorpresa a otra, entre los ágiles segundos que se escapan mientras respiramos.
Este es un libro que te va a acompañar por muchos años porque lo hizo un poeta; una persona como cualquier otra, que antes, muchos años antes, era como cualquier otro niño, como cualquier otra niña. Con colores y sonidos en las manos para cantar las cosas que a todos nos gusta escuchar.


