
Guillermo Ochoa-Montalvo
Querida Ana Karen.
Fermín llegó a una editorial prestigiada de la CDMX después de ser rechazada su obra en cuatro editoriales donde ni siquiera le dieron la oportunidad de exponer el resumen de una página. Las editorialesulo rechazaron la por considerarlo un autor sin mayor trayectoria.
En su último intento decidió entrar a la casona de una prestigiada editorial, de menor rango que las anteriores, pero, al fin y al cabo, reconocida en el mercado mundial.
—Buenas tardes, ¿en qué puedo servirle joven?, le preguntó una gentil y sonriente señorita mientras separaba los libros de los manuscritos amontonados sobre su escritorio de caoba.
—Deseo… quiero… tengo la intención de ver publicado mi libro en esta Casa Editorial. Quisiera, sea tan amable de informarme lo que debo hacer.
—Muy bien, tome asiento y charlemos.
En cinco minutos la chica supo que Fermín escribe desde los 14 años poemas, cuentos y novelas con la esperanza de ver su obra en todas las librerías del mundo. Supo que no ha ganado ningún premio como tampoco cuenta con reconocimientos, aunque fuesen escolares. Se enteró que recientemente, ingreso ala Facultad de Filosofía y Letras decidido a convertirse en un escritor de fama internacional.
—Lo menos que deseo es desalentarlo. Pero necesita saber, que, de aprobarse su obra, deberá aceptar la comisión del 30 al 40 por ciento sobre las regalías de la venta de sus libros, le dijo la chica ojiazul señalándole una larga lista de espera. —Estas son las obras que debo revisar para recomendarlos al Consejo Editorial. Y créame, rechazo el 80% de los proyectos. Para ello, usted debe pagar una cantidad que ya le especificaré. De ser aceptada su obra, se le devolverá este dinero, de lo contrario, se aplicará como pago de revisión y aprobación; ¿está de acuerdo?
—Si, pero la comisión por regalías del 30 al 40 por ciento, me parece una exageración.
—Le explicaré, le respondió la güera de falda gris, sacó azul y blusa blanca con bordados finos. —Mire, cualquier editora le cobrará eso o más por ser un escritor nuevo y desconocido. A los grandes escritores se les retiene entre el 5 al 10 por ciento porque garantizan grandes ventas.
—Pero ustedes cobran por hacer nada. ¡Nos explotan!…
—Comprendo que no conozca esta industria. Le explicaré, le respondió con mucha paciencia la güera de zapatos Dior de color azul.
—A ver, explíqueme, —respondió Fermín notoriamente alterado.
—De aceptarse su obra, este porcentaje cubre mi revisión; la aprobación del Consejo Editorial. Así mismo, la intervención del área jurídica para fines del contrato, el registro de propiedad intelectual y el trámite de ISBN, entre otras cuestiones. También cubre las gestiones del área financiera quien le otorgará un anticipo y le dará seguimiento a impuestos y pago de regalías conforme al contrato.
—Eso me suena a burocracia; además, ¿cuáles impuestos? El gobierno no cobra impuestos a libros.
—Pero si cobra el IVA a los insumos empleados en la producción de un libro; y lamentablemente, no todos son deducibles para una taza del 34% que en México es una de las más altas del mundo, –le respondió la güerita con una sonrisa mustia y a punto de la desesperación.
—Pero la cultura debería ser gratuita…
— En México muchas cosas deberían ser de otra manera, pero esta es nuestra realidad. Además, la editorial incurre en otros gastos.
—¿Cómo cuáles?, —preguntó Fermín con insolencia.
—Son muchos e innumerables, pero le mencionaré los principales como los registros; la corrección de estilo; la maquetación del libro; el pago del prólogo por parte de alguna celebridad que le añada valor a su libro; el diseño de portada y solapas: en su caso el dibujo, pintura o fotografía profesional de la portada, la impresión del libro, encuadernación y empaquetados.
Fermín interrumpió nuevamente, —¿y eso es tan costoso?…
—Si jovencito. Pero lo más importante y costoso es la difusión de la obra a través de giras nacionales e internacionales para su presentación por parte de grandes personajes en importantes librerías, museos y otros sitios similares. Se gasta en las giras de prensa, radio y televisión con entrevistas, reseñas y comentarios a favor de la obra. También se gasta en la publicidad y la propaganda con estrategias profesionales de marketing. En esecial y sobre todo, lo más importante es garantizar la colocación de su libro en todas las librerías para su venta. Todo eso cuesta un dineral y genera enormes impuestos. Y si su obra fracasa, todos perdemos. ¿Comprende?, — le dijo la joven ejecutiva a punto de explotar.
—Pues lo pensaré. —respondió arrogantemente Fermín quitándose el saco y aflojándose la corbata.
Ya fuera de quicio Isabel, la bella güerita de rostro transformado en energúmeno, le dijo tajante en tono sarcástico
—Le recomiendo que imprima su libro de forma independiente y venda miles y miles de ejemplares por su cuenta; o bien, acuda a cualquiera de esas editoriales independientes que pululan por todas partes; o suba su PDF a Amazon y espere años a obtener las ganancias millonarias que espera.
—Pues ustedes hacen lo mismo, venden libros en línea y cierran sus librerías.
—Dos cosas le diré. Primera. Si su obra logra vender 10 mil ejemplares con nosotros, a un precio de $350 el libro, representan ventas por 3 millones y medio de pesos. Nosotros nos quedamos con 1 millón 50 mil pesos y usted con 2 millones 450. Después de gastos e impuestos, nuestra ganancia es de $210 mil pesos.
¿Entiende?
— Pero si yo vendo por mi lado como indpendiete los 10 mil ejemplares, me quedo con todo.
Los ojos azules de la rubia se transformaban en un rojo encendido de tanta desesperación. Y antes de despedirlo, le dijo: —Pues, ¡suerte con eso!, invierta un millón de pesos y venda sus diez mil ejemplares.
¡Adiós!, y no vuelva, por favor.
—¡Oiga!, usted me dijo que me diría dos cosas y fue una sola.
— Cierto. Las librerías están cerrando porque cada día se adquieren más libros en PDF que en papel. Y la verdad, las librerías se ahorran enormes cantidades en adquisición de libros, personal, impresos, inmuebles y mil etcéteras. Por ese motivo verá cómo cada día, se cierran más y más librerías y sobre todo, en un país donde solamente se lee un libro al año.
Fermín salió sin saber qué hacer; su obra realmente garantizaría un gran éxito; pero nunca entendió la explicación de la güerita, y tampoco tenía capital para invertir en la producción de sus libros de forma independiente. Al salir, azotó la puerta echándole la culpa a las empresas privadas; pero en realidad, el gobierno no apoya la producción de libros como en otros países; encima de eso, los que patrocina son de recomendados o bien, porque representan conveniencias políticas.
Si el gobierno no cobrara una taza del ISR podrían abaratarse los libros y ofrecerlos al gran público a bajo precio como sucedía antes como una cuestión de amor a la cultura.


