1. Home
  2. Columnas
  3. Sheinbaum y Morena, fortaleza frente a la tormenta / Sumidero

Sheinbaum y Morena, fortaleza frente a la tormenta / Sumidero

Sheinbaum y Morena, fortaleza frente a la tormenta / Sumidero
0

Edgar Hernández Ramírez

Las encuestas no sólo miden popularidad, también registran el estado de ánimo de una sociedad frente a la disputa por el poder. Y los datos recientes incluidos en las mediciones de QM Estudios de Opinión-Heraldo Media Group y Buendía & Márquez para el periódico “El Universal” revelan algo políticamente significativo: ni la ofensiva externa proveniente de Estados Unidos, ni los casos internos que han golpeado al oficialismo, ni las campañas de desgaste de las últimas semanas han logrado fracturar la base de apoyo de Claudia Sheinbaum ni de Morena.

La presidenta mantiene una aprobación de 70 por ciento. Siete de cada diez mexicanos dicen estar de acuerdo con el trabajo realizado hasta ahora por su gobierno, frente a 23 por ciento que expresa desacuerdo. El dato importa no sólo por su magnitud, sino por el momento en que aparece: en medio de presiones provenientes del extranjero, señalamientos contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros funcionarios, así como en un ambiente de confrontación diplomática y mediática con Estados Unidos.

Una aprobación presidencial de 70 por ciento en tiempos de calma puede ser leída como respaldo ordinario, pero en medio de acusaciones de narcotráfico, tensión diplomática, campañas opositoras y ofensivas de la derecha internacional tiene otro significado; habla de una mayoría que no ha comprado mecánicamente el relato de crisis terminal que se intenta construir contra el gobierno.

La oposición ha querido instalar la idea de que cada caso polémico equivale a una erosión automática del proyecto gobernante. Sin embargo, las encuestas muestran otra cosa: existe un colchón social robusto que separa los escándalos coyunturales de la valoración estructural del gobierno. Dicho de otro modo, una parte mayoritaria de la sociedad puede observar problemas, cuestionamientos y conflictos, pero no necesariamente concluye que la alternativa sea regresar al régimen que gobernó antes de 2018.

Ese es el dato que más debería preocupar a los adversarios de la 4T. La fortaleza de Sheinbaum no descansa únicamente en su imagen personal, sino en una arquitectura política más profunda: programas sociales convertidos en derechos, aumento al salario mínimo, continuidad con el obradorismo, expansión educativa, discurso soberanista y una identificación popular con la idea de que el gobierno actual gobierna para sectores históricamente relegados. La presidenta no flota sola sobre las encuestas; está sostenida por una coalición social que reconoce beneficios concretos y un sentido de pertenencia política.

La medición sobre Morena confirma esa misma tendencia. Si hoy fueran las elecciones para la Cámara de Diputados, 39 por ciento votaría por Morena. Muy lejos aparecen PAN, PRI y Movimiento Ciudadano, con 11, 10 y 9 por ciento respectivamente. El PVEM alcanza 6 por ciento y el PT 3 por ciento, mientras 22 por ciento no declara preferencia. Morena no sólo lidera, también amplía su ventaja respecto a febrero, cuando registraba 34 por ciento. En pocos meses recuperó cinco puntos.

La recuperación es relevante porque ocurre después de episodios que, en teoría, pudieron haber golpeado al partido gobernante. La encuesta se levantó del 15 al 21 de mayo, dos semanas después de la solicitud de detención del gobernador con licencia Rubén Rocha Moya por parte de Estados Unidos. Sin embargo, el caso no produjo el efecto adverso esperado contra Morena. El partido no se desplomó; por el contrario, recuperó terreno.

Esto no significa que Morena sea invulnerable. El propio estudio advierte que no puede descartarse que el caso Rocha haya impedido una recuperación todavía mayor, especialmente si se compara con los niveles previos al asesinato de Carlos Manzo, cuando el partido perdió diez puntos en intención de voto. Pero la señal central es otra: los golpes existen, desgastan, incomodan, obligan a dar explicaciones; sin embargo, no han sido suficientes para alterar la correlación nacional de fuerzas.

La razón está en la debilidad estructural de la oposición. Morena se sostiene no sólo por méritos propios, sino también por la incapacidad de sus adversarios para constituirse en alternativa creíble. PAN, PRI y MC se mueven alrededor de una franja de 10 por ciento cada uno.Ninguno logra despegar ni se apropia con claridad del malestar. Ninguno capitaliza de manera contundente los temas más sensibles de la agenda pública.

La inseguridad aparece como el principal problema a resolver, con 40 por ciento; le siguen la corrupción en el gobierno, con 34 por ciento, y la economía, con 25 por ciento. En cualquier democracia competitiva, esos datos serían una ventana enorme para la oposición. Pero aquí aparece la paradoja: aun en temas potencialmente vulnerables para el gobierno, Morena conserva ventaja sobre sus adversarios. El 51 por ciento lo ve como el partido que haría mejor trabajo para lograr crecimiento económico; 57 por ciento para reducir la brecha entre ricos y pobres; 43 por ciento para combatir el narcotráfico; y 47 por ciento para combatir la corrupción.

Ese hallazgo es crucial. La oposición grita crisis, pero no logra convertirse en respuesta. Denuncia inseguridad, pero no convence como fuerza capaz de resolverla. Señala corrupción, pero carga con una memoria pública que la persigue. Habla de economía, pero sigue asociada al periodo de bajos salarios, privatizaciones y privilegios. Por eso sus ataques pueden erosionar parcialmente al oficialismo, pero no necesariamente trasladan confianza hacia ellos.

Morena, además, conserva una imagen partidista ampliamente favorable. Es el único partido con un balance claramente positivo: 13 por ciento tiene una opinión muy buena y 48 por ciento buena, frente a 16 por ciento mala y 8 por ciento muy mala, para un saldo positivo de 37 puntos. En contraste, PAN registra saldo negativo de 30 puntos y PRI de 42. La marca Morena mantiene vitalidad; las marcas tradicionales siguen pagando el costo histórico de su desgaste.

En el fondo, las encuestas revelan una mayoría resistente. No una mayoría ingenua ni acrítica, sino una mayoría que aún distingue entre los problemas reales del gobierno y el proyecto político que representa. Puede haber preocupación por la inseguridad, molestia ante casos polémicos y exigencia de resultados; pero eso no se ha traducido en ruptura con Sheinbaum ni en regreso emocional hacia los partidos del viejo régimen.

La coyuntura es hostil. Estados Unidos presiona, la derecha internacional provoca, la oposición interna amplifica cada fisura. Los casos incómodos existen y no deben minimizarse, pero la fotografía demoscópica muestra que el oficialismo conserva la iniciativa política. Sheinbaum mantiene legitimidad, Morena recupera terreno y la oposición sigue atrapada entre su deseo de restauración y su incapacidad para reconstruir confianza.

La lección es clara: la 4T puede ser vulnerable a errores, contradicciones y escándalos, pero todavía no ha perdido su conexión mayoritaria con la sociedad. Esa conexión es hoy su principal blindaje. Frente al ruido de la ofensiva, las encuestas muestran una realidad más profunda: el país no parece dispuesto, al menos por ahora, a entregarle otra vez el timón a quienes ya lo condujeron durante décadas.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *