
Sr. López
Toda la familia paterno-autleca, estaba al tanto de que tía Tina (Martina), que de vieja seguía guapa, cuando joven y de madurita, le dio vuelo a la hilacha. Y así, ni a quien se le ocurriera faltarle al respeto. Ya fallecida la tía, este imprudente menda preguntó a la abuela Elena por qué tanto respeto si había sido “tremenda”, y dijo: -Usted (si hablaba de ‘usted’, la cosa era seria), no se meta en vidas ajenas y pídale a Dios que no se sepan las que se va a comer cuando crezca -¡cuánta razón!
Profesando o no la religión católica, es de universal aceptación que merece respeto y que sus líderes, los papas, también.
No siempre fue así. Su historia es muy larga, no menos de 1,701 años (según los que andan de fijados con lo del Concilio de Nicea del año 325 d.C.), o 2,026 años, según la propia Iglesia que se hace la disimulada con la metida de pata de Dionisio el Exiguo, el sabio monje al que se encargóen el siglo VI, determinar la fecha de nacimiento de Jesús y se equivocó cuando menos cuatro años (hay quien dice que siete; trepidante tema para mejor ocasión… ni a quien le importe).
Tan lejos como hace más mil años, fue la Edad Oscura de la Iglesia, cuando la nobleza romana mangoneaba a los papas. Hace mucho. Luego de algunos achuchones como el traslado del papado a Aviñón, Francia, chistecito de Felipe el Hermoso en 1309 (hasta 1377), y de no tan pocos papas muy de su época que ahora serían considerados unos gandallas, a partir del Concilio de Trento -la Contrarreforma, de 1545-, el papado recuperó (o consiguió, según lo vea cada quien), el incontestable prestigio de que goza a la fecha (la Inquisiciónfue del año 1184… y fuera de España no fue de temer, nomás piense que los criminales se inculpaban de herejía para ser juzgados por la Inquisición, mucho más benigna que los tribunales civiles de esos ayeres). Como sea, son casi cinco siglos de ser respetables y respetados, se dice fácil.
Desde entonces a la fecha ha habido unos 71 papas, todos muy presentables y algunos, santos, lo que no impidió que ciertos personajes les dieran la lata.
Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, muy católico él, se puso trompudo con el papa Clemente VII que andaba de amiguito de Francia, y en 1527 (el 6 de mayo por si es usted el preciso), haciendo como que no controlaba a sus tropas, se solazó viendo que devastabanRoma (‘il sacco di Roma’), y el Papa se tuvo que refugiar en Sant’Angelo (un castillo); más que una derrota militar fue una grandísima humillación; así se llevaban.
Luego, en 1798, los ejércitos de la Revolución Francesa, comandados por Napoleón Bonaparte, que era lo que era, un delincuente internacional, invadieron Roma y se llevaron preso a Francia al papa Pío VI (de 80 años), que del berrinche se murió al año y medio. Después, el mismo Napo,en 1809 invadió Roma (los Estados Pontificios), y volvió a llevarse preso al papa, Pío VII, a Francia, cinco años.
Luego, el que unificó Italia (por eso le dicen ‘Padre della Patria’), Víctor Manuel II (no confundir con su nieto, Víctor Manuel III, que fue un reverendo baboso), para instalar la capital en Roma, la invadió en 1870 y le birló al papadotodos sus territorios y la ciudad en que habían presidido mil añitos, Pío IX se declaró “cautivo en Roma”. ¡Uy, qué miedo!, ha de haber dicho el Manolito.
Después de eso, ningún jefe de Estado ha faltado al respeto a ningún Papa y no por falta de ganas, sino porque todo tiene límites y solo siendo muy bruto, nadie se pone a despotricar contra una institución de esa antigüedad y con al menoscinco siglos de ser respetable y respetada… 500 años, se dice fácil.
Ya en el siglo XX, con el surgimiento del socialismo-comunista y del nazismo, la iglesia católica le entró al toro y condenó las dos ideologías.
Al socialismo-comunista, le tocaron cuatro coscorrones muy serios. Pío IX en 1846, lo condenó en su encíclica ‘Qui Pluribus (‘Entre muchos’ o algo así), y León XIII en 1878 lo calificó de “mortal pestilencia” en su encíclica ‘Por nuestro ministerio apostólico (‘Quod Apostolici Muneris’); ya consumada la Revolución Comunista en Rusia, el Papa Pío XI, le dedicó en 1937, su encíclica, ‘Divini Redemptoris’ (‘Divino Redentor’), diciendo lo que nadie había dicho: es una ideología intrínsecamente perversa, que promueve la lucha de clases (división, polarización), y busca la destrucción de la propiedad privada y de la familia… por si le suena conocido. Pero, no quedó ahí la cosa, en 1949, con esa URSS triunfante y muy poderosa, el papa Pío XII, decretó la excomunión a los que apoyaran esa ideología.
A los nazis, en 1937, el papa Pío XI, les recetó su encíclica ‘Mit brennender Sorge’ (‘Con ardiente preocupación’),escrita en alemán, en la que condenó al nazismo y para que amarrara la cosa, ordenó que fuera leída en todos los templos de Alemania; nada de que “no sabíamos”.
Y ni así, ni Hitler, ni Stalin, ni ningún jerarca de la entonces URSS, que detestaban a la iglesia católica, al cristianismo en general y a los papas en particular, declararon públicamente nada contra el papado. No hay borracho que coma lumbre. Organizaron campañas de propaganda y descrédito, eso sí, pero a la chita callando y sin resultados. Ya luego llegó Gorbachov y se arreglaron las cosas en la todavía URSS yantes, el pérfido Hitler se pegó un tiro y se arreglaron las cosas en Alemania.
Esto no es una defensa a esa religión, sería este junta palabras el menos adecuado para tal cosa.
Esto es para calibrar al gañán del tal Trump que se le quiso ir encima al actual papa León XIV y aparte dijo que es por él, que fue elegido Papa. ¡Dioses!
Y también, para que no quede en el olvido: el barbaján Trump puso en su red social, una imagen hecha con inteligencia artificial en la que aparece él (¡él!), como Jesucristo. Luego la borró porque se alebrestó la gente de su país, que son cristianos.
No se les pase contarle a la presidenta Sheinbaum: va a tratar con un loco, otro, porque ya trata con otro de camisa de fuerza.


