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A la buena y a la mala / La Feria

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Sr. López

 

La abuela Elena contaba que un tío suyo, Cacho (Nicasio), fue alcalde de Autlán allá a principios del siglo pasado; tipo bravo de pistola al cinto, liberal y comecuras, pero amigo del párroco quién, jugando dominó en la cantina, le pidió que el municipio arreglara el tejado de la iglesia y de pasada, se la pintara. El tío lo mandó a volar y le ahorcó la mula de seises. Era tiempo de aguas. El siguiente domingo la gente estuvo en misa con los paraguas abiertos y en el sermón, el cura, colérico, pidió a todos rezar para que se ablandara el corazón del alcalde y arreglara la casa de Dios porque si no, el próximo domingo, iba soltar unas cuantas verdades: -No me hagas pasar vergüenzas –le advirtió tía Cata, su esposa; él la miró mudo, mordiéndose los bigotes. El siguiente domingo, con el templo lleno a reventar, llegó tío Cacho seguido por doña Toña, conocida propietaria del centro de esparcimiento masculino del lugar, atendido por sus pupilas, que iban en fila tras ella, seriecitas y con velo. Él con un gesto, desalojó la primera banca, justo frente al púlpito, ahí las sentó y se fue a parar hasta atrás. Bueno… el cura predicó rebonito y al final, agradeció la presencia del alcalde, que le contestó con su vozarrón que casi apagó las velas del altar: -¡De nada y tu iglesia la arreglas tú! –y así fue, decía la abuela muy sonriente, claro que sí.

 

Erika Guevara-Rosas es Directora para las Américas de Amnistía Internacional. El martes 26 de este horrible septiembre, publicó:

 

“Dos años después, Peña Nieto no puede lavar la mancha de Ayotzinapa (…) Esta semana se cumplirán dos años de la desaparición forzada de 43 estudiantes de una escuela normal rural del sur de México tras un brutal encuentro con las fuerzas de seguridad (…) mancha tal para el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto que es ya sinónimo del temerario enfoque de las autoridades mexicanas a los derechos humanos en el país (…) Las historias de los 43 estudiantes de Ayotzinapa son un recordatorio de los más de 28.000 hombres, mujeres, niños y niñas que han desaparecido en todo México en el último decenio, la mayoría de ellos desde que tomó posesión de su cargo Peña Nieto en 2012 (…)” Y sigue, y sigue y sigue.

 

O sea: nadie sabemos nada del tema. Ellos sí. Para eso son Amnistía Internacional.

 

Nadie en sus cabales justifica de ninguna manera el asesinato de 43 personas, bajo ninguna circunstancia. Pero insinuar que la autoridad federal está encubriendo algo, es una falsedad. Afirmar que la mayoría de los desaparecidos en este país corresponden al periodo del gobierno actual, también. No mencionar que los culpables directos de lo de Ayotzinapa están en la cárcel, es mala fe. No aceptar los dictámenes de laboratorios extranjeros, también. No decir que los estudiantes iban a robar, es encubrimiento. Insiste López: nada justifica estos atroces hechos, pero la verdad es la verdad y esa incluye que no ha sido presentado ante la ley ni uno solo de los que azuzan a los jóvenes de esa escuela a cometer tropelías.

 

Amnistía Internacional se define como “movimiento mundial integrado por personas cuyo objetivo es contribuir a que se respeten los derechos humanos (…) independiente de todo gobierno, ideología política o credo religioso”. Y declara “más de 3 millones de activistas, miembros y simpatizantes en más de 150 países”. En 1977 AI recibió el Premio Nobel de la Paz por su campaña contra la tortura y en 1978 el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En 1998 recibió la primera edición del Premio Internacional Jaime Brunet de la Universidad Pública de Navarra a la promoción de los Derechos Humanos. Bien.

 

De su prestigio depende su credibilidad, pero​ cada vez merece menos credibilidad. Su agenda es sesgada. Su financiamiento opaco. La elección de sus directivos, también.

 

Los recursos económicos que recibe se encubren con organizaciones paralelas como la Amnesty International Limited, en cuyos informes se consigna el financiamiento de la Open Society de George Soros y la Comisión Europea (Banco Central Europeo y FMI), y  en sus propios informes se encuentra que de 2008 a 2011 recibió más de 3 millones de euros del Departamento de Desarrollo Internacional del Gobierno del Reino Unido.

 

El profesor de derecho en la Universidad de Illinois, Francis A. Boyle, fue miembro de la dirección de Amnistía Internacional-Estados Unidos y fundador del grupo de coordinación de esta en el Medio Oriente (fines de los 80, principios de los 90), declaró en entrevista con Dennis Bernstein (revista Covert Action Quarterly; 2009-08-05): “A Amnistía Internacional no la motivan los derechos humanos, sino primero, la publicidad; en segundo lugar, el dinero; en  tercero, la obtención de más miembros; en cuarto, las luchas internas y los derechos humanos”. Y denunció que la Guerra del Golfo (1990-1991), empezó por el Informe falso de Amnistía Internacional según el cual 312 bebés kuwaitíes fueron asesinados al ser arrojados de sus incubadoras por las tropas iraquíes”, acusación que inclinó la balanza del senado de los EUA a favor de la guerra.

 

Las denuncias en 2011 de Amnistía Internacional (y de Human Rights Watch), sobre las atrocidades cometidas por el gobierno Libio, fueron desmentidas por el gobierno de Rusia, por el secretario de Defensa de los EUA, Robert Gates, por almirante de la Junta de Jefes de Personal de la armada de los EUA y por testigos presenciales.

 

Hay muchos más ejemplos. No hay espacio para más, pero sí para mencionar que Amnistía Internacional repetidamente se rehúsa a intervenir en casos en los que haya acusación o condena por delitos, de la presunta víctima de abusos a sus derechos humanos… lo que parece que no aplica a las 43 personas asesinadas, sin justificación por supuesto, pero claramente involucradas en delitos penales, como el robo de autobuses o el incendio de una gasolinera que costó una vida.

 

Nuestro gobierno calla y aguanta: se metieron al juego del imperio y ese se impone a la buena y a la mala.

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