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Se aguanta / La Feria

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Sr. López

Sin tío Armando no había fiesta que fuera realmente fiesta. Era inteligente y rápido de pensamiento, naturalmente simpático y muy ocurrente, siempre alegre, tocaba la guitarra y el piano, contaba chistes, organizaba juegos y le daba lo mismo una fiesta de niños que el cumpleaños de tía Rosita (que celebró 117). Aparte, era lo que los señores del México machista del pricámbrico clásico, llamaban “bien parecido”, porque era guapo de quitarle la vocación a Santa Teresa de Ávila… peeero, un defecto tenía, uno solo: era el hombre más necio del planeta (desde el “australopithecus afarensis” -hace 3.9 millones de años-, a la fecha). Si él decía que algo era de tal o cual modo, no había remedio: le daba usted la razón o aquello daba para un debate estilo Amozoc. Para que se dé una idea: una vez su cuñado Víctor, le dijo que había escrito mal una palabra y después de alegar largo rato, alguien fue por el  diccionario, se lo plantó en las narices y ante la evidencia, exclamó muy airado tío Armando:- ¡Pues está mal el diccionario! –enmudeció el palenque.

Los políticos suelen estar rodeados de aplaudidores, agachones y similares (por conveniencia, no se crea que por admiración, que buena raja sacan de andar cerca de los que reparten). Los políticos de medio pelo -que son mayoría-, a lo largo de los años, acaban creyendo que son infalibles (y les molesta mucho que alguien no les dé la razón en lo que sea: historia, deportes, religión, modas, toros, el Melate… y política, por supuesto). Los políticos seriecitos, son más prudentes y hasta escuchan a los demás, no para darles la razón sino (y ya es ganancia), para decir que no comparten la opinión contraria (no es poco). Sin embargo, entre hombres de estado (no en estado), es muy refrescante escucharlos aceptar sin penas ni sonrojos: -Me equivoqué… cometí un error… tiene usted razón –y ya en confianza, lo dicen de maneras que el buen gusto impide a este López teclear (relacionadas con la expulsión abundante de desechos sólidos por el extremo inferior del sistema digestivo).

Si el Pejehová, ahora, después de la inverosímil (imposible de creer), e inaudita (no oída), metida de pata de que va a consultar con el pueblo si otorga o no una amnistía general a la delincuencia organizada, porque al país le urge la paz, después de escuchar las críticas que en catarata ha recibido esa ocurrencia suya, saliera a decir: -Me equivoqué; tienen razón los que se oponen a mi sugerencia, retiro lo dicho: primero y ante todo, la ley… -se aquietan las aguas, se asienta el polvo, le cierra la boca a todos.

Encima, hubiera dejado la impresión de ser una persona que reconoce cuando se equivoca, capaz de rectificar, que dará siempre su lugar a la ley y los otros poderes (porque el Presidente de la república NO tiene facultades para otorgar amnistías, solo las promulga cuando el Congreso emite la ley correspondiente y para cada caso: en nuestra historia solo cinco veces). Y conste en actas que no se armó escandalera por la amnistía anticipada que según él y sin consultar al pueblo bueno, ya otorgó en agosto de 2016, a la mafia del poder, como él define a todos sus opositores (que por eso están mal, claro que sí), “amnistía” también ilegal pero más grave, porque sin la colusión de autoridades corrompidas hasta el tuétano, no es posible la existencia de la delincuencia que padece el país.

La palabra “mesías” puede o no ser ofensiva, según la acepción que se use, que va desde “persona en quien se confía ciegamente y a quien se espera como libertadora o redentora” (que puede uno suponer no le incomode al López Obrador, Pejehová de todos nosotros), pasando por el significado que tiene en el judaísmo y el cristianismo, hasta la que le acomoda al Pejecutivo Legítimo (no olvidar que “tomó posesión” de la presidencia en el Zócalo el 20 de noviembre de 2006, por votación a mano alzada de sus fieles): “Sujeto real o imaginario en cuyo advenimiento hay puesta confianza inmotivada o desmedida” (tercera acepción del diccionario de la Real Academia Española).

El Pejesús (porque dice que a él le pasa lo mismito que le pasó a Jesucristo), es un sujeto real, sí, pero increíble.

Ahora (ayer), se les echó encima a los titulares de la Defensa Nacional y la Marina Armada de México, quienes rechazaron la pretendida amnistía que está estudiando don Pejentecato a favor de los narcos. Les dijo con esa su voz que emite luz: -“No creo, general Cienfuegos, señor almirante de la Secretaría de Marina, que sea correcto pensar resolver un problema como el de la inseguridad y la violencia con la consigna de ojo por ojo, diente por diente” (estamos bíblicos). Antes afirmó que a esos señores los mandó Peña Nieto a “hacer política… les ordenaron lanzarse en nuestra contra”.

Uno de los problemas que causa la estulticia es la imposibilidad de que el tonto se sepa tonto (empezaría a dejar de serlo). Por eso el tonto es necio… y el agravante de Andrés Manuel López Obrador es que no es tonto (ni un pelo de ello tiene), sino igualado, irrespetuoso, insolente.

Al general de División Salvador Cienfuegos Zepeda, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional de México, y al almirante Vidal Francisco Soberón Sanz, secretario de Marina Armada de México, ambos cargados de reconocimientos y miembros de la Legión de Honor, a ninguno de estos dos señores se les puede decir que los mandaron a hacer política. No hacen política nuestros militares y en el particular caso de estos dos, eso es indudable. Nadie los agarra de mandaderos y pantalones les sobran para decir NO al Presidente de la república si les pidiera semejante imbecilidad. Ellos están sujetos a obediencia al Presidente, su Comandante Supremo, en su materia, como manda la Constitución, en nada más.

Que el Pejehereje no se meta con algo que casi sin excepción sí respeta el pueblo de México. Este pillo (y pillo no es ladrón sino “pícaro y hábil para engañar a los demás”), o está jugando a perder o de plano ya perdió el juicio.

El que se lleva se aguanta.

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