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¡Ya se la saben! / La Feria

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Sr. López 

Tía Elisa (tía abuela, de las de Autlán), se casó con un señor español, Amílcar de nombre, que llegó a Veracruz huyendo de Franco y a Jalisco, de un embarazo ajeno (según él). En la familia todos lo estimaban y nadie se lo tomaba muy en serio pero a este menda siempre le pareció fascinante. Vivía sin muchos ahogos de diseñar telas que es exactamente eso: diseñar telas, hacer dibujitos con lápices de colores, para que las hilaran en la fábrica en que siempre trabajó, y créame que se requiere de mucha imaginación para hacerlo diario, de lunes a sábado, durante 43 años (si hubiera sido literato hubiera escrito “Mil Años de Soledad” y “Las 10 mil y una noches” o “Alí Babá y los 40 mil ladrones”). Aparte, era inventor y eso era lo fascinante. 

En el garaje de su casa tenía su estudio-taller (nunca tuvo coche), ahí, este López desde su más tierna infancia, enfrentó el absurdo, pero lo escuchaba seriecito y acabó siendo su sobrino consentido. Sabía de todo, poco, pero sabía, y su cerebro era una máquina desbocada, mire si no, algunas de sus invenciones: 

El ajedrez con el nombre de cada pieza en braille, para ciegos; el papel higiénico literario (con novelas ilustradas, para fomentar la lectura e incrementar el consumo); el lápiz caramelo (para que los niños hicieran la tarea felices); la casa anti-sísmica (muros de hule macizo); ropa interior desechable (nada de andar lavando calzones: se tiran al W.C. y se le jala; higiénico y práctico); la persiana adhesiva (que entornada, permitía el paso del aire, al tiempo que atrapaba moscas y mosquitos); la butaca-urinario (para teatros, cines y estadios); y un perfume repelente (que cambiaba de aroma a fétido hedor, si subía la temperatura corporal o al contacto del sudor o la saliva… este se le ocurrió cuando su hija Libertad salió con su domingo siete). 

También era teórico. Escribió un tratado de “Teología del ateísmo”; un ensayo sobre “La influencia de los calcetines en la historia” (probando con datos duros la relación entre la generalización de su uso y las peores guerras y horrores); un “Curso de violín por correspondencia” (muy ingenioso); otro de “Proctología para principiantes” (estremecedor); otro más de “Aeronáutica básica para emergencias en vuelo”; el de “Principios de Zootecnia para el cuidado del bebé”; y una “Guía práctica para la generación doméstica de energía nuclear”. Era un tipazo. 

Con tal entrenamiento, a su texto servidor está difícil que algo lo sorprenda o le parezca inverosímil, absurdo, idiota, ni le derrame la bilis… aunque… a veces… bueno, es que todo tiene límite. Mire usted: 

Ayer la Jefa de Gobierno (es un decir), de la CdMx, La Corcholata Sheinbaum, informó que dados los “incidentes fuera de lo normal” sucedidos últimamente en el Metro, 6,060 elementos de la Guardia Nacional lo vigilarán. ¡Vaya!, son más elementos de los que están destacados en 29 estados de la república, casi el doble de los que están en Sinaloa. 

Y son aparte de los 5 mil policías que ya estaban ahí. Así de importante es el Metro o así de equivocada es la decisión. De ese tamaño es el interés del Presidente en que Ladymuertos sea candidata a la presidencia. 

Con ese criterio también se pueden mandar elementos de la Guardia Nacional a apoyar al Departamento de Bomberos para impedir incendios, a Correos Nacionales para que las cartas lleguen rapidito y buena falta hace la Guardia Nacional paseando por los edificios del SAT para que nadie evada impuestos. 

En el Metro de la capital del país, en lo que va del año han sucedido 11 accidentes (los llama incidentes la autoridad para atenuar la verdad), uno, el del 7 de enero, costó la vida a una joven de 18 años y dejó más de cien heridos. Los elementos de la Guardia Nacional con su andar pausado por los andenes, sin duda hubieran hecho funcionar los semáforos en los túneles y hubieran impedido el choque de trenes, así de poderosa es la energía que despiden. 

No se explica uno que no hayan tomado antes esta medida preventivo-correctiva, pues tampoco se hubiera desplomado la Línea 12 la noche del lunes 3 de mayo de 2021, ni hubieran muerto 26 personas (para ni mencionar a los más de 80 heridos)… imagínese a la trabe sacando fuerza de flaqueza, inspirada por la gallarda presencia de guardias nacionales garbosos en posición de firmes, en las estaciones del Metro. ¡Así se forjó el acero! (¡Idea!, exclamaría tío Amílcar: revivir la tracción animal: con mulas o bueyes jalando los trenes del Metro los choques son físicamente imposibles… ahí para que le pasen el dato a Ladycorcholata o a su querido Jechu, el huésped de Palacio). 

Si los gallardos guardias nacionales tienen esos súper poderes, no se entiende que no estén destacados en las bodegas de medicamentos del sector salud, impidiendo el desabasto; o en los muelles por donde entran los químicos indispensables para fabricar fentanilo. De veras, sacan de quicio a un lama tibetano consumidor de hierbita vaciladora. 

El Presidente explicó en su madrugadora de ayer, esta medida militar-ferroviaria: “Lo que más nos interesa y estamos obligados a hacerlo -sic- es garantizar la seguridad. Lo que queremos es que no haya psicosis, que encima de todos los problemas cotidianos, tengan que preocuparse de algún accidente en el Metro y que este sea provocado, no. Vamos a tener vigilancia y si a eso le llaman militarización, o como le llamen, asumimos la responsabilidad. Vale más prevenir que lamentar. Vamos a cuidar al pueblo en el Metro”. 

¿Provocado dijo?, sí, provocado. O sea, sabotaje. ¡Válganos Dios! De ser cierto, amerita la intervención de la Fiscalía y una averiguación de la mejor policía del país, la de la CdMx, como la califica doña Claudita, pero poner de adorno guardias nacionales en los accesos y andenes del Metro NO arregla nada, ni cuida “al pueblo en el Metro”. 

Mejor harían en trepar un Guardia Nacional en cada ‘combi’ de la capital nacional, con el arma desenfundada y ya veríamos el descenso a cero de los malandrines que gritan: -¡Ya se la saben!

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