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Sobre la incongruencia literaria

Sobre la incongruencia literaria
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Carlos Álvarez

Nadie puede adoptar una visión negligente sobre la vida estando consciente de los benévolos efectos de la virtud, y nadie adherirse a una visión amplia y tranquila sobre la miseria humana sin antes considerar que nuestra observación prescinde de las advertencias más relevantes de los sabios; la incongruencia no habita precisamente en nuestras inclinaciones más racionales, y al contrario los malesocasionados por ella nos dan a entender que debemos ser más tolerantes con sus efectos por ser algo inestimable y general.

Darío escribió “Los raros” sobre Bloy que “Decir la verdad es siempre peligroso, y gritarla de modo tremendo como este inaudito campeón es condenarse al sacrificio voluntario.” Me resulta extrañísimo para alguien que fue defensor del hecho de que la razón más cercana a la verdad fuera la imposibilidad de declararla, habiendo dicho:

“contra las certezas, contra las conciencias 

y contra las leyes y contra las ciencias, 

contra la mentira, contra la verdad…”

Sterne declaró en su Tristam Shandy que ninguna industria debía ser discernida con el fin de evitar objeciones, y que al contrario debíamos hacernos la idea de sacar el mejor de los partidos de nuestros errores. En un sermón titulado “The Abuses of Conscience”, que no puede haber error más grande para el propósito de esquivar el mayor número de miserias, que intentar extraer reflexiones de pasiones demasiado notorias de las que no se requiere mucha evidencia para hacerlas pasar por el yugo de lo bueno o lo malo.

Macaulay pronunció en su ensayo sobre Addison que bajo el más completo de los exámenes que la degradad observación nos permite hacer de cualquier obra con la misma vara que es juzgado lo que es bello porque es racional, y lo que es feo es más perdonada cuando es bien entendido que elogiado cuando responde a intereses generales, que ningún pasaje puede debe ser elogiado para promover un mérito del que eventualmente fabricará la vanidad del género humano opiniones negligentes sobre el sesgo de nuestros poderes mentales. En su ensayo sobre Milton estaba de acuerdo en que el mérito de sus pasajes más notables era incomparable, ya sea por la armonía de sus números o la excelencia que ningún parodista había logrado degradar, y eran muestras de una perfección que equiparable al estado de gracia al que toda lengua aspira. 

Henry Newman en su ensayo sobre los milagros dijo que difícilmente podemos hacernos de un juicio positivo o negativo sobre la existencia de un hecho; que ningún precedente es suficiente para determinar que un hecho sea irracional. El inglés llega a decir que las anticipaciones sobre los hechos son igual de censurables que cualquier fantasía formulada por la mente en torno a la moral y su relación con la apariencia. En su novela “Loss Ang Gain”, declara que nadie debe ser insensible con los méritos ajenos, ni ser severos con la dignidad que puede tener lugar en los lugares más fantasiosos que los dramáticos esfuerzos de la razón puedan fabricar.

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