
Sr. López
Panchón le decían en aquél Autlán de principios del siglo XX a un tipo que, contaba la abuela Elena, era el mandón por esos lares. Temido, atrabiliario, matón, dueño de vidas y haciendas, hacía lo que le pegaba la gana con quien le pegara la gana. Y una vez, le cuadró una chamaquita para su querida y lo fue a ver el papá, un esmirriado rancherito pobretón por el que nadie daba un quinto. Lo recibió el Panchón y el otro le dijo: -Nomás venía yo a decirle… -y le descerrajó en la cara un “balacito” (decía la abuela), y se acabó el Panchón.“No hay enemigo pequeño”, remataba doña Elena.
Más o menos todos estamos al tanto de que el domingo pasado hubo elecciones en Hungría y que fue derrotado el primer Ministro, Viktor Orbán, autócrata que gobernó 16 años. Parecía imposible.
El tal Orbán se dice de ultraderecha y no es sino uno de esosque tienen como proyecto político, conseguir el poder para retenerlo, a cualquier precio, para lo que desbaratan desde el gobierno el estado de derecho, imponiendo una apariencia de democracia y la de Orbán era de esas por lo que se la ha definido como “democratura”, mezcla de democracia y dictadura.
En 16 años, Orbán consiguió cinco reelecciones, asegurando siempre la mayoría parlamentaria necesaria para hacer a su gusto las leyes y la constitución. En los hechos, anuló a los poderes legislativo y judicial, los órganos autónomos de control, a la autoridad electoral y mantuvo a raya a la prensa con dinero y amenazas. En Hungría se celebraban elecciones que no podía perder con todo amañado a su favor.
¡Ah!, y se aseguró la lealtad de los grandes empresarios húngaros, del aparato político y de gobierno, patrocinando y protegiendo la más profunda corrupción. Los estudiosos no encuentran mejor descripción de la corrupción de Orbán, que la del doctor en derecho e intelectual húngaro, Attila Antal: la transformación del dinero público en privado. Robó, dejó robar, promovió robar, no robar era sospechoso. Corrompió a todos los que le eran necesarios para seguir en el poder. El mismo Antal describe el tipo de gobierno de Orbán como “dictadura constitucional”.
Sin embargo, nada de lo anterior bastaba para que retuviera el poder. Se necesita una base social que consiguió con programas sociales y políticas económicas selectivas que aglutinaron la masa crítica de votantes suficiente para ser imbatible en las urnas, a pesar del costo pagado por Hungría en deterioro del sector salud y la educación. Para Orbán todo era barato si servía para conservar el poder.
Pero el Orbán dormía con un ojo abierto. Necesitaba apoyo internacional y como la Unión Europea (UE) lo detestaba,cultivó la amistad de Putin y Trump. De Putin bloqueando todas las decisiones de la UE, contra Rusia por lo de Ucrania (en la UE se decide por unanimidad o no se decide); y del tal Trump dándole por su lado en todo y apoyando su pleito con la Unión Europea y la OTAN; para que le calcule, este tipo, el Trump, en su red social el viernes 10 de abril, faltando dos días para los comicios, se dirigió al pueblo húngaro:
“¡Salgan a votar por Viktor Orbán! Él es un verdadero amigo, un luchador y un ganador, y cuenta con mi respaldo completo y total para su reelección como primer Ministro de Hungría. ¡Viktor Orbán nunca defraudará al gran pueblo de Hungría! ¡Estoy con él hasta el final!”
Y una semana antes, mandó a Hungría al vicepresidente J.D. Vance, a hacer campaña por Orbán. Para irlos conociendo.
Por eso no bastaba solo ganarle las elecciones del domingo, había que derrotarlo abrumadoramente, hacer imposible el fraude, Trump o no Trump. Así perdió, frente a uno salido de sus propias filas, Péter Magyar, destacado miembro del partido de Orbán y parte de su gabinete, que rompió públicamente con él apenas en 2024, renunció a todos sus cargos y organizó un partido por el que nadie daba medio cacahuate. Bueno, ganó. Indiscutiblemente, 138 escaños de los 199 del Parlamento.
Pero no ganó solo, los partidos opositores se dejaron de cuentos, se dejaron de pelear, se le unieron y ¡listo! Sin eso, no gana.
Estará usted pensando que lo de Hungría le importa poco. Bueno, sí, pero si revisa usted lo que en 16 años hizo Orbán del estado de derecho y del gobierno, verá que es lo que acá se ha hecho en menos de ocho. Sin apasionamiento. Así estamos. No es algo que nos pueda pasar, ya nos pasó.
El gobierno cuatrotero en lo interno, parece tener todo para perpetuarse en el poder y además, la sólida cohesión que da la impunidad que les garantiza el gobierno en la corrupción estructural que por primera vez, padece México. Sí. Pero tienen un defecto que no tuvo Orbán, grave.
Piénsele. Hay una mácula que tiene el gobierno cuatrotero que no tuvo nunca el dictador Orbán… ¿se da?… de Orbánnunca se dijo (y mire que tenía enemigos), que fuera aliadodel crimen organizado. Eso, no.
A los Estados Unidos les importa poco (nada), lo que el gobierno haga con los lánguidos tenochcas. No sudan calenturas ajenas. Si al peladaje no le gusta su gobierno, que lo quiten, a fin de cuentas, ellos lo escogieron, es más o menos lo que piensa el tío Sam. Pero sí son del supremo interés de los EU, el tratado comercial y el crimen organizado.
Lo del T-MEC saben que lo van a acomodar como mejor les parezca, doña Sheinbaum para que siga, está dispuesta a todo (no sea majadero, a casi todo), so riesgo de que le estalle el país si el Trump anuncia que se sale y “ya luego” firmará un acuerdo bilateral. Lástima que el encargado de eso, visitante frecuente a Washington, sea declarado enemigo político de ella, Marcelo Ebrard.
Lo del narco es lo difícil. Oficialmente los EU, por escrito de febrero 25 del año pasado, acusa que nuestro gobierno mantiene “una alianza intolerable” con los cárteles del narcotráfico. La Presidenta para negar eso, debería de empezar a limpiar la casa… y eso no se puede… por lo que el tío Sam sabe que hay uno con el que se entienden bien, que va a responder de inmediato al aviso “traitor wanted”…se solicita traidor.


