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¿Se hablaba de Chiapas en la prensa novohispana?

¿Se hablaba de Chiapas en la prensa novohispana?
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María Eugenia Constantino Ortiz

Estoy en medio de una investigación sobre los inicios de la prensa periódica mexicana. Mientras reviso con atención los ejemplares de la Gaceta de México que se publicaron entre 1722 y 1809, cuando México era todavía un virreinato, me doy cuenta de que hay sitios que aparecen con gran frecuencia. Durango, Guanajuato, San Luis Potosí, Acapulco, incluso Oaxaca y Veracruz aparecen por la diversidad de noticias que se reportan desde ahí. La minería; la entrada y salida de personas, mercancías o libros por los puertos; la epidemia de alacranes o de gorgojos, y las noticias de sucesos religiosos son algunos de los temas que ponen a las localidades en el espacio público. Sin embargo, Chiapas aparece poco, ¿por qué?

La respuesta evidente es: porque políticamente pertenecía a la Capitanía General de Guatemala y, aunque formaban parte del mismo territorio, eso generaba una cierta distancia con la capital de la Nueva España. El periódico al que le correspondía dar noticia de todo lo que acontecía en Chiapas era la Gaceta de Guatemala, que surgió siguiendo los pasos de la Gaceta de México. No obstante, en esta última, Chiapas apareció por primera vez en el espacio público que apenas se conformaba en el virreinato. Es interesante saber cómo se fue configurando ese espacio y las noticias que se dieron de lo que hoy es nuestro estado.

La Gaceta de México nació en 1722, de la mano del sacerdote zacatecano Juan Ignacio de Castorena y Ursúa. El religioso decidió llevar a cabo el proyecto de tener una publicación periódica en la cual salieran a la luz pública todas las noticias dignas, que ofrecieran un registro histórico de los hechos y se alejaran de las reflexiones políticas. Para obtenerlas debía tener la participación de corresponsales, “hombres noticiosos y políticos” que, además de saber leer y escribir, ostentaban cargos de poder y una autoridad moral que los validaba para hacer pública la información. Aunque tenía un sesgo muy religioso, el proyecto de Castorena era loable y útil. No obstante, solo sobrevivió seis meses en su primera temporada.

Los novohispanos se quedaron sin una fuente de noticias locales durante seis años, pero, en 1728, la Gaceta de México volvió al espacio público. El presbítero Juan Francisco Sahagún de Arévalo retomó la iniciativa buscando ser historiador y cronista de todo el virreinato novohispano. Su iniciativa duró catorce años, en los cuales, el sesgo religioso permanecía, pero en segundo plano. Las noticias que se publicaban llegaban desde distintos puntos geográficos, no solo la Nueva España, sino Europa y Asia. Los temas que se trataban eran misceláneos: lo mismo se hablaba de fenómenos naturales, que de hospitales y tecnologías asociadas a la minería. En ese contexto aparecieron las primeras noticias que llegaron desde Chiapas al resto del virreinato novohispano.

La primera vez que se nombró Ciudad Real -hoy San Cristóbal- en la Gaceta de México fue en el número del 1º de julio de 1728. Ahí se notificaba que el Obispo de Chiapa, don Jacinto de Olivera Pardo, había sufrido una apoplejía mientras celebraba la misa del día de Corpus Christi. El accidente duró una hora y media, pero, según dijeron, después de haberle dado una purga, el obispo recuperó la salud.

Una segunda noticia apareció dos meses después. El tema era distinto, aunque también involucraba a un religioso. En este caso se hablaba de Don Juan Gómez de Parada, Obispo de Yucatán, que paró en Ciudad Real mientras viajaba al obispado de Guatemala. Al terminar su visita por Chiapas, el obispo se enteró del caso de ungrupo de “indios” que habían sido calumniados y acusados de levantamiento contra el gobierno. La causa era que, durante unos juegos hechos en medio del carnaval, los indígenas habían nombrado a un rey para que los gobernase. Esto no le pareció a las autoridades y, por consiguiente, los apresaron. Al saber esto, Don Juan Gómez de Prada se ocupó de enviar a cinco de ellos con el Obispo de la capital novohispana, para que pudieran alegar en la Corte y pedir justicia a favor de la inocencia de sus compañeros. Desafortunadamente no podemos saber cómo terminó el caso, porque lo que haya sucedido ya no se hizo del conocimiento público. No obstante, lo que sí podemos leer entre líneas es que, al menos a estos sacerdotes les importaba el bienestar de las personas nativas de la región. Por consiguiente, eran actores activos de los procesos de búsqueda de justicia y respeto a los indígenas.

Respecto a las obras que se realizaban en Ciudad Real, una noticia que llamó la atención en la publicación del 1º de mayo de 1739, fue la construcción de la iglesia del Hospital Real de San Juan de Dios. El hospital había atendido en tres años a doscientos ochenta enfermos en solo doce camas, por lo que ocupaba un lugar importante dentro de la población. Su gestión estaba a cargo de una orden de religiosos, particularmente de Fray José Miguel de Ilizaliturre, quien se encargaba de cuidar y atender a los enfermos. Al ser una empresa de religiosos, lo normal era que se construyera una iglesia anexa también a su convento. La obra había tardado dos años y cuatro meses, financiada por las limosnas del Obispo y otros benefactores. Además de la construcción, el dinero había alcanzado para poner unas sonoras campanas en su torre. Cuando el templo comenzó a funcionar, el trabajo correspondió a los padres predicadores de la provincia de Guatemala, quienes, por cierto, oficiaron y cantaron la misa de inauguración.

Finalmente, la Gaceta de México ayudó a visibilizar otros personajes ilustres que no son del todo conocidos hoy en día. Uno de ellos, también Obispo de Chiapa, fue Don Francisco Gabriel de Olivares y Benito, quizá más conocido por la labor que realizó después como Obispo de Durango, pero que en el sur hizo una labor importante. El sacerdote obtuvo el nombramiento de Obispo de Chiapa en julio de 1788 y residió en el lugar hasta octubre de 1795. Su formación le permitía buscar el orden y el buen gobierno en la iglesia, a la vez que se ocupaba de sus feligreses. Por eso, aprovechando la cercanía con las tierras productoras de algodón en Yucatán, en 1791 fundó en Teopisca una escuela, casa-taller, para que los niñosaprendieran a hacer hilados y tejidos. Sin embargo, el proyecto no prosperó por falta de dinero e interés de la población. El obispo aparece en dos ejemplares de la Gaceta de México de 1789, donde se cuenta su ceremonia de consagración y su tránsito a Chiapa.

Estas son las noticias más relevantes que aparecieron en la publicación más longeva e importante de la Nueva España. Dado el contexto y la situación política de la época, no es de extrañar que todo lo que llegó a aparecer de Chiapas en la Gaceta de México tuviera un sesgo religioso, aun cuando lo que se dijera solo fuera una mención y no una noticia completa. Los sucesos más relevantes de la región fueron expuestos en la prensa Guatemalteca, que se creó en 1729 y también pasó por distintas fases en su evolución, desde la más religiosa a la más ilustrada. En sus páginas se retrataron otros perfiles de la vida chiapaneca que vale la pena revisar y contar con atención y detalle. Lo haré en mis próximas contribuciones a este Diario. Nos leemos pronto.

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