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Puras vergüenzas / LA FERIA

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Sr. López

Por lo que no le importa a usted, este menda, en el segundo año de Miguel de la Madrid, entró a trabajar de gato (de angora, pero gato), de un respetadísimo y muy poderoso Secretario de Estado, señor mayor, serio, de pocas palabras, educadísimo. El Oficial Mayor (otro señorón), dio a su texto servidor unas cuantas instrucciones y muy enfáticamente una última: -Si el señor le pide algo ‘por favor’, venga a verme de inmediato –pasaron algunos meses y nada de que pidiera algo ‘por favor’, que ni falta hacía por la fineza de sus maneras. Ya con algo de confianza preguntó el tecladista al Oficial Mayor por qué su advertencia: -Cuando pide algo ‘por favor’, está furioso -respondió el funcionario. ¡Ah, caray!   

El viernes pasado, ya reposado el berrinche, desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el ciudadano Presidente tuvo a bien informarnos que:

Primero: los ministros de la Suprema Corte defienden los intereses de una minoría corrupta y se entrometen en las facultades del Poder Legislativo.

Segundo (cita literal): “(…) si yo emito un decreto y hago lo que en su momento llevó en (sic) la práctica Zedillo, de desaparecer la Suprema Corte y de renovarla con otros ministros (…) imagínense, pondrían el grito en el cielo porque así son de hipócritas los conservadores (…) dirían: se trata de una dictadura, ya ven, teníamos razón, es una dictadura”.

Bueno. De eso de que sirven a una minoría corrupta, sería deseable que en su carácter de Titular del Poder Ejecutivo, ordenara a alguno de sus paniaguados, presentar la denuncia penal para que el Ministerio Público integre las carpetas de investigación correspondientes y las presente ante los jueces para que sean procesados los ministros de la Suprema Corte. Es muy grave la acusación y no es optativo denunciar los delitos, es obligatorio. ¡Ándele, señor Presidente!, ¡écheselos!, nosotros los del peladaje bueno, se lo agradeceremos. Ahora que si nomás fue plática (ante la prensa), pues no, no se vale andar de ‘habliche’.

Y de lo segundo: ¿estará pensando en desaparecer a la Suprema Corte?… ¿es advertencia?… ¿fue calambre?… ¿se le ocurrió nomás?

Ernesto Zedillo no desapareció a la Suprema Corte mediante un decreto emitido por el poder de sus presidenciales calzones, no. De veras que son de lo peor sus asesores, no lo informan. Pero uno no es así. Le hago un resumen señor Presidente (de nada):

Cuatro días después de asumir el cargo de Presidente, el 5 de diciembre de 1994, don Neto envió a la Cámara de Senadores la iniciativa de reforma a varios artículos de la Constitución, entre ellos el 94, relativo a la integración de la Suprema Corte y el tiempo que duraban en el encargo sus ministros. En los considerandos dijo:

“A los mexicanos nos cabe la satisfacción de que nuestra Suprema Corte de Justicia ha desempeñado cabalmente sus funciones a lo largo de su historia. Por ella han transitado muchos de los mejores juristas del país (…) se pretende que la Suprema Corte sea un órgano compacto y altamente calificado, cuyos miembros sigan siendo personas de reconocido prestigio profesional y altas virtudes morales, dedicados en exclusiva al conocimiento y resolución de las más importantes controversias jurídicas que puedan suscitarse en el país”.

No se bailó una guaracha encima de los ministros. No hacía falta. El poder real permite ser gentil y mandar sin insultos, cuando menos en público, digo.

Como sea, en la Cámara de Senadores se discutió el asunto con la participación, comentarios y críticas de juristas, colegios y barras de abogados y legisladores de todos los partidos. El 16 de diciembre de 1994, la Cámara de Senadores elaboró el dictamen de la iniciativa; se realizó la primera lectura y el 17 -con dispensa de la segunda lectura-, pasó al Pleno de los senadores. Se envió a la Cámara de Diputados, que la aprobaron el 21 de diciembre y se envió a los congresos de los estados de la república. El día 30 se obtuvo la aprobación de la mayoría de ellos y se publicó el decreto en el Diario Oficial de la Federación, el 31 de diciembre. Se respetó de punta a rabo el proceso legislativo. Y las reformas se aprobaron por mayoría calificada (dos tercios de los legisladores). Fue la octava reforma al 94 constitucional desde su original de 1917. Si duda el señor Presidente de lo anterior, que cheque con su actual embajador en los EUA, Esteban Moctezuma Barragán, quien era el secretario de Gobernación de don Neto.

Así que nada de que por mono, el Presidente no emite un decreto desapareciendo la Corte: no tiene los votos en el Congreso. Pero está bueno saber en qué anda pensando, digo, para la hora de votar en 2024 y saber a qué atenernos si elegimos legisladores de Morena y asociados.

Como no le baja el coraje (cuídenlo), también dijo de los ministros de la Corte: “Entonces, con qué autoridad moral cuestionan el procedimiento del Poder Legislativo, yo no tengo porque opinar sobre lo que debería ser el Poder Legislativo (nosotros) somos respetuosos de la división del equilibrio entre poderes, algo que ellos no están cumpliendo”.

La Corte no cuestiona, apoya ni se opone a nada. La Corte revisa que se respete la Constitución. Punto. Y actúa con la autoridad moral que le da respetarla en sus resoluciones. Sobrada autoridad moral.

Además, ¿cuándo el Presidente ordena a los legisladores que no le quiten ni un punto ni una coma a sus iniciativas, qué es?… ¿amistosa petición?… ¿recomendación de cuates?… o es lo que es, una orden que sus legisladores cumplen.

Y el que se escandalice por eso de plano está en Babia: es perfectamente lícito que el Ejecutivo solicite-ordene y espere que los legisladores de su partido apoyen sus iniciativas, faltaba más. Tan lícito como que sus opositores se opongan. Y no es ningún atentado al himen patrio ni ofensa a la división de poderes: así son las cosas en este planeta. Lo que sí irrita es que le aprueben iniciativas ilícitas, que van contra la Constitución, pudiendo ayudarlo para ahorrarse las que pasan, puras vergüenzas.

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