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Pelillos a la mar / La Feria

Pelillos a la mar / La Feria
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Sr. López 

Tío Alfredo, tía Luisa y sus siete hijos, llegaron “por unos días” a casa de tía Rosita, una casona colonial de tres patios y más de veinte habitaciones en pleno centro de Toluca. Tía Rosita era muy buena persona, muy ancianita y nueve años después, no se quejaba de que ya nada más ocupaba su recámara, porque cinco de los hijos se habían casado y ahí vivían, muy a gusto. La familia criticaba la situación pero fue Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, quien con un grupo de cargadores con cara de matones, echó muebles, ropa, objetos varios y a todos ellos a la calle. Cambió chapas y dejó al cuidado de la casa y la ancianita, a un “velador” (armado). A grandes males… 

Ignora este menda si usted es la versión moderna del Buen Samaritano y tiene ganas de llorar por Germán Larrea, el segundo o tercero hombre más rico de este nuestro risueño país, porque el gobierno federal decretó el viernes pasado, la “ocupación temporal” de algo así como 120 kilómetros del ferrocarril que tenía concesionado en el Istmo, la empresa Ferrosur, S.A. de C.V., de su propiedad. 

No se trata de que su texto servidor tenga algo contra los ricos. No, de ninguna manera, que son indispensables para el progreso de las naciones (otro día lo discutimos si usted lo desea, pero sin gente que quiera ganar dinero, mucho dinero, es muy difícil que nadie se meta en el berenjenal de emprender negocio ninguno). 

Es más bien que no le suscita muchas simpatías el dueño de la empresa que dejó sepultados a 65 trabajadores en la mina Pasta de Conchos; responsable del desastre ecológico más grande en la historia de México, por el derrame en los ríos Bacanuchi y Sonora, de 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre, sustancia que los que saben, dicen es muy peligrosa para el medio ambiente; y también de otro derrame, en el Mar de Cortés, de más de tres mil litros de ácido sulfúrico, que los especialistas consideran causó daños irreversibles. 

Dicho lo cual, se apresura el tecladista a manifestar que este decreto de “ocupación temporal”, parece un atropello o por lo menos algo extraño, si no es que nada más estamos ante otro manotazo presidencial, como el de la cancelación de la construcción de una cervecera en Mexicali, por el gusto de sentir qué rebonito es mandar y que lo obedezcan. 

Extraño porque de ser ciertas las causas de utilidad pública y de seguridad nacional, ya podría el Presidente haber emitido un decreto de expropiación. Pero, más extraño todavía, que tanto él como su Secretario de Gobernación, insistan enfáticamente en que no es una expropiación. Parece que la palabra esa les da temor de recordar otros tiempos y otros personajes como don Chávez de Venezuela. 

Extraño porque de ser ciertas las afirmaciones del comunicado de Ferrosur, a principios de 2022 firmaron un acuerdo con las Secretarías de Gobernación y de Comunicaciones y Transportes, para que Ferrosur construyera una segunda vía con independencia operativa de la que tenían concesionada, que sería entregada a la Secretaría de Marina para uso del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec. Y dice más el comunicado de Ferrosur: “Tras la 

firma de dicho acuerdo, Grupo México Transportes inició de inmediato las obras de construcción de esa segunda vía y efectuó gastos por varios cientos de millones de pesos (…) lamentablemente, el acuerdo fue desechado por el Gobierno meses después”. ¡Vaya! 

Extraño porque don Larrea se reunió con el Presidente en un desayuno y según él dijo ayer, le pareció que don Larrea había aceptado: “(…) vamos a un desayuno y me quedo con la idea de que ya no iba a haber problema, ‘sí, sí, sí, sí, nos arreglamos”. Cuatro veces “sí”, extraño. 

Extraño porque alguien no le explicó bien la cosa al Presidente que ayer salió a decir que no es expropiación y que nada más recuperó la concesión, alegó: “(…) ¿qué se expropia?, lo que es propiedad privada, es muy distinto el recuperar una concesión que es de la nación”. Lo que se explica con un ejemplo: Lázaro Cárdenas no expropió el petróleo, que siempre fue de la nación, expropió las empresas que lo explotaban, sus instalaciones y lo que tenían invertido para ese fin. Igual ahora, efectivamente la concesión se cancela en esos tramos, pero se está “ocupando temporalmente” toda la infraestructura construida por Ferrosur en esos tramos… por algo el mismo Presidente aceptó que será indemnizada la empresa. 

Extraño porque un reportero preguntó ayer al Presidente si la “ocupación temporal” iba a ser permanente y el Presidente respondió: “Depende de la actitud de la empresa”. ¡Áchis!, de contentillo la cosa. Si se ponen trompudos los de Ferrosur, se las vuela para siempre, porque “temporal” pueden ser siglos o mil años. 

Como sea: no hay recurso legal que valga contra una expropiación o una “ocupación temporal”. Si acaso ampararse porque no les parezca bien el importe de indemnización que ofrezca el gobierno, porque la ley ordena que sea equivalente al valor comercial. Sí, cómo no… más en estos tiempos de austeridad franciscana. 

Y así, con el país tratando de no caer en paneles de controversia por no cumplir algunas partes del T-MEC, con riesgo de ser condenados a pagar cifras siderales de dólares; así, con no pocos empresarios francamente preocupados por el estilo personalísimo de gobernar de este Presidente… ahora esto, que no manda ningún mensaje de aliento a los posibles inversionistas extranjeros que está chorreando baba verde de ganas de traer sus empresas de China a acá. 

Y otra cosa extraña es que la ocupación se realizó de inmediato con marinos armados aunque la Ley de Expropiación (artículo 20, párrafo dos), menciona que la ocupación procede una vez pagada la indemnización, excepto (artículo 8 de la Ley), en caso de guerra, medios para la defensa nacional, mantenimiento de la paz pública, evitar la destrucción de elementos naturales y daños que la propiedad pueda sufrir en perjuicio de la colectividad. Que se sepa no estamos en guerra ni le han pagado a don Larrea. Pelillos a la mar.

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