
José Antonio Molina Farro
La frase atribuida a Hobbes, en realidad fue formulada muchos siglos antes por el dramaturgo romano Plauto de Asinaria. Me detengo brevemente en el autor de una de las grandes obras de la literatura universal antigua y de la comedia romana, (la Comedia de los asnos), se apunta a los años 206 y 211 a. C. En el texto figura la frase original: }
Lupus est homo homini, non homo. Quom qualis sit non novit} (Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro).
Hobbes retomó esta idea en su obra Leviatán (1651), donde describe el estado de naturaleza como un escenario de conflicto permanente entre los individuos. El filósofo la utilizó para reforzar su visión sobre la naturaleza humana y la necesidad de un poder que imponga orden en la sociedad. A partir de un contexto de guerras y crisis políticas, Hobbes sostuvo que sin una autoridad común que regule la vida en sociedad, los individuos tienden a competir entre sí por recursos, poder y seguridad. Desde esta perspectiva, el conflicto no surge solo de la violencia sino de la desconfianza. Cuando no hay garantías, cada persona actúa para protegerse, lo que genera un clima de tensión constante, incluso sin enfrentamientos directos.
El estado de naturaleza es una situación hipotética donde no existe ningún tipo de organización política o social que regule la conducta de las personas. Todos tienen libertad absoluta para actuar según su propio interés, lo que se traduce en incertidumbre y, en el exceso, en anarquía. Conflicto y amenazas latentes.
LA DESCONFIANZA COMO MOTOR. La desconfianza se vuelve un factor que alimenta la tensión. En ausencia de reglas claras, cada quien se vuelve juez de su propia conducta, lo que hace imposible la convivencia estable y previsible. Es aquí donde Hobbes plantea la necesidad de un poder que imponga límites. Un poder que surge de un acuerdo entre individuos que buscan evitar el conflicto constante. El Estado es la respuesta, cuya función principal es garantizar seguridad, mediante normas que regulen la conducta y reduzcan la incertidumbre. El orden no elimina los conflictos, pero los contiene. Para Hobbes la cooperación no es consustancial al ser humano.
UNA FORMA DE PENSAR LA CONVIVENCIA. La propuesta de Hobbes invita a pensar la convivencia como un equilibrio entre libertad y regulación. Sin normas la interacción se vuelve imprevisible y conflictiva. El orden social no es algo natural sino una construcción que requiere acuerdos y límites. La estabilidad depende de ese marco compartido.
Juan Jacobo Rousseau popularizó la idea de que el gobierno surge de un contrato social entre los ciudadanos para garantizar seguridad e igualdad, sentando las bases de la soberanía popular y la voluntad general. También revolucionó la enseñanza al proponer que la educación debe adaptarse a las etapas de desarrollo del niño, centrada en sus intereses, la experiencia práctica y la libertad, en lugar de la imposición adulta. Defendió que el ser humano es bueno por naturaleza (el buen salvaje) y que la sociedad lo corrompe. John Locke por su parte (1632-1704), considerado el padre del liberalismo clásico, y a diferencia de Hobbes, sostiene que los hombres en estado de naturaleza son libres e iguales, gobernados por la razón, pero necesitan un juez imparcial para resolver conflictos. Postula que el gobierno legítimo nace del consentimiento de los gobernados para proteger los derechos naturales: la vida, la libertad, la seguridad y la propiedad.
Tanto Hobbes como Locke y Rousseau, sostienen que el Estado es fruto de un acuerdo voluntario entre individuos para trascender el “estado de naturaleza”, y dar paso a una sociedad civil organizada.
El hombre es violento por naturaleza. Para no desaparecer cede parte de su soberanía individual a un ente superior (el Estado) con cuatro funciones básicas: proteger el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad y a la propiedad. Si un Estado deja de cumplir con alguna de estas funciones sustantivas pierde su razón de ser y de existir.


