
Corina Gutiérrez Wood
En México hay prioridades muy claras. Lo complicado es que a veces intentan disfrazarlas para que no se noten tanto.
Llevamos una vida viendo escuelas públicas donde el calor derrite alumnos, maestros y ganas de vivir al mismo tiempo. Salones sin ventilación, techos que convierten las aulas en hornos y ventiladores que sobreviven por puro milagro. Y nunca pasó nada. Nunca vimos conferencias alarmadas hablando del sufrimiento térmico estudiantil. Nunca apareció el Estado diciendo que aquello era insostenible.
Pero bastó que se acercara el Mundial 2026 para que el gobierno descubriera que en México hace calor. Una coincidencia muy enternecedora.
Todo empezó cuando el Lord Calendarios escolares, porque claramente alguien en la SEP sintió que podía reorganizar el tiempo como si administrara dimensiones alternas, anunció ajustes al ciclo escolar 2025-2026. Entre declaraciones ambiguas y versiones contradictorias empezó a instalarse la idea de reducir semanas completas de clases.
Y fue entonces cuando el espectáculo empezó.
Primero parecía una decisión prácticamente tomada. Después la tía de todos ustedes salió a decir que apenas era una propuesta. Luego volvió Lord asegurando que sí habría modificaciones definitivas. Más tarde dijeron que todo había sido consensuado con los estados, aunque varios gobiernos locales empezaron a deslindarse más rápido que político en temporada electoral.
Uno ya no sabía si estaban presentando una política pública o improvisando sobre la marcha.
Y aquí aparece un pequeño detalle, las sedes del Mundial en México serán únicamente Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Tres, si, o sea solo tres, no treinta y dos.
Sin embargo, la conversación terminó planteándose como si todo el país tuviera que entrar en modo operativo FIFA. Porque aparentemente un estudiante en Oaxaca representa un riesgo logístico para un turista extranjero atrapado en el tráfico rumbo al Estadio Akron.
Entonces me pregunto ¿por qué un problema localizado tendría que convertirse en una modificación nacional del calendario escolar?
Si el argumento fuera realmente operativo, las medidas serían regionales. Ajustes específicos para las ciudades sede. No una afectación generalizada para millones de estudiantes que jamás verán un partido más cerca que por televisión.
Porque según explicó el propio Lord Calendarios, todo responde a “realidades innegables “elcambio climático y los conflictos de movilidad que provocará el Mundial 2026.
Y ahí es donde la explicación empieza a parecer escrita por un comité de relaciones públicas en modo supervivencia.
Porque el calor lleva décadas golpeando escuelas públicas sin que nadie moviera un dedo. Lo verdaderamente nuevo aquí no es la temperatura es la FIFA.
México lleva años cocinándose vivo. Hay estados donde el calor no es una contingencia, es una condena permanente. Niños tomando clases en aulas sofocantes, maestros sobreviviendo frente a grupos imposibles y escuelas con infraestructura tan abandonada que parecen castigo administrativo y jamás vimos una preocupación genuina.
Nadie habló de emergencia educativa cuando los alumnos estudiaban sudando, nadie salió corriendo a instalar aire acondicionado ni tampoco consideraron prioridad nacional mejorar las escuelas.
Pero ahora sí. Ahora que el mundo entero va a mirar a México por televisión internacional, de pronto apareció la sensibilidad climática.
Qué bonito habría sido que toda esa velocidad milagrosa para embellecer ciudades sede, maquillar avenidas y dejar impecable la ruta del turista extranjero también existiera para las escuelas públicas. Imagínense nomás el escándalo; aulas dignas, ventilación funcional, baños decentes y techos que no parezcan ruleta rusa en temporada de lluvias. Pero no, eso ya sería fantasía psicodélica, sueños de opio patrocinados por la SEP. Porque en México el presupuesto sí alcanza para que FIFA no vea el desastre, el problema es cuando quienes tienen que verlo todos los días son los estudiantes.
Y ahí está el verdadero fondo del asunto porque no les preocupa el calor, les preocupa la imagen porque México puede tolerar durante años niños estudiando en condiciones miserables. Lo que no puede tolerar es quedar mal frente a la realeza futbolera.
Entonces aparecen las soluciones rápidas sacar estudiantes de circulación, reducir movilidad, vaciar calles y disminuir presión urbana. Porque claramente resulta más sencillo mover millones de alumnos que terminar infraestructura a tiempo.
Y la verdad, hasta sería más digno admitirlo.
Pero aquí siempre prefieren envolver todo en discursos pedagógicos y supuestamente humanistas. Como si la preocupación educativa hubiera despertado milagrosamente justo el mismo año en que llegan patrocinadores, cámaras internacionales y turistas extranjeros.
Lo más preocupante ni siquiera es el posible ajuste escolar. Lo verdaderamente preocupante es la facilidad con la que en México la educación siempre termina siendo negociable porque cuando hay recortes, se ajusta la educación, cuando hay crisis, se ajusta la educación, cuando hay espectáculo, también se ajusta la educación. Las aulas siempre son lo más flexible del sistema.
Y eso ocurre en un país con rezagos educativos brutales, generaciones enteras afectadas desde pandemia y escuelas públicas donde aprender depende más de resistencia física que de condiciones académicas.
Pero aparentemente la gran urgencia nacional era garantizar la circulación rumbo a los estadios.
México puede pasar años viendo escuelas sin agua, sin mantenimiento y sin ventilación, sin que nadie entre en pánico.
Ahora, intenta poner en riesgo un Mundial y descubrirás la velocidad real del aparato gubernamental.
Y luego todavía se sorprenden de que exista gente convencida de que aquí el espectáculo siempre vale más que el futuro de los jóvenes.


