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Del surco roto al anaquel caro: por qué en México cuesta tanto producir y llevar

Del surco roto al anaquel caro: por qué en México cuesta tanto producir y llevar
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*Análisis crítico de las fallas estructurales del agro y la logística que encarecen cada kilo que llega a la mesa

Ernesto León Espinosa

El campo mexicano vive un espejismo. Los números oficiales celebran: el PIB de las actividades primarias creció 7.8% trimestral y 6.7% anual en el primer trimestre de 2025, su mejor ritmo en 14 años, y para 2026 se proyecta una producción agroalimentaria de 288.5 millones de toneladas con valor de 1.96 billones de pesos. Vendemos aguacate, berries y cerveza como si fuéramos potencia. Y lo somos. Pero esa potencia camina descalza. El 80% de los productores trabaja en menos de 5 hectáreas, el campesino promedio tiene 54 años y el relevo generacional no llega. Producimos mucho, pero capturamos poco. Porque producir es solo la mitad del problema. La otra mitad es llevar, transformar, cuidar al productor su vida y sus propiedades. *Certeza Jurídica y estado de derecho*

Llevar en México cuesta sangre. El 84% de todo lo que se mueve en el país va por carretera, pero el 40% de los 600 mil camiones que circulan tiene más de 20 años de antigüedad. Son fierros viejos que gastan 18% más diésel, se descomponen el doble y se vuelven blanco fácil. Entre enero y septiembre de 2025 se abrieron 8,638 carpetas de investigación por robo a transporte de carga. Aunque la cifra bajó 16.9% frente a 2024, Pero cifras negras dice 95 % de impunidad. La industria lo resiente: de septiembre a octubre el robo subió 7% en fuero federal y 15% en fuero común. La Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros reporta 9,242 vehículos pesados robados en un año, el 68% con violencia. Solo se recupera el 59%. Cada tractocamión que no regresa es un impuesto que no cobra el SAT, pero que pagas tú cuando compras jitomate.

Y no es solo la rata. Es el hoyo. Es el moche. Es la carretera que se presupuestó con oro y se entregó con polvo. Transportar en México cuesta 17% de las ventas de una empresa, más del doble que en Estados Unidos, Japón o Alemania. Entre 2015 y 2025, el costo de transporte y almacenamiento subió 72% según el INEGI. El diésel, los peajes, las casetas, el “derecho de paso” en cada municipio. Las ineficiencias logísticas le cuestan al país 12% del PIB, contra 8% en Estados Unidos. Son 4 puntos de riqueza que se van en tiempo perdido, llantas reventadas y custodias armadas.

Aquí es donde se rompe la cadena y donde nace el precio caro. El problema estructural tiene nombre: intermediación asimétrica. El limón sale de la huerta en 2 pesos el kilo y llega al anaquel en 40. El productor no puso ese precio. Lo puso el camino. Lo puso el coyote que acopia, el bache que rompió el muelle, el seguro que subió por los asaltos en la México-Puebla, y el hombre-camión que maneja 18 horas sin seguro social porque si respeta la NOM-087 y descansa, el viaje le toma dos días y el cliente no paga el día extra. Así, el campo siembra y el tráiler sangra. Pero el que paga la hemorragia es el consumidor.

Pongámosle cara que ya es tiempo.  La miel de don Pancho en Macario Gómez. Producirle un litro le cuesta 80 pesos. Lo vende al acopiador en 120. El acopiador paga flete, pierde dos llantas en la Escárcega-Chetumal, suelta 3,000 pesos de “moches” y le reza a todos los santos para que no lo bajen en en cualquier carretera. Ese litro llega a Tulum en 230 pesos de costo. La tienda necesita venderlo en 350 para sobrevivir. Don Pancho capturó 40 pesos, el 11.4% del precio final. El 88.6% se lo comió la fricción. No es inflación. Es extorsión estructural.

La segunda falla es la desconexión. El campo y el transporte no hablan. Sembramos maíz en Sinaloa para mandarlo a Yucatán mientras en Campeche se pudre el jitomate porque no hay frío ni planeación. Importamos sorgo con un crecimiento de 506% porque no cuadra la logística para mover el propio. Tenemos Tren Maya turístico, pero no vagones de carga refrigerados. Tenemos 500 años de oficio agrícola y 20  años de chatarra logística. Somos buenos para producir y malos para llegar.

La tercera falla es la informalidad como norma. El 60% de los transportistas son “hombre-camión”: un dueño, un tracto viejo, cero prestaciones. Si lo asaltan, pierde todo. Si se accidenta, su familia queda en la calle. Por eso faltan 50,000 operadores. No es que no haya gente. Es que nadie quiere morir por 25,000 pesos al mes. Y sin operadores, no hay abasto. Y sin abasto, el precio se dispara. La ley de oferta y demanda también funciona con miedo.

Entonces, ¿por qué sube el costo al consumidor final? Sube porque el sistema está diseñado para que suba. Sube porque cada eslabón legaliza su ineficiencia cobrándotela a ti. Sube porque la carretera es un impuesto, el robo es un seguro y el coyote es un banco. Sube porque el Estado ve el campo como foto para el informe y al transporte como caja chica de las casetas, no como sistema circulatorio de la economía.

La salida no está en subsidiar más. Está en acortar, blindar y planear. Acortar el camino entre quien siembra y quien vende. Un centro de acopio frío en cada pueblo vale más que un programa clientelar. Que la tienda le firme al productor en enero: “te compro 11.500 kilos de jitomate en julio a 80 pesos”. Así se siembra sin miedo. Blindar la vena: Guardia Nacional en los 10 tramos donde se concentra el 70% del robo, y depreciación acelerada para sacar los camiones de 25 años. Un tracto nuevo se paga solo cuando no te lo roban dos veces al año, cuando no hay baches ni casetas y extorsión. Planear con GPS: si Tulum consume 2 mil toneladas de aguacates al año, que se siembre en Felipe Carrillo Puerto, no en Michoacán. Y que el Tren Maya deje de pasear turistas y empiece a mover comida. Un vagón frío equivale a 20 tráilers y a cero balazos.

El campo no pide lujos. Pide camino. El transporte no pide perdón. Pide seguridad. Y el consumidor no pide milagros. Pide que el kilo de frijol no cueste lo que un jornal. Se muere una planta, pero nace otra ávida de vida. Se tiene que morir el modelo del bache, la rata y el coyote. Y tiene que nacer el de la báscula justa, la carretera que dura y el tráiler que llega. Porque la diferencia entre un país que produce y un país que progresa no está en la tierra. Está en el camino y en el pago justo ..

“No es que el alimento sea caro. Es que el producir y el camino tienen un impuesto alto”.

*Presidente del consejo de La Unión Estatal de la Pequeña Propiedad del Edo de Chiapas AC*.

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