
Sr. López
Tío Rafael, de los de Toluca, era un viejo y sabio médico de los de antes que sin análisis ni radiografías, recetaban con acierto. En la familia su palabra era ley, atendía a todos, desde el embarazo hasta el inevitable trámite de estirar la pata (sin dolores). Por su lado, tío Rubén nada más era terco, terco y altivo. Así las cosas, la esposa de tío Rubén, pidió a tío Rafael, que lo revisara porque tenía semanas en cama. Lo vio, lo recetó y le advirtió que era cosa seria lo que tenía. Tío Rubén contestó: -No tengo nada y no me tomo nada… ¡medicucho! -tío Rafael no dijo nada. Fue bonito funeral.
Ayer confirmó la Presidenta Sheinbaum la urgencia de que suspenda la oficialmente llamada, “Conferencia del Pueblo”, que no es “del pueblo” porque el pueblo no da la conferencia, debería llamarse “Conferencia para el pueblo… o ante el pueblo”. En fin, que hablen español es pedir demasiado.
Se lo comento porque ayer intentó descalificar a la calificadora Standard & Poor’s (S&P), una de las tres empresas más importantes del mundo, dedicadas entre otras cosas (muy a brocha gorda), a decir qué riesgo se corre al invertir dinero o prestarlo.
El desaguisado fue porque el martes pasado, S&P pasó de “estable” a “negativa” (parecido a echar ¡aguas!), la calificación crediticia del gobierno de la dama de los éxitos (musicales), junto con Pemex, CFE, Nacional Financiera, Bancomext, Banobras, el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB), y el Fondo Especial de Asistencia Técnica y Garantía para Créditos Agropecuarios, además de seis bancos privados (Banamex, BBVA México, Banorte, HSBC México, Inbursa y Scotiabank Inverlat), de los que dijo que son sólidos pero se pueden ver afectados por el “deterioro del entorno macroeconómico y el menor dinamismo económico”, o sea, por el despelote del gobierno cuatrotero que nomás no atina.
La doñita brincó (en sentido figurado), y dijo: “Vamos bien. Estoy confiada en que la economía de México está bien. (…) Esta calificadora que hace una perspectiva negativa, le vamos a dar la vuelta para que se dé cuenta de que se equivocó”.
A todo dar. Ahora falta que el mundo entero haya visto su madrugadora y le crea más a ella que a la S&P, con sus 166 años de prestigio. Que se sepa: la economía de México está bien. Que nadie dude: vamos bien. Que inversionistas y bancos vengan con maletas llenas de dinero, ahora es cuándo. De veras debería ser requisito legal para optar a cargos públicos, en especial la presidencia de la república, tener sentido del ridículo.
Sin ironía ni mala intención: que suspenda esas conferencias. Para empezar porque son una mala copia de las de su mentor, el señor que en trágica hora salió de Macuspana. Él es un profesional de la mentira, doctor -‘summa cum laude’-, en cinismo, que logró su mezquino propósito de hacerse una campaña de propaganda a su favor, de seis años de duración, pagada con dinero ajeno (nuestro), para acaparar reflectores y crecer (a sus ojos), su importancia política.
Se repite sin ironía y mucho menos, acritud: le conviene a doña Sheinbaum dejar esas conferencias diarias que la están disminuyendo ante el respetable. Seguro no se da cuenta pero acumula un desgaste más de sexto año de gobierno que de apenas el segundo, cuando se supone debería estar en plenitud del poder.
En serio, que deje las madrugadoras y que consiga un profesional que le diseñe una estrategia de comunicación, sin ella. La señora ni cuenta se da cuando ella solita exhibe su falta (¿carencia?), de autoridad presidencial; por poner unos ejemplos:
Cuando informó que llamó por teléfono a la Gobernadora de Chihuahua y no le tomó la llamada; cuando dijo que una integrante de su gabinete la secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández, para su “sorpresa”, le botó la renuncia para irse al partido; cuando con inocencia contó que invitó a trabajar con ella a Luisa María Alcalde y le contestó que “lo iba a pensar”; y estelarmente, cuando Mario Delgado su secretario de Educación (es un decir), la contradijo sobre el sainete del cambio de calendario escolar y ella (encima), después de conseguir que las aguas regresaran a su cauce, le echó flores al tal Delgado (se fueran a molestar en Palenque).
También quedó como la Chata, cuando con su cara de “aquí no pasa nada”, tardó semanas en informar sobre la fuga de crudo en el Golfo de México, negó hasta el hartazgo que el responsable fuera Pemex, repitió versiones infantiles (que le dieron en Pemex), y finalmente, casi tres meses después, salir con la embajada de que se “había ocultado la información”… a ella se la ocultaron, así andan de respetillo.
Otra más (y nos vamos): ayer ella personalmente informó de la renuncia de Víctor Rodríguez Padilla, director de Pemex, aduciendo que ese era el arreglo: “Cuando gané la Presidencia, le dije a Víctor, quiero pedirte un favor, ven, ayúdame en Pemex, y me dijo: Sí, sí te ayudo en Pemex, pero con una condición: solamente un año y medio, porque quiero regresar a la academia”. ¡Vaya!
Qué lástima que el día anterior, Reuters, la británica agencia mundial de noticias, informó que don Víctor, le renunció dos veces el año pasado por varias buenas razones entre ellas, que doña Sheinbaum anda de metiche en la propia operación de Pemex y haciendo nombramientos que corresponden al Director de la paraestatal, en áreas clave como exploración y producción, ya sin mencionar que acomodó a un recomendado del Kalimán Harfuch (Batman es gringo), en la importantísima Dirección de Logística.
En resumen, don Víctor estaba de florero, es señor serio, se hartó y se va, se fue. Y la Presidenta con esa su soñadora sonrisa, tratando de convencernos a nosotros los del peladaje que ni le dolió, que así era el trato. Haberlo dicho antes.
Pelillos a la mar. Lo que importa es que esa calificación de S&P puede ser el primer trompetazo de aviso desde el mundo financiero y si la Presidenta no reacciona, su gobierno acabará si no le revienta todo, dejando al país en cuidados intensivos.


