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Bukele y cómo acabar con la inseguridad / A Estribor

Bukele y cómo acabar con la inseguridad / A Estribor
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Juan Carlos Cal y Mayor

Algunos lo acusan de dictador, pero cuenta en los sondeos con el 90% de apoyo del pueblo salvadoreño. Nayib Bukele se ha convertido en un líder dispuesto a sacar del hoyo a su país. Es un presidente milenial lo cual le facilita la comunicación con amplios sectores de la población a través de las redes sociales.

Ha emprendido todo un proyecto de infraestructura que incluye un nuevo aeropuerto en la región del pacifico, además de la remodelación del actual, que opera en excelentes condiciones. Un país con 20 mil km2 (en contraste con Chiapas que tiene 70 mil km2) que hoy vuela a 22 destinos internacionales. También trabaja en un moderno tren que atravesará el país que ha sido avalado por todos los poblados de la zona.

Lo más importante es que se tomó en serio el tema de la seguridad. El Salvador ha sido por más de 15 años el país más violento del mundo. Esto se debe a la presencia de la Mara Salvatrucha que había implantado el terror a lo largo del territorio salvadoreño.

Aunque la Mara Salvatrucha tiene su origen entre los migrantes salvadoreños en Los Ángeles, Estados Unidos, desde unos años se ha erigido como una banda delincuencial omnipresente, que tenía de rehén incluso a los sucesivos gobiernos incapaces de confrontarlos. Las autoridades norteamericanas decidieron de tajo deportar a todos estos individuos sin trámite de por medio. Aviones enteros partieron de ese país para liberarlos apenas tocaban el suelo salvadoreño.

La presencia de los Maras se ha extendido a otras partes del mundo alquilándose con el crimen organizado. Son asesinos sin misericordia dispuestos a infringir a sus víctimas toda clase de suplicios antes de ejecutarlos. De hecho, el rito de iniciación al que someten a jóvenes menores de edad, es matar al azar a una persona como prueba de valor. Así van desarrollando una fría crueldad a la hora de acabar con la vida de otros seres humanos.

ESTADO DE EXCEPCIÓN

Hace más de tres meses el presidente Nayib Bukele, avalado por el congreso de su país, decretó un estado de excepción. Dicha medida suspende parcialmente garantías individuales respecto al debido proceso, lo cual ha facilitado los operativos de la policía y el ejército para detener a los integrantes de las bandas delincuenciales. Era común que la policía y jueces recibieran dinero, pero sobre todo amenazas concediendo a cambio impunidad.

Desde principios de años se incrementaron los homicidios y las ejecuciones por lo que Bukele decidió cortar de tajo con es flagelo. Al día de hoy están detenidos unos 70 mil presuntos delincuentes varios de los cuales ya están siendo sentenciados a penas de las que difícilmente saldrán con vida.

DERECHOS HUMANOS

Como era de esperarse, los organismos internacionales de derechos humanos pusieron el grito en el cielo, pero como les dice Bukele “si tanto los quieren, se los damos al dos por uno”. Nunca, dice Bukele, “se preocuparon por los derechos humanos de las víctimas” por lo que está decidido a refundir en la cárcel a todos estos personajes que muy difícilmente podrían readaptarse y vivir alejados de la violencia.

REDUCCIÓN DE LA VIOLENCIA

El hecho es que los homicidios violentos se redujeron casi totalmente gracias a estas duras pero necesarias medidas. En lo que va del mes de julio solo se ha reportado un homicidio doloso. En promedio en 2021 hubo 3,1 homicidios cada día en contraste con gobiernos anteriores en que se tuvo hasta 18,5 asesinatos diarios. Nayib Bukele implementa desde 2019 el Plan Control Territorial. La mayoría de los crímenes son atribuidos a las pandillas Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18.

La paz social es producto de la acción del estado contra quienes transgreden la ley. No hay otra manera de sentar las bases para la prosperidad. En México seguimos apostando a atender las causas. Se piensa que la violencia es producto de la desigualdad social y no es así. La violencia se ha disparado y la delincuencia organizada opera a sus anchas. Entre más nos tardemos en aplicar la ley sin cortapisas, más difícil será desterrar la violencia.

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