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¡Ah, el amor!, el amor / Al Sur con Montalvo

¡Ah, el amor!, el amor / Al Sur con Montalvo
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Guillermo Ochoa-Montalvo

Querida Ana Karen, 

El amor es un destino con escalas con boleto de regreso al primer amor. ¡Ah, el amor!, el amor siempre nos da sorpresas, sorpresas que da la vida, porque uno vuelve al primer amor convirtiendo al tiempo en una melodía inolvidable. Es cuando la puerta rechina y observas a la niña de 14 años sin saber que pronto partiría a Canadá para adaptarse a otro idioma, a otras culturas cosmopolitas. Lo vivió añorando México para regresar a los 20 años y unirse a quien una noche le propuso matrimonio desde un penthouse de la Ciudad de México. Ella le escuchó repetir cada día al anochecer y nuevamente al amanecer: “Paty te amo” enredados en sus cuerpos húmedos, tiernos y temblorosos como hojas al viento, como las corrientes bravas de un río para recobrar más tarde la calma en el remanso de un río cristalino donde los peces saltan de alegría al escuchar las sonrisas de un día cualquiera como ningún otro. Desde el ventanal el sol ilumina el rostro de Paty. Ven pasar la comitiva del presidente López Portillo con rumbo al palacio legislativo a pronunciar su primer informe de gobierno. El sismo de la Ibero de 1979 sucedido 4 días después del nacimiento de Horacio Yuanih sacudió el edificio del penthouse; los benévolos vientos los habían lanzado antes a la Colonia Condesa y de ahí, otro viento suave los condujo a una cabaña cobijada por los pinos, eucaliptos y ahuehuetes llenos de nidos de aves. Los meses tejen días entre el Desierto de Leones y el Convento de los Carmelitas Descalzos como si desde 1611 resonara un eco repitiendo el nombre de Paty. En las catacumbas del convento con los fantasmas reconstruimos leyendas legendarias, historias de amores surgidos en sus jardines, oraciones clamando por la eternidad del amor. Abajo de la cabaña descendiendo por el camino de piedra, los artistas se reunían en alegres tertulias de teatro, literatura, poesía y música cantándole al amor alrededor de las chimeneas. Entre tlacoyo, sopas de hongos y médula vimos pasar los días sin reloj en mano; sin prisas, sin ansiedades. A lado de la cabaña se erigía la casa de Guillermo López Portillo, más allá, el refugio de pintores y escritores deseosos deseoso de plasmar en sus obras la riqueza de los paisajes esplendorosos; el grato aroma del bosque y sus arroyuelos. Eran domingos de teatro infantil con Yuanih; tardes de café y lectura; noches de plácida compañía y nuevos amaneceres. El viento nos llevó a una nueva casa, a un valle de trigales en otro tiempo; hoy, de cemento y calles de asfalto distante de la Ciudad de México, cerca de Ciudad Satélite. Caminamos en paralelo, siempre de la mano; los proyectos llovieron, la buena fortuna cayó del cielo. Cada canción marcaba un hito en nuestra historia cargando el baúl de recuerdos, viajes, amistades; miles de sonrisas y los ojos de Paty iluminando los senderos floridos. Las olas del mar nos cubrieron; las montañas nos abrigaron y en cada paso escuchábamos las canciones que hablaban de nosotros. Lionel Richie nos repetía al oído: My love, there’s only you in my life; the only thing thata´s bright; you’re every breath that I take; I want to share, al my love with you; no one else will do…; and your eyes, your eyes, they tell me how much you care. Mi endless love; two hearts; two hearts that beat as one; our lives have just begun, forever… Así corrían los 

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días y las noches acumulando melodías y sensaciones inolvidables en cada melodía. Fuimos mimos, ajedrecistas, equilibristas y malabaristas sorteando caminos difíciles para salir airosos en cada batalla. Nos convertimos en el c corazón del otro, en la sangre que inflama nuestros sentidos; fuimos dos fundidos en una misma ilusión. 

Entonces, llegó la tormenta; los vientos huracanados nos lanzaron en busca de otras prioridades, de otros paisajes, de nuevas incógnitas; el viento lanzó a Paty al extremo Norte donde la nieve cubre los bosques y a mí, me lanzó al Sur donde el trópico húmedo se dibuja en múltiples colores. 

Transcurrieron 42 años lejos el uno del otro; los días cambiaron de tono; la luz se mantuvo encendida; pero nuestros pasos ya no se escuchaban mas que en aquellos días donde el viento nos volvía a reunir temporalmente. Nuestras vidas encontraron nuevos caminos; nuevos rostros; perfumes diferentes; las arrugas y las canas se acentuaban; nuestras pieles envejecían; pero ¡AH¡ EL AMOR, el amor no cambia, si acaso se transforma en serenidad, paz, comprensión y aceptación. Así, un día nos volvimos a encontrar en un día de domingo y juntos empezamos a cantar: “Hoy te tengo que encontrar, y sentarnos un momento como antes a conversar en vez de andar a contratiempo. Necesito respirar el aire que ahora te rodea y en la piel, quiero tener el mismo Sol que te broncea; necesito recorrer tu cuerpo y verte sonreír. Y volver a ser los mismos. Ya no puedo más vivir un sentimiento sin sentido. Necesito descubrir esa emoción de estar contigo. Ver el Sol amanecer y ver la vida acontecer como un día de domingo”. 

42 años más tarde nos volvimos a encontrar en miles de conversaciones, palabras sin rencores, caricias amorosas, sonrisas y miradas como las de ayer, como las de siempre. Volvimos a construir nuevas ilusiones, soñando con amaneceres con aroma a café, a libros y nuestros alientos compartidos; volvimos a soñar juntos como cuando compartíamos el mismo sueño en telepatía. “¿Estás bien, te soñé anoche” Y ciertamente, estaba mal, el COVID me lesionó. Y ella lo presentía.  

42 años callando tantas cosas sin oportunidad de gritarlas, mas el amor encuentra en esos recovecos algunas grietas fáciles de abrir como un hule que se extiende y nos deja pasar para abrazarnos y reconocernos hoy como siempre para decirnos un te amo y contigo siempre. ¡Ah, el amor; cuántos misterios encierra; cuantas sorpresas nos depara, y volvemos a estar juntos, para nunca más separarnos. ¿Ah, el amor!, volver al primer amor es eso: una cuestión de amor. 

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