El tesoro botánico y zoológico de Mesoamérica: Una hazaña médica que revolucionó la farmacología mundial / Conciencia y Visión

Dr. Roger Heli Díaz Guillén
En dos artículos de opinión anteriores destacamos el impacto y trascendencia de la magna obra médica, herbolaria y zoológica en la medicina denominada“Historia Natural de la Nueva España”; subrayando que en México se publicó en español años antes de publicarse en Europa, que fue trabajada por Fray Francisco Ximénez en el siglo XVII que denominó “Quatro (portugués) Libros de la Naturaleza y Virtudes de las plantas y animales que están recebidos(portugués) en el uso de la medicina de la Nueva España”; dando continuidad a la interpretación en español de esta obra, Francisco Javier clavijero en el siglo XVIII con la “Historia Antigua de México”
Destacamos el contenido de Diosgenina en planta mesoamericana; de las aportaciones para anticonceptivos orales; así como de la aplicación de plantas como relajantes musculares; continuando en la atención de estos saberes herbolarios en suministros de analgésicos y anestésicos, usando plantas como el Oloquiuhqui y extractos de corteza de sauce (fuente original del ácido acetilsalicílico), que fueron utilizados tempranamente para bloquear el dolor y reducir la inflamación. Así como en el cuidado gastrointestinal donde las civilizaciones originarias descubrieron las propiedades del epazote y otras plantas para combatir paracitos y problemas digestivos, que son prácticasque hoy en día siguen vigentes y validadas por la ciencia.
En este marco de referencia, se reconoce que históricamente la medicina oficial a marginado el conocimiento tradicional indígena de medicina, dando importancia en los últimos años ala labor y sabres de Partería indígena; sin embargo, la Organización Mundial de la Salud OMS reconoce hoy que un tercio de la población mundial sigue dependiendo de los remedios naturales, tal es el caso que instituciones de salud pública como el IMSS han documentado y protegido este legado, reconociendo que son una organización indígena medica coadyuvante al cuidado de la salud pública; siendo válido reconocer que los terapeutas tradicionales como parteras, hueseros, curanderos y hierberos continúan proporcionando atención medica primaria en zonas rurales indígenas y campesinas.
El gran desafío actual es la protección de los derechos colectivos de los pueblos originarios como dueños de estos saberes y contenidos naturales, frente a la biopraxis de la industria farmacéutica. La medicina integrativa moderna redescubre el valor holística de este modelo tradicional donde la sanación involucra no solo el cuerpo, sino la conexión del ser humano con su entorno, tierra, agua y el medio ambiente. El componente botánico es sin duda el pilar más visible de la medicina tradicional indígena.
Estos saberes en la historia han quedado registrados, además de la obra “Historia Natural de la Nueva España” en el Códice de la Cruz-Badiano escrito en 1552, que demostró a los ojos del mundo la sofisticación de la terapéutica prehispánica, donde no solo es botánica sino también zoología, rescatando estos saberes el uso y aplicación terapéutica de las grasas, pieles y ciertas glándulas de animales, que funcionan no solo por su composición química empíricamente comprobada, sino también por el rol simbólico y cultural que representan los animales en la cosmovisión indígena, donde este conocimiento trasmitido de generación en generación a través de la tradición oral y la practica han permitido aliviar desde problemas respiratorios hasta padecimientos muscoloesqueléticos
La medicina tradicional indígena no es historia sino una realidad y práctica diaria, siendo la principal opción de la pobreza y la marginación, así como sustito de carencias de servicios de salud convencional. Este sistema tradicional se enfrenta a la biopiratería y la destrucción acelerada de ecosistemas, la perdida generacional de saberes; siendo oportuno pedir la atención a estos servicios comunitarios como complementarios de atención a la salud pública, atendiendo el componente de agentes de salud comunitaria que va más allá de las parteras que se empiezan a apoyar institucionalmente; incorporando en este reconocimiento y apoyo a los hueseros (quiroprácticos), curanderos, hierberos, sanadores y herbolarlos.
Concluimos destacando que la reivindicación de los derechos de la medicina tradicional de los pueblos originarios, considera por lo menos CINCO ejes sustantivos de atención basado en la libre determinación y vida autonómica de los pueblos originarios:
1) Reconocimiento de saberes y quehaceres de salud en pueblos originarios; instalación de espacios de salud comunitaria y; subsidio básicobasado en el artículo segundo Constitucional.
2) Reglamentación de la salud comunitaria; formación, transmisión y sostenibilidad basado en la libre determinación.
3) Regulación, respeto y sostenibilidad de espacios relacionados con la tierra, el agua y la naturaleza donde florece la materia prima de la medicina indígena y se construye la biocultura;
Paralelo a la atención de los tres ejes antes citados como temas endógenos comunitarios básicos,, prioritaria atención se merece el consolidar la idea del cuarto y quinto ejes de atención propuestos:
Eje 4) Promover la profesionalización de la medicina indígena proponiendo la gestión de una “Licenciatura en Partería tradicional profesionalizada” y una “Licenciatura en Salud Comunitaria Biocultural Profesional” y;
5) Gestión de la protección de los derechos de propiedad intelectual; propiedad genética biodiversa y; propiedad biocultural.


