
Ernesto Gómez Pananá
Durante los últimos ocho años, esta su dominical columna ha sostenido reiteradamente un par de premisas. Por un lado, que luego de la victoria de Morena en 2018, iniciaba la era de la 4ta transformación y que a partir del 1o de diciembre de ese año, el país viviría una época por completo inédita y sin referente previo.
Igualmente, desde la primera victoria electoral de Trump en los Estados Unidos y mucho más en la segunda, he compartido reflexiones que establecen las razones por las que considero que México transitaría períodos no solo inéditos en su relación con nuestro vecino del norte. Y vaya si no, que hoy estamos en una encrucijada inédita e histórica de pronóstico reservado y profundamente crítico, una coyuntura de crisis de la que, de un modo o de otro o de muchos modos, emergeremos transformados, una crisis de la que no es posible sobrevivir con costo cero. Una crisis que, bien que mal también, representa una oportunidad inédita para la presidenta de México.
En la memoria reciente de nuestro país, ni la corrupción ni los vínculos de políticos con el crimen organizado son asuntos desconocidos. Historias como las de Horacio Duarte en Veracruz, Mario Villanueva y Roberto Borge en Quintana Roo, la de César Duarte en Chihuahua, Tomás Yarrington y Eugenio Hernández en Tamaulipas, Andrés Granier en Tabasco y por supuesto Mario Marín en Puebla, por sólo mencionar algunos, confirman que el poder es un opio -un fentanilo brutal- que seduce y cega, y al igual que cualquiera de esas drogas, quien la prueba lo hace pensando que tiene el control y que no habrá costos a pagar. Craso error, ese costo cero no existe.
Pero vuelvo al punto. En los casos referidos arriba, los excelsos personajes fueron procesados y encarcelados de forma “soberana”. La justicia mexicana los encontró culpables y los condenó a purgar sus penas -que no es lo mismo que sus vergüenzas, porque esa no tienen-. Mención aparte podría darse al caso nunca confirmado del reconocido inversionista inmobiliario, también exgobernador poblano y en su momento aspirante presidencial, Don -permítaseme la “D” mayúscula- Manuel Bartlett Díaz, quien muchos años ha vivido con el rumor de que en los Estados Unidos existe un proceso en su contra por nexos con el crimen organizado.
Pero vuelvo al punto, de la larga lista de políticos priístas y panistas encarcelados, ninguno se encontraba como tal en funciones cuando fue incriminado. Todos sus “delitos” se condenaron tiempo después de dejar el cargo y el caso del gobernador de Sinaloa es diferente en ese sentido, en tanto que, encontrándose en funciones, la justicia norteamericana demanda su extradición. No hay muchas opciones enfrente: si la presidenta de México determinara extraditarlo, su autoridad quedaría cuestionada y la soberanía vulnerada, si la presidenta decidiera encabezar la defensa de Rocha y se negara a extraditarlo, correríamos el riesgo de padecer la furia naranja y arriesgarnos a cualquier clase de incursión no autorizada para capturar hoy a Rocha y mañana a cualquier otro presunto inocente -no se ría por favor- que el vecino del norte considere delincuente.
La única ruta que pareciera de menor turbulencia, pasa por lo que ya sucedió, la solicitud de licencia de Rocha a la gubernatura, y debiera seguir con una investigación seria -esta columna NO contiene risas grabadas-, una investigación seria y ajena completamente de empatías político partidistas que privilegie el interés nacional y proteja a la presidenta, una investigación que revise las pruebas presentadas por el gobierno norteamericano y determine si el hoy gobernador con licencia Rocha Moya infringió la ley durante su campaña, si mantuvo relaciones, estableció compromisos o recibió financiamiento de alguno de los grupos de la delincuencia organizada con presencia en Sinaloa, sin soslayar el hecho de que años atrás, a pregunta expresa, el gobernador con licencia Rocha declaró, palabras más, palabras menos, que para gobernar Sinaloa había que contar con el aval del crimen organizado. Eso sin dar por bueno, hasta no comprobarlo, que derivado de ese supuesto aval, los adversarios de Rocha Moya fueron amedrentados previo a la elección y el día de los comicios, células de delincuentes robaron urnas y quemaron casillas para favorecer al candidato de su preferencia, suponiendo también sin conceder que hubiese sido Rocha Moya, el hoy gobernador con licencia que afirma también no tener temor de nada y se dice seguro de su inocencia.
En esta columna no somos fiscales ni policía de investigación, pero es claro que estamos en una coyuntura delicadísima de la que no saldremos solo con discursos o marchas, ni llenando el zócalo en nombre del respeto a la soberanía. Es claro también que el caso debe investigarse con profesionalismo y seriedad y si se demuestra que los señalamientos del gobierno norteamericano tienen fundamento, la justicia mexicana debe aplicar todo el peso de la ley y dejar en claro que este gobierno es efectivamente distinto a los anteriores. Se trata de dar una salida inédita a una crisis inédita y tomar una ruta inédita que convierta el escenario en una oportunidad para fortalecer a la presidenta.
Oximoronas 1. La roya es una plaga que acaba con los cafetales. Para acabar con ella, una de las opciones más efectivas es la de mochar las matas y sembrar otras nuevas. No hay medias tintas. Si no se renueva por completo el cultivo, la plaga se expande. Debe erradicarse a fondo. De raíz. Solo así.
Oximoronas 2. Parece pero chiste pero es anécdota: googlee usted, estimado lectore el nombre de la gobernadora interina de Sinaloa y encontrará las desafortunadas expresiones involuntariamente cómicas de su padrino, si, el gobernador con licencia, don Mocha Roya donde explica cómo la sacó de ser una “meserita” en su pueblo y la impulsó a diputada y posteriormente secretaria de pesca. Ni cómo ayudarle.
Oximoronas 3. Lo dicho, en torno a la presidenta hay colaboradores esmerados -supongamos que involuntariamente- en causarle problemas, pero el caso de Mocha Roya es el extremo. No se vale. Por lo demás, el runos desde hace meses es que la lista de gobernadores o políticos vinculados al narco es larga. Actuar con honestidad y con transparencia es la mejor forma de apoyar a la presidenta.


