
Guillermo Ochoa-Montalvo
Querida Ana Karen:
La ch tiene todo de mexicano, es explosiva, ilativa, recurrente y ocurrente porque nuestro lenguaje, el castellano mexicano, es chispa de alegría de ingenio y a veces, un poco de albur.
Chiapas y Tapachula llevan la Ch con ese mismo orgullo con que una madre de Chespal Viejo chinea su chunco quien se aferra a su chal para no dejar de chupar la chichi que le alimenta, mientras sus chamacas y chiquillos chupan un “chupirul” que antes conocíamos simplemente como pirulí, para que dejen de chillar.
Otros chavos comen chiclosos o mascan chicle mientras chulean a las chavas que pasan con sus chanclas nuevas hacia la choza de doña Chole donde habrán de comer chompipe y chipilín que Chente trajo de Chanjalé Salchijíque muchos tapachultecos gustan de visitar por sus chorros de aguas cayendo de sus cascadas.
Las muchachas están entusiasmadas con la pachanga de esta noche adonde acudirá un chorro de gente que viene de El Chaparrón, de Plan Chanjalé, de Chespal Nuevo, San Antonio y San Juan Chicharras, Chapultepec, Siete Ranchos, Chiripa, El Chapernal, El Gran Chaparral, Toquián Chiquito y muchas otras rancherías y localidades de la zona alta de Tapachula.
Hasta de los Chunitos fueron invitados a subir con todo y chivo para el festín.
—¡Chále!- dijo un invitado al checar cuanta agua de chía se había preparado para la fiesta esperando que no se dejara caer un chubasco que evitara que las carrilleras chiflaran esa noche. La Chabela trajo la chicha, es bebida espirituosa que se fermenta enterrada con maíz y naranja y antes de que les cayera el chahuistle escondieron el pochque don Pancho trajo de Comitán.
Muchos hacían chanchullo a la hora del conquián, otros preferían hacer concha como quien no se da cuenta de que en eso había chivo escondido. Un chucho no dejaba de ladrar a un chilpayate que dormía en un petate.
—Deben ser chinches, le dijo Chana a la Chusi quien molesta le respondió. –Estás mal de la chaveta, ¡chinches, en tu casa! que la mía es una chulada.
Todos chillaban de risa ante la chifladura de las dos que habían chupado más que un chupamirto. La Chusi no entendió la broma y echa la raya salió de la choza llevándose los dos chalecos que iba a lucir esa noche de pachanga.
—Ahora si te van a hacer chantaje, le decía doña Chole a la Chana.
Y mientras esa escena transcurría yo apresuraba los tamales de chipilín. Las chirimoyas, nadie supo cómo habían llegado a la mesa pero todos las disfrutaron. El chico zapote se terminó con tanto chiquitín en un chispazo. Pero los churros con chocolate esos sí la Chata se encargó de esconder para que aguantaran hasta la noche. El Chito dio cuenta la chuleta con chipotle porque sólo había una y sus frijoles con bastante chile también, no los podía perdonar.
La chaviza se reunía bajo los árboles mientras los muchachos brincaban el charco una y otra vez hasta que cayera el primero en el lodazal o alguien se hiciera tremendo chichón. Aquí a nadie le interesa el Chavo del Ocho, ni el chipote chillón, ni Chespitiro es tan conocido con famosa Chilindrina y el Chaparrón.
¡Chanfles! dijo una niña de ciudad, ¿entonces de qué les voy a hablar?
Basta con girar la vista para saber de qué hablar en la zona alta de Tapachula donde abundan a chorros miles de maravillas.
Los changos por acá no existen pero es lo único que falta porque la fauna de la zona es abundante y variada. Muchos chilangos se quedan sorprendidos de tanta belleza y algunos de ellos ha sido tanto su enamoramiento por la región que ya no chutan para el centro.
Chela tomo sus chanclas, se sirvió una chela y corrió a avisar a todos que la fiesta estaba por iniciar. ¡Me chocas! le dijo Cheli, siempre anuncias tú la pachanga.
La noche cayó, el chubasco nunca llegó y las muchachas bailaron al ritmo del chuntata de la música tropical. Mientras en la carretera chocaban dos autos a los que nadie les puso atención porque para la pachanga no hay choques ni cheques que valgan cuando de diversiones se trata que en Tapachula todo es una chulada y una cuestión de amor.


