
José Antonio Molina Farro
La perspectiva de un futuro mejor es una de las mayores motivaciones del ser humano para seguir adelante. Cada uno de nosotros ofrece sentido a su vida, desde diferentes prismas, familia o allegados, profesión, poder, influencias, etc. para seguir adelante. Siempre existe el deseo de mirar hacia el futuro con un propósito. El optimismo de alcanzar dichas metas es lo que nos anima a luchar por ellas, incluso cuando las probabilidades juegan en contra nuestra. Sin embargo, hay una parte de nuestra mente que decide creer y convencerse de que el destino será mucho más enriquecedor que el presente en el que se encuentra, lo que genera sus ansias por avanzar. Se trata de un tema profundamente arraigado en nuestra especie.
Santo Tomás de Aquino resumió perspectivas fascinantes en una sola frase: “La fe se refiere a las cosas que no se ven, y la esperanza a las cosas que no están al alcance de la mano”.
MIRAR EL FUTURO CON CLARIDAD
El filósofo aludía al modo en que los seres humanos percibimos los elementos que están más allá de nuestros límites. En el caso de los físicos la fe es un mecanismo que nos permite atravesar diferentes dificultades en nuestra trayectoria vital y dotar de sentido a las acciones que llevamos a cabo en la misma. Se trata de un concepto que va más allá de lo religioso. Y es la segunda parte de la oración la cual hace referencia a la esperanza, la que justifica dicha corriente. Necesitamos que nuestro tiempo esté invertido en una finalidad concreta para motivarnos a seguir luchando por aquello que queremos hacer realidad.
Creer es parte de lo que nos hace humanos. Y precisamente esperar que lo mejor está por llegar y trabajar porque ello suceda supone un trago de energía clave, incluso cuando nada sale como esperábamos y deseábamos. Es un pensamiento que supera lo tangiblepara traerlo a esta capa de la existencia.
P. D. Marcel, filósofo cristiano de la esperanza, nos da una bella definición de la misma: “Es dar un crédito a la realidad como portadora del futuro”. Luchar por lo que vale la pena luchar, sin desmayar, a sabiendas de que habrá luz al final del túnel.


