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Mariela con celular en la mano / Al Sur con Montalvo

Mariela con celular en la mano / Al Sur con Montalvo
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Guillermo Ochoa-Montalvo 

Querida Anna Karen, 

Mariela aprendió a oprimir los comandos del celular a los pocos meses de nacida. Ramona, su joven madre presumía esa habilidad, calificándola de ser “muy inteligente”. Mientras Mariela mira películas, su madre lava y plancha ropa ajena; lejos de su humilde colonia. Ella sueña con ver a su hija limpia, bien vestida y educada en buenos colegios como los hijos de sus patronas.  

El timbre del celular repica y al tratar de responder, ve a su hija azotándolo contra el suelo. “¡Bebé!, no golpees el teléfono, mira que por aquí, me localizan los patrones”. La madre utiliza el teléfono para acudir a lavar aquí; limpiar una casa, allá; planchar, acullá. Mientras, Mariela se entretiene viendo películas infantiles con el celular y con las chanclas gastadas de su madre.  

Mariela distingue las diferencias de los niños del kínder. Las niñas y niños la evitan. “No juegues con la mugrosita, sea que te contagie algo”, les dicen a sus hijos. Solamente, María le presta sus muñecas. 

<Aunque no tenga cabeza, yo sería feliz con esa muñeca.>, piensa Mariela.  

Mariela aprendió pronto a explorar en la Internet. Al buscar sus caricaturas, se encontró; la imagen de “Blanca Nieves”, una caricatura de adultos. Mariela, juega con el celular en la mano sin la supervisión de su madre quien trabaja afanosamente para alimentar a su hija y pagar colegiaturas en las escuelas adonde asisten los hijos de su patrona; aunque Mariela crece insegura y con temor de ser despreciada por los hijos de los patrones.  

¿Cuántos años tienes Ramona?, le pregunta el dueño de la casa y ella responde, “voy a cumplir veintiuno el próximo mes”.  “Muy chica para tener una niña de cinco”, contesta el hombre quien la mira lascivamente; pero ella continua con sus quehaceres. Mariela enriqueció su vocabulario se con tanta película del celular, con la cual su madre la entretiene para evitarle los desaires de las niñas y niños bien vestidos donde trabaja “No jueguen con la hija de la gata, debe estar piojosa”, escuchó decir a la patrona a sus criaturas.  

Una tarde, mientras la madre planchaba, Mariela, le pregunta: “mami, ¿qué es follar?”, Ramona, en su ignorancia, le responde: “son juegos de adultos, es como meter el dedo en la otra mano, le dice, formando un círculo con los dedos de la otra mano. Es meter y sacar el dedo. Y Ramona sigue planchando, sin poner atención a lo que la niña observa. Mariela se fue aislando de los niños de su escuela. Mala decisión ingresarla a un kínder caro donde la discriminación duele y lacera las emociones.  

En la primaria, una amiga le mostró las paginas de porno y cómo acceder a ellas. Pronto descubrió un placer extraño y una necesidad de ser tocada por su compañero de banca. Al día siguiente, cursando el segundo año, Mariela se animó a tocar a su compañero de banca, y él, le correspondió.  

Al paso del tiempo, ingresó a la secundaria. Por sus buenas calificaciones, Ramona le regaló un celular. Ahí, e primero de secundaria, conoció a un niño quien, la acariciaba debajo de su falda. Mariela experimentó una extraña sensación placentera. Susana, su compañera, le mostró las páginas de OnlyLive que su padre solía visitar. Al cumplir los trece, contactó por el Streaming a un joven mayor que ella. Se citaron en el parque. El joven, le mostraba su sexo, la invitaba a saborearlo. Así fue como días después la penetró y ahí, conoció los placeres de la carne exacerbando su deseo por conocer a otros chicos. Buscó en el streaming a chicos de su edad, aunque siempre resultaban mayores que ella.  

Otra tarde, contactó a un hombre que la condujo a un hotel cercano al parque central de Comitán, después de disfrutar una larga sesión de sexo, el hombre le entregó 500 pesos. “¿Qué es esto?”, preguntó extrañada. “Es lo que puedes ganar haciendo esto que te agrada tanto”, le respondió el enganchador de niñas.  

“¿Alguien paga por follar?”, preguntó, inocentemente a lo que el señor, le respondió: “¡Claro!, ¿no sabías?  Haciendo lo que más te gusta, podrías juntar mucho dinero.  

Mariela, se entusiasmo, pensando qué al ganar dinero, podría mantener a su madre aparándola de los servicios domésticos que brindaba. ¿Y qué debo hacer?, preguntó Mariela. El señor le contestó: “Es muy sencillo. Yo buscaré a las personas desde tu celular, les dirás que eres virgen, que solo tienes 14 años, y así les cobraremos mil pesos; quizá te den más. Le indicaremos el lugar donde pasará por ti en su auto, moto o a pie. En tu celular activaremos tu localización. Cuando terminen, me llamas y te esperaré afuera del hotel. En caso de peligro, me marcas y acudiré diciendo que soy tu padre y tú, una menor de edad. A cambio de cuidarte, me darás la mitad de lo que te paguen, ¿estamos?”, concluyó de explicarle.  

Las chicas como ella, se instalaban en alguna banca de la avenida esperando a su cliente. Mariela salía de casa con su uniforme escolar cargando su mochila, se ubicaba en algún punto conocido de la ciudad y ahí esperaba a su cliente. En poco tiempo, reunió el dinero suficiente para dárselo a su madrecita con el fin de sacarla de trabajar en las casas ajenas.  

La madre le preguntó si vendía drogas y Mariela le respondió que no. Hago diseños en internet y los cobro bien, le explicó a su madre. Ramona le creyó confiando en sus habilidades. 

Un año después, Mariela llegó a casa con una hemorragia provocada por una enfermedad venérea. En ese momento, Ramona conoció la verdad del oficio de su hija. La trató a base de tés de milenrama, la canela, la bolsa de pastor y el agnus castus que Ramona tomaba para calmar sus malestares menstruales. Eno quiso acudir al médico ni al hospital temerosa de ser interrogada por la policía. Ramona la condujo a Oaxaca a casa de su abuela. Un médico de la familia la atendió y logró salvarle la vida, aunque quedó estéril para tener hijos. El tipo, al enterarse, desapareció de la ciudad. 

La falta de supervisión de los hijos al usar los celulares, los pone en grandes riesgos y peligros de diferente manera; afecta a sus emociones y los hace crecer demasiado rápido sin disfrutar su infancia. La UNAM advierte “El uso de celulares sin supervisión en niños conlleva graves riesgos como adicción, problemas de conducta, aislamiento social y exposición a contenidos inapropiados. Puede causar bajo rendimiento escolar, déficit de atención, trastornos del sueño, sedentarismo y problemas de visión, limitando su desarrollo neurológico y creatividad. Impacta en la Salud Mental y Conducta provocando alto riesgo de ansiedad, depresión, conductas adictivas, baja autoestima y déficit de atención por el consumo de contenidos rápidos y no supervisados. Además, el acceso a contenido violento, sexual o inapropiado, exposición al ciberacoso y riesgos de ser contactados por depredadores sexuales. El sedentarismo provoca obesidad infantil, trastornos del sueño por la luz azul que altera la melatonina, fatiga visual y problemas de postura. También contribuye al aislamiento y falta de habilidades Sociales con menor interacción física y social, dificultad para reconocer emociones y aislamientos del entorno familiar. 

Por otro lado, se observa dificultad para diferenciar realidad de fantasía, reduce el pensamiento crítico y presenta atrofia en el desarrollo motor y creativo debido a la falta de juego activo. 

La supervisión estricta de los padres sobre los hijos al emplear el celular no es un acto de represión sino una cuestión de amor. 

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