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Ágora: donde el Poder se cuestiona

Ágora: donde el Poder se cuestiona
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Juan Carlos Toledo 

Pesca en Chiapas: el naufragio tiene nombre… y oficina

En Chiapas, el sector pesquero no se está hundiendo por causas naturales. No es el clima, no es el mercado, no es la falta de experiencia de los pescadores. El problema es más terrenal, más identificable… y más incómodo: la incompetencia instalada en la Secretaría de Pesca y Acuacultura del Pueblo.

Y sí, hay que decirlo sin anestesia.

Mientras el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar intenta sostener un discurso de cercanía con el sector, de reactivación económica y de compromiso con los pescadores, en los hechos hay una dependencia que camina en sentido contrario: lenta, desarticulada y, peor aún, convencida de que está haciendo historia.

Historia, sí… pero de cómo no se debe gobernar.

Porque si algo queda claro al revisar el pasado reciente, es que Chiapas ya había hecho cosas —con aciertos y errores— que hoy simplemente no existen. En los sexenios de Pablo Salazar Mendiguchía, Juan Sabines Guerrero y Manuel Velasco Coello, el sector pesquero tenía al menos tres cosas básicas: operación, presencia institucional y apoyos productivos.

No era perfecto. Pero funcionaba.

Hoy, ni eso.

El dragado —esa bandera que se presume como “logro”— es, en realidad, un déjà vu mal ejecutado. Misma idea, peor implementación. Insistir en limpiar sin atender el origen del azolve es repetir el error con más prisa y menos entendimiento.

Pero el mejor ejemplo del abandono no está en el discurso… está en las instalaciones.

El CEACH —ese laboratorio que durante años fue pieza clave para la producción acuícola— hoy es el retrato más claro de la inoperancia. Tras la ruptura con la empresa Río Yaqui, no hubo plan, no hubo transición, no hubo capacidad de reacción. El resultado: instalaciones inservibles, producción detenida y una cadena productiva que quedó en el aire.

En términos simples: dejaron morir un activo estratégico.

Y eso no es menor. El CEACH no era un lujo, era un motor. De ahí salían insumos fundamentales para sostener la producción. Hoy, su ausencia explica por qué en todo un año apenas hubo entregas simbólicas. No es casualidad, es consecuencia.

A la par, los centros piscícolas operan a medias —cuando operan— y el único que intenta sostener la producción lo hace al 50% de su capacidad. Y lo poco que sale, sale mal: crías “mixtas” que no alcanzan talla comercial. Es decir, un apoyo que nace destinado al fracaso.

Pero si el problema fuera solo técnico, todavía habría margen de corrección.

El fondo del asunto es más profundo.

La Secretaría, encabezada por Judith Torres Vera, ha mutado en una estructura donde importa más el control interno que el impacto externo. Donde la disciplina se confunde con autoritarismo y la presencia con productividad.

Ahí están las escenas que se repiten: personal técnico haciendo tareas que no le corresponden, directivos sin rumbo claro, jornadas extendidas sin resultados y una burocracia que crece mientras el sector se encoge.

Y mientras tanto, afuera, la realidad avanza.

No hay inspección ni vigilancia.  

Regresan prácticas prohibidas.  

No hay capacitación.  

No hay insumos.  

No hay dirección.

Pero eso sí: hay discursos.

Lo verdaderamente delicado es que esta cadena de errores ya no se queda en la Secretaría. Empieza a escalar políticamente. Porque cada promesa incumplida, cada programa desaparecido y cada productor afectado termina impactando la narrativa del propio gobierno estatal.

Y ahí es donde el costo se vuelve serio.

Porque el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar puede tener la voluntad —y todo indica que la tiene—, pero una mala ejecución no solo frena avances: también erosiona credibilidad.

Hoy el sector pesquero no está pidiendo más discursos. Está pidiendo resultados.

Y en este momento, no los hay.

Si no hay un golpe de timón real —no de forma, sino de fondo— lo que viene no será sorpresa: inconformidad organizada, presión social y un sector que dejará de esperar para empezar a exigir.

Porque cuando se deja caer un laboratorio, se abandonan los centros productivos y se administra sin rumbo… el problema ya no es técnico.

Es político.

Y ese, siempre termina saliendo a flote.

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