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Los otros conquistadores / A Estribor

Los otros conquistadores / A Estribor
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Juan Carlos Cal y Mayor

Chiapas: poder, continuidad e identidad

Aunque muchos insisten en la visión victimista y la idea de la opresión, lo cierto es que particularmente en Chiapas —y ello se explica por la presencia de las llamadas culturas vivas— lo que ha prevalecido es un proceso de integración que sigue manifestándose hasta nuestros días.

Si algo distingue a Chiapas dentro del proceso de la Conquista, es que aquí no hubo una narrativa lineal ni un desenlace uniforme. Fue, más bien, un proceso de reconfiguración del poder en el que distintos pueblos indígenas jugaron un papel activo, no como espectadores, sino como actores que incidieron en el rumbo de los acontecimientos.

La llegada de Diego de Mazariegos no encontró un territorio unificado, sino una región fragmentada en múltiples señoríos, con relaciones complejas entre sí. Esa realidad preexistente es clave para entender lo que ocurrió después.

RESISTENCIAS Y EQUILIBRIOS

El episodio del Cañón del Sumidero, asociado a los Chiapas (pueblo chiapaneca), ha sido elevado como símbolo de resistencia. Y lo es. Pero no representa a toda la región, sino a una parte de ella.

Otros pueblos optaron por rutas distintas, no como reacción, sino como participación dentro de un nuevo equilibrio político que ya estaba en formación.

LOS ALTOS: CONTINUIDAD DEL PODER LOCAL

En los Altos de Chiapas, pueblos como los Zinacantecos y otros grupos mayas no desaparecieron como estructuras políticas. Por el contrario, muchos de sus liderazgos fueron incorporados al nuevo orden, conservando funciones, influencia y control sobre sus comunidades.

Aquí no hubo una ruptura total, sino una transformación en la forma de ejercer el poder. Las élites indígenas locales no fueron desplazadas sistemáticamente; en muchos casos, se adaptaron y continuaron operando dentro de una nueva lógica institucional.

PRESENCIA TLAXCALTECA Y REPOBLACIÓN

La participación de los Tlaxcaltecas en Chiapas es otro elemento fundamental. No solo intervinieron en las campañas iniciales, sino que también formaron parte de procesos de asentamiento y organización territorial. El barrio de Tlaxcala en San Cristóbal de las Casas es una huella concreta de esa presencia.

Esto implica que la estructura colonial no se construyó únicamente desde fuera, sino también con la participación de pueblos indígenas provenientes de otras regiones que ya formaban parte de la expansión del nuevo orden.

CONTINUIDAD QUE EXPLICA LA IDENTIDAD

Y es precisamente ahí donde está la clave. Chiapas no conservó su identidad a pesar de la Conquista, sino en buena medida gracias a la forma en que se dio. La permanencia de estructuras comunitarias, de autoridades locales, de lenguas y tradiciones no fue un accidente histórico: fue resultado de esa continuidad en el ejercicio del poder y en la organización social.

No se trató de una sustitución total, sino de una superposición. El mundo indígena no desapareció; se transformó, se adaptó y, en muchos casos, encontró mecanismos para preservarse dentro de un nuevo marco político y religioso.

LO QUE SOMOS

A eso se debe su supervivencia. Y también su identidad. Chiapas es, quizá más que otras regiones, un territorio donde el pasado no fue borrado, sino reconfigurado. Donde lo indígena no quedó como vestigio, sino como presencia viva. No como recuerdo, sino como continuidad.

Y entenderlo así no solo cambia la forma en que miramos la Conquista. Cambia, sobre todo, la forma en que nos entendemos a nosotros mismos.

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