
Sr. López
Tío Macario, allá en Autlán, era grosero, malmodiento y macho de dar asco. Siempre trajo a mal traer a tía Cuca y a sus nueve hijos, cinco niñas y cuatro varones que ya crecidos, le dijeron que mejor se fuera del pueblo porque tenían muchas ganas de ya ser huérfanos. Se fue. Felicidad.
Sin pudor, la Presidenta Sheinbaum amenaza a los legisladores que se atrevan a no aprobar completo su Plan B de reforma político-electoral, diciendo que “la gente sancionará” (léase, ella misma), y en la anterior que no le aprobaron, acremente desacreditó a los tres legisladores de Morena que no votaron a favor de su Plan A.
Supongamos que esta iniciativa sea más buena que el pan con nata, aceptado, pero en democracia eso no significa que sí o sí, las apruebe el Poder Legislativo… ¿o sí?
Gente seria sostiene que la soberanía del poder legislativo, del congreso, es garantía de gobiernos débiles. El nada frívolo pensador alemán Carl Schmitt(1888-1985), afirma cosas que llaman la atención.
Sostiene que la idea de la democracia representativa es una babosada (no es cita), porque esa representatividad es posible solo si la nación, la gente, toda la gente, es homogénea, quiere lo mismo, coincide en todos sus intereses, cosa imposible.
Don Schmitt dice (no son citas), que la democracia no se fundamenta en la libertad sino en la hegemonía. Que el poder legislativo al estilo Locke o Montesquieu, como lo conocemos, no representa a todos y sirve para que se imponga la clase, partido o grupo dominante. Que en el poder legislativo se enfrentan intereses contrapuestos por lo que en lugar de razones que llevan al mutuo convencimiento, se dan negociaciones en su peor sentido, no necesariamentejustas ni equitativas (que no, que no son citas, pero eso dice).
Afirma Schmitt que democracia y pluralidad, son irreconciliables, que solo la imposible homogeneidad es democrática; que en el parlamento, en el congreso, no se dan las discusiones legislativas, sino afuera, mediante pactos, tratos de mutuo interés que se llevan a votación, como un acto de simulación, al estar previamente acordados los asuntos.
Sostiene el Schmitt que el verdadero poder legislativo, el congreso, el parlamento, solo existen para encubrirla dictadura de la mayoría que es la que puede decidirqué es legal o cambiar las leyes como quiera y le convenga a esa fuerza mayoritaria, hegemónica.
Se estudian los libros de don Schmitt porque no se pueden negar sus observaciones: no poco de lo que dice, describe los vicios de la democracia. No escribió pensando en nuestro Congreso, pero lo describe, al pelo, como anillo al dedo nos vienen sus críticas.
La cosa es que sus conclusiones no faltas de rigor intelectual, carecen de ética, desprecian los valores cívicos que permiten abrigar la esperanza del buen gobierno. Casi olvida este menda decirle un detalle: Carl Schmitt era nazi, del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, el de Hitler.
No lo sabe la Presidenta, lo suyo es la física (y se lenota). Tampoco sabe que quien siempre va a la izquierda, llega a la derecha. Eso le pasó al comunista Stalin, que acabó siendo zar; a Mao que se convirtió en emperador; a Fidel Castro que mutó en lo que derrocó, un dictador bananero. No falla.
Las convicciones políticas sin decencia, sin moral individual, sin ética pública, sin marco democrático real, terminan en alguna variante del totalitarismo, deldespotismo, en la tiranía que abusa e impone su voluntad.
Por esos rumbos anda la Presidenta Sheinbaum, siguiendo los pasos, el caminar, como loba en celo, de su mentor, el de los abrazos, al que la muy seria organización mundial con sede en Londres, Index on Censorship, denominó en el año 2022, como “Tirano del año”. Todo se nos olvida.
Queda en la historia este gobierno transformador, ya en su octavo año, por haber deformado al Poder Judicial, hoy partidista; por haber desaparecido los órganos constitucionales autónomos de control.
Por esos rumbos anda la señora del segundo piso, cuando manifiesta su deseo de que el Congreso le apruebe una reforma que salió de sus presidenciales naguas, para con la excusa de la consulta de revocación de mandato, en la misma fecha que las elecciones del 2027, hacer campaña electoral, con todas las ventajas que da ser Presidenta de México, y subir la votación de Morena para prevalecer en las dos cámaras legislativas.
Las intenciones de doña Sheinbaum están a la vista, ya con el Poder del Bienestar a sus órdenes, iba con su Plan A por el Congreso, con lo que México sería un país de un solo poder, el Ejecutivo. No se le concedió. Ahora con el Plan B, va por invadir-violar la soberanía de los estados y la autonomía de los municipios. Qué necedad.
Ojalá cayera en manos de la doctora en física que nos gobierna, algo de literatura sobre política para que al menos en el plano teórico le vaya entendiendo al asunto. Un ejemplo entre muchos, ‘Esencia y valor de la democracia’, del austriaco Hans Kelsen (1881-1973), para que se entere que si son aprobadas las iniciativas de ley surgidas de arriba del poder, en nuestro caso de sus presidenciales naguas, esa forma de Estado se llama autocracia; y que solo cuando las leyes son aprobadas por un poder legislativo, elegido libremente, el Estado es democrático. Dice Kelsen que solo hay esas dos formas de gobierno: autocracia y democracia.
Sostiene herr Kelsen que en democracia, la victoria de una mayoría, no equivale a derecho de aniquilar la minoría, que respetarla da legitimidad a la mayoría. Sí, doñita, sorpréndase, solo hay democracia donde hay oposición. Por supuesto las mayorías están para facilitar las acciones de gobierno, pero las minorías juegan el importante papel de crítica y control.
Nadie dé por muerto el Plan B, doña Sheinbaum en el Senado necesita 86 votos para la mayoría calificada; Morena son 67, el Verde, 14, suma 81 legisladores, le faltan cinco nada más para salirse con la suya. Van a echar de menos a Adán Augusto, él aprendió con el mejor y sabe trabajar muy bien en el albañal.


