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El agro mexicano de cara al T-MEC

El agro mexicano de cara al T-MEC
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Ernesto León Espinosa

Han iniciado ya y desde el miércoles de la semana pasada, las rondas negociadoras del T-MEC, encabezadas por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ante sus pares de los Estados Unidos. Un proceso para el cual y en el mejor de los escenarios, se tiene previsto que para el mes de julio pueda llegarse a firmar el próximo acuerdo comercial con Norteamérica.

Un tratado en el que, y entre otros temas de suma relevancia, es vital asegurar la continuidad de la producción agroalimentaria nacional, no sólo como una cuestión de economía, sino de seguridad nacional.

Lo anterior, en tratándose de una agenda en la cual está presente la seguridad alimentaria del país y para la cual se analiza la capacidad de México para sostener su balanza comercial, de cara a unos socios que por igual buscan elevar su cuota de mercado de manera agresiva.

En este escenario, el agro mexicano se presenta como un sector estratégico que, a pesar de no haber dejado de crecer, ha permanecido en el abandono por parte de sucesivos gobiernos federales. En ese entendido, ahora deberá de ser impulsado con inteligencia, tal y como aconteció con su predecesor, el llamado TLC, que tantos beneficios acarreó al sector.

Se trata de una nueva oportunidad histórica para volver a posicionar al campo mexicano como punta de lanza de la economía nacional.

Una cuestión en la cual, hay que subrayarlo, Chiapas nuevamente pasó de noche en la construcción de la agenda del tema, participando escasamente y de manera anecdótica en la realización de las consultas públicas del T-MEC donde se recogieron las propuestas. 

Ni las instituciones de educación superior, como la benemérita UNACH, hicieron nada sobresaliente y digno de tomar en cuenta. Pero eso ya es historia y ahora sólo habrá que conformarse con que Chiapas —al cual el campo le ha dado mucho al desarrollo del estado a lo largo de más de 200 años—, tenga que seguir esperando una actitud más proactiva de parte de funcionarios y de las instituciones de educación y sus instancias de investigación y análisis. Que por supuesto muchos de nosotros ya no veremos nuevamente está oportunidad de aportar. Hay para la otra .

Algo en verdad lamentable, sobre todo si pensamos en los datos de la economía agrícola del estado y en la mayor y más adecuada proyección del sector hacia el estratégico mercado comercial con Estados Unidos y Canadá:

Uno.- Chiapas exporta aproximadamente 136 millones de dólares a Estados Unidos, lo que equivale a alrededor de 2,300 millones de pesos mexicanos (considerando un tipo de cambio de 1 USD = 17 MXN).

Dos.- Los principales productos exportados por Chiapas a Estados Unidos son:

– Bananas y plátanos: 79.5 millones de dólares

– Café: 54.5 millones de dólares

– Frutas frescas o secas: 29.8 millones de dólares

Tres.- El 84.6% de las exportaciones de Chiapas se dirigen a Estados Unidos, lo que representa una alta dependencia del mercado estadounidense.

Consideraciones que de cara a la negociación del T-MEC, insistimos, no motivaron a casi nadie aquí y en sus áreas afines al tratado de participar de modo directo y efectivo en la estrategia negociadora del sector agrícola. Ni hablar.

Si no, veamos la realidad contundente que se avecina para el segundo semestre de 2026. En primer lugar, el sector de granos no cederá espacio en las negociaciones. Los productores de EE. UU. y Canadá aprovechan la madurez del acuerdo de 1994. Como resultado, envían volúmenes récord que desafían al campo mexicano. Debido a esto, es imperativo garantizar el flujo de suministros mediante una defensa técnica sólida.

Tal es la escena en la cual el agro mexicano entra a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, bajo presión intensa, toda vez que para algunos productores de Estados Unidos, las exportaciones agrícolas de México ya no representan solo un caso de éxito comercial, sino un problema de fondo que combina competencia estacional, diferencias de costos laborales, controles sanitarios y reglas ambientales.

De ahí que no sea exagerado decir que el campo mexicano aparece como uno de los frentes con mayor riesgo político dentro de la negociación comercial de América del Norte.

Al menos así quedó plasmado en el reporte que el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, presentó al Congreso. Ahí señaló que, durante la consulta pública, surgieron posturas que piden usar la revisión del T-MEC, para imponer restricciones a las importaciones agrícolas estacionales provenientes de México.

A nuestro parecer, la actitud de los estadunidenses refleja la presión directa de sus productores que atribuyen su pérdida de competitividad al acceso preferencial de frutas y hortalizas mexicanas bajo el Tratado. Como ejemplo, están los casos de las moras, el arándano azul y la frambuesa.

Mientras los productores de Washington venden la frambuesa entre 2.70 y 2.80 dólares por libra, la fruta mexicana se ofrece alrededor de 1.50 dólares por libra, una brecha superior a 40%.  Qué tal eso.

Luego entonces, la renovación del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) resulta crucial para México, ya que representa el pilar de su comercio exterior, con más del 80% de sus exportaciones dirigidas a Estados Unidos. Por eso decimos hizo falta más interés de nuestras instituciones locales de centros de investigaciones de estudios superiores y sus titulares.  

¿Qué está en juego en el T-MEC?

– Exportaciones: México podría perder acceso preferencial a mercados clave, lo que afectaría su economía y empleo.

– Inversión extranjera: La incertidumbre podría disuadir a inversores extranjeros, impactando el crecimiento económico.

– Energía: La dependencia de México del gas estadounidense podría generar problemas de suministro y precios.

LOS RIESGOS SI NO HAY TRATADO

1. En cuanto a los aranceles, Estados Unidos podría imponer aranceles a las exportaciones mexicanas, lo que aumentaría los costos para los consumidores estadounidenses y afectaría la competitividad de las empresas y productos mexicanas.

2. Revisión anual: Si no hay acuerdo en 2026, el T-MEC se someterá a revisiones anuales, lo que generaría incertidumbre y podría afectar la inversión.

3. Rupturas comerciales: En el peor de los casos, México podría enfrentar rupturas comerciales y perder acceso a mercados clave.

Imposible pasar por alto que casi tres cuartas partes de las importaciones agrícolas estadounidenses provenientes de México consisten en verduras, frutas, bebidas y licores destilados, donde Chiapas mucho puede aportar.

A todo lo anterior y entre los retos que supone lograr un T-MEC justo para México, debe añadirse la presión estadounidense sobre productos agroalimentarios procesados, donde Estados Unidos expresó preocupación por la protección otorgada por México a términos de carne y queso a favor de la Unión Europea, al considerar que limita el acceso de productores estadounidenses al mercado mexicano

El panorama presentado deja claro que, para Washington, varios temas agrícolas vinculados a México permanecen sin resolverse dentro del T-MEC y lo que se pueda sacar de ventaja, es otro reto significativo para el equipo que encabeza Marcelo Ebrard y donde al parecer no hay un solo chiapaneco en ese equipo.

Aún falta camino por recorrer en el curso de las negociaciones del T-MEC y los mexicanos debemos estar muy atentos, porque en ese gran acuerdo comercial, el segundo más grande del planeta, está comprometido el presente y el futuro de la nación.

*Presidente del Consejo Directivo de la Unión Estatal de la Pequeña Propiedad del Estado de Chiapas (UEPPECH)

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