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Por nuestro bien / La Feria

Por nuestro bien / La Feria
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Sr. López

Filósofos, juristas, pensadores, políticos, jefes de Estado y tía Cata, allá en Autlán, han reflexionado sobre la libertad. No entremos en disquisiciones y enredos, todos entendemos qué es la libertad (para tía Cata la libertad era el dinero, su dinero, por eso tío Carlos tenía prohibido poner un pie en su enorme abarrote, ‘su’ de ella).  

Todos somos libres y entendemos -excepto los que padecen averías de sesera-, que la libertad no es total, que nadie es libre de robar, de matar o de circular en su coche en sentido contrario en una autopista. Sí, haylímites válidos a la libertad.

Hay dos maneras de defender la libertad personal: a balazos o en tribunales que la hagan valer.

Los balazos son de probada eficacia pero también sirven para violar la libertad de otro. Por eso la gente civilizada prefiere los tribunales. Y ahí tuerce la puerca el rabo: los tribunales (el Poder Judicial), son parte del Estado y aplican las leyes que hace otra parte del mismo Estado (Poder Legislativo), leyes que con frecuencia propone-impone la parte más poderosa del Estado (el Poder Ejecutivo).

Pero, ¿existe el Estado?… no, no existe el Estado, no tiene existencia real, independiente de que uno lo conozca o no (este junta palabras no conoce a ni un chino de China y no por eso no existen, sí existen, tienen existencia ontológica, real). No existe el Estado, no hay un señor grandote y fortachón que sea el Estado; lo que existe es el grupo de personas que gobiernan un país, a eso llamamos Estado.

Ese es el intríngulis: esos que tienen el poder y son el Estado, pueden ser santos o demonios; medio honestos o medio bandidos; pero todos, eso sí, todos los que tienen el poder, todos los que se hicieron con el gobierno de un país, quieren conservar poder y gobierno… y no es muy raro que para conseguir eso, hagan barbaridades.

No se trata de abstracciones. A lo largo de la historia del mundo, gobernantes y gobernados, han entrado en conflicto, habitualmente por abusos de los gobernantes que incomodan a los gobernados.

No se tiene noticia de ninguna revolución ni alzamiento popular contra un buen gobernante y los ha habido, muy queridos por la gente: Federico II en Prusia, ‘El grande’, ‘El primer servidor del Estado’; o Alfonso XII de España (doce, no confundir con el trece que metía la pata como respiraba); y hay otros, como el gigante Mustafa Kemal Atatürk de Turquía; el justamente venerado Franklin D. Roosevelt; o Ángela Merkel que gobernó Alemania 16 años y la gente, allá, se refería a ella como ‘mutti Merkel’… mamá Merkel, más bien dicho, mami Merkel (y no se imagine que doña Ángela era un flan, para nada, gobernó con mano firme).

Regresemos a lo que suele suceder: el Estado, el gobierno, casi siempre pretende controlar a la población y eso se hace a palos o a la chita callando. El Estado necesita quitarle dinero a la gente, cobrar impuestos y eso se consigue a la fuerza (intente razonar con el SAT). También limita derechos; en el caso de nuestra idílica patria usted no es realmente propietario de su terreno, porque según el artículo 27 de la Constitución, la propietaria es “la Nación”, que tiene “el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada”.

Entendamos: “la Nación” le transmite a usted el dominio del terreno que compró, pero quién es “la Nación”… es el gobierno, los que se hicieron con el poder y gobiernan (¿o en el registro Público lo atiende la Nación?, no, burócratas a las órdenes de los gobernantes). Por eso el tercer párrafo de ese artículo, empieza diciendo: “La nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público (…)”; en todo tiempo… imponer… modalidades.

Y eso de “transmitir el dominio” se aclara al leer elartículo 348 del Código Civil: “La propiedad es el derecho de gozar y disponer de una cosa, sin más limitaciones que las establecidas en las leyes”. Gozar y disponer con limitaciones. Caray. Acuérdese al pagarel impuesto predial: le está pagando renta por su terreno (y su casa), al gobierno, a los señores gobernantes. Nota de mala fe: también le paga renta por su coche, que eso es la “tenencia”… y es su coche.

Igual nos van quitando libertades, derechos. Con qué autoridad los gobernantes mandan que nos escondan el salero en los restaurantes. Piénsele.

Pero hay algo mucho más serio, en el mundo y en México. A poca gente le quita el sueño y está directamente relacionado con la libertad individual: el uso del dinero en efectivo.

En el sexenio pasado, el Pejecutivo nos limitó cuánto dinero en efectivo es legal por ejemplo, para pagar una propiedad, un coche, una joya. Y desde ese límite solo puede pagar mediante transferencia, cheque o algún otro instrumento bancario, ¿Para qué?, para controlar a la gente privándola de su legítima privacidad, del anonimato que da el dinero. La excusa es combatir al crimen organizado… si Chucha, los narcos se carcajean de estas babosadas. Y también puso límite a cuánto dinero puede usted depositar en el banco (después de 15 mil pesotes, le avisan al SAT), por eso el “carrusel” de depósitos chiquitos en efectivo a sus cuatroteras cuentas, nunca se le olvide.

El jueves pasado, la presidenta Sheinbaum, en la Convención Bancaria, anunció muy oronda que la gasolina y las casetas de peaje, este mismo año, ya no se podrán pagar en efectivo. Lindo. Siguen acogotándonos. Y tan frescos.

Para entender cosas que tienen enredo, viene bien llevarlas al absurdo. Mire, pregúntese qué pasa si todo se puede pagar en efectivo: nada. Ahora pregúntese qué pasa si nada se pudiera pagar en efectivo, si siempre tuviera que usar tarjeta o el iris del ojo, que para allá van… estaría usted en manos del gobierno que si le pega la gana le impide pagar nada, le bloquea al instante todo su dinero, el de su empresa, el de su familia.

Eso se llama Estado autoritario y así, de a poquitos, para allá vamos, en nombre de que nos están cuidando, que es por nuestro bien.

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