
Carlos Perola Burguete
El camino hacia la erosión de una república desde los grupos políticos, no suele anunciarse con estruendo, eso sólo lo hace el imperio de Donal Trump, sino que lo realizan con pequeños gestos de hipocresía que, con el tiempo, se convierten en la norma.
En México, ese camino comenzó a allanarse en el recinto de San Lázaro cuando la clase política, en su conjunto, tuvo la oportunidad de predicar con el ejemplo. La propuesta del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador era clara: que nadie ganara más que el presidente, un principio de austeridad republicana elevado a rango constitucional.
Sin embargo, en esa Cámara de Diputados se gestó el primer gran engaño. No se atrevieron a bajarse sus propios salarios y, aunque aprobaron la reforma, tejieron un entramado de trampas y comisiones que la volvieron letra muerta.
Fue la primera señal de que las élites políticas aceptan el cambio solo si no tocan sus privilegios.
El Camino de la Simulación y el Control, continúo.
Más tarde, con Claudia Sheinbaum, se intentó un nuevo paso: la austeridad en los partidos políticos. La propuesta de igualar recursos y desvincularlos del número de votos buscaba democratizar el acceso a la política y reducir el despilfarro. Pero de nuevo, los intereses de grupo prevalecieron sobre el interés nacional. Al no llegar a acuerdos, la iniciativa naufragó, demostrando que los partidos, incluidos los de la autollamada transformación, son reacios a tocar el nervio del dinero.
Hoy, el escenario es más grave. Asistimos al llamado “Plan B”, un acuerdo entre la presidenta Claudia Sheinbaum, la dirigencia de Morena y sus aliados (PT y PVEM) para imponer una reducción y mayor vigilancia sobre los presupuestos de gobiernos estatales y ayuntamientos. (Ver declaraciones aquí https://www.facebook.com/share/v/18MoiBWkyN/?mibextid=wwXIfr)
Si bien la vigilancia del gasto es necesaria, la forma en que se acuerda entre cúpulas, sin darle a la participación del pueblo dientes; leyes y reglamentos para la exigencia de pueblo a los poderes del Estado. Así, dejado, las cúpulas suplantan la esencia de la Constituyente.
Se decide desde arriba cómo se administrarán los recursos de la periferia, centralizando el poder y excluyendo a la ciudadanía de la discusión.
La Pendiente Resbaladiza: De la Austeridad al Despojo Social
Y es aquí donde la historia reciente y los ejemplos internacionales nos obligan a prender las alertas.
Si las élites políticas pueden acordar hoy el control del gasto local, ¿qué les impedirá mañana acordar la eliminación de los apoyos y subsidios constitucionales que reciben las familias mexicanas?
No es una especulación. Es un hecho documentado. El hoy senador del PVEM, Manuel Velasco, cuando fue gobernador de Chiapas, ya marcó un precedente funesto al retirar apoyos a los chiapanecos.
Y si de ejemplos internacionales se trata, el concierto de las naciones nos muestra un patrón claro de derechización y ajuste que siempre golpea a los mismos:
1. Argentina (Milei): La motosierra del nuevo gobierno no solo ha reducido subsidios a la energía y el transporte, sino que ha suspendido programas de asistencia social, comedores comunitarios y planes de empleo, dejando a millones en la incertidumbre.
2. Estados Unidos (Trump 2025): La eliminación de más del 80% de los programas de USAID no es solo un recorte de ayuda exterior; es una declaración de principios. Se desmantela la cooperación internacional mientras se proponen recortes a redes internas como Medicaid y los cupones de alimentos.
3. Ecuador y Brasil: Desde la salida de los gobiernos progresistas, las administraciones de turno (Moreno, Lasso, Noboa) han intentado eliminar subsidios a combustibles y consolidar programas sociales como “Bolsa Família”, enfrentando siempre la resistencia popular.
4. Europa: Gobiernos de derecha han adoptado el “chauvinismo de bienestar”, priorizando a los nacionales y reduciendo la cobertura social general.
Como advierten expertos de la ONU, estos recortes aumentan la pobreza y la desigualdad, transfiriendo recursos a los sectores más ricos mediante reducciones de impuestos. Es la misma receta: se desmantela el estado de bienestar para privilegiar al capital.
Que la Nación se los Demande
No se equivoque, ciudadana, ciudadano. Lo que vemos en México con estos acuerdos cupulares es el mismo germen.
Cuando los servidores públicos actúan con simulación, discuten entre ellos sin consultar al pueblo y acuerdan reformas que afectan el bolsillo de los gobiernos locales, están allanando el camino para, más pronto que tarde, intentar quitarle al pueblo lo que por derecho constitucional le pertenece.
La advertencia es histórica: si no actúan con lealtad y patriotismo, si suplantan la voz del pueblo constituyente, la nación tiene el derecho de exigirles responsabilidades.
Porque si hoy acuerdan el control del dinero de los municipios, mañana acordarán eliminar los subsidios a la luz, al campo o a los programas sociales.
Que este texto quede como constancia. Si esto no es suplantar al pueblo, que la nación se los demande.
Porque si no, un día de estos, México amanecerá aplicando las mismas políticas de ajuste que hoy vemos con dolor en Argentina, Estados Unidos o Ecuador, donde el pueblo paga la fiesta de las élites.
* Investigador Periodístico en luchas del campo mexicano, la soberanía alimentaria y económica y las relaciones entre Estado, empresas y comunidades rurales. Director de la A.C. PEROLA. Miembro Honorario del Despacho Jurídico.


