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Gobernadores corruptos

Gobernadores corruptos
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José Antonio Molina Farro
No parece creíble lo sucedido en México en los últimos años. Ningún político parece vivir al margen de la corrupción. Lo que se anunciaba como un parteaguas en la historia de  México y de las democracias locales terminó siendo un fiasco, un rotundo fracaso por falta de integridad y voluntad política de quienes gobiernan. Pareciera todos somos cómplices de todos, unos por callar, otros por conveniencia y otros por temor. Gabriel Zaid dice que ” En México la honestidad es tragicómica. Hay que disimularla para no causar lástima o no causar problemas. Todo mexicano movido por un deseo de transparencia, especialmente en la vida pública, se siente ridículo”.
En una ocasión Samuel Ocaña ex gobernador de Sonora me comentaba, ” en un país donde el pillo tira a listo y el honesto tira a pendejo las cosas no pueden ir bien”. Cuánta sabiduría popular. Recordé a Octavio Paz, ” Para el mexicano la vida es una oportunidad de chingar o ser chingado”. En las comarcas locales, salvo honrosas excepciones, los gobernantes caen una y otra vez en el protagonismo mediático, y establecen nuevas relaciones, legítimas y pragmáticas unas, perversas otras, con el periodismo local. Estamos ante el riesgo de que una vez más, los avances alcanzados a nivel federal no se vean reflejados en las entidades federativas. Es más, el riesgo ya se convirtió en lastimosa realidad en muchas entidades.
No deja de impresionar la desfachatez con que algunos servidores públicos se benefician y benefician a los suyos. El cinismo a todo lo que da. Desde el presidente EPN, investigado por ” la Casa Blanca”, hasta el alcalde de un perdido pueblo del desierto, ningún político parece vivir al margen de la corrupción. No se olvide que ” el Bronco” y Claudia Pavlovich hicieron campaña diciendo que llevarían a juicio a sus antecesores, lo que despertó en su momento  simpatías y emociones colectivas.. La exigencia era y es no más corrupción y castigo a los responsables. El país y ninguna entidad de la república pueden ser ya gobernados por un cenáculo de incondicionales, ni tratar a la gente como párvulos mentales y exhibir a sus colaboradores como caballos en subasta.
Sin caer en la ingenuidad de negar  vínculos legítimos  entre el poder y los comunicadores, existen por fortuna medios locales y nacionales conscientes de la necesidad de la imparcialidad y la denuncia como condición  sine qua non del avance democrático. No confunden la buena relación con el poder, con la objetividad a que los obliga su deber ante la opinión pública. El Universal, Reforma, Excélsior, A. M. de Guanajuato,  y, por supuesto, este Diario de Chiapas, son muestra plausible de denuncia de las desviaciones del poder.
La gente estaba y está harta de tanta corrupción e impunidad. Es la bandera de Andrés Manuel y ello va a rendirle grandes dividendos. La delincuencia galopante y la impunidad  endémica son los grandes males del país. “A los amigos justicia y gracia, a los enemigos justicia a secas” decía don Benito Juárez. Una sentencia bien aprendida. En México la frustración y el enojo son más que evidentes. La imagen que la ciudadanía percibe de la clase política es de despilfarro e impunidad. Según datos de Transparencia Internacional , 87% de los mexicanos cree que lo funcionarios públicos y los representantes populares son corruptos, mientras que 91% opina lo mismo de los partidos políticos. Cómo reconstruir un país con tamaño nivel de insatisfacción y desaprobación.
Y sí, corrupción hay en todo el mundo y en diferentes grados, la diferencia es que en otras partes se castiga, en tanto que en México la justicia es selectiva. El ministerio público y otras instituciones, por definición salvaguardas de la seguridad nacional, son un  instrumento arbitrario del poder, ahí está el caso reciente de Santiago Ancona y la Siedo. Generó pánico en los afectados tremenda arbitrariedad. Me gusta una frase de Wittgenstein sobre la ética, es ” una condición del mundo, como la lógica. No puedes reducir tu compromiso con el pasado y el futuro sin reducirte a ti mismo, sin volverte más ligero”.

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