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Estructura mata encuesta / La Feria

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Sr. López

 

Algunas encuestas publicadas ayer dan por empatados al C.Anaya y a Meade en el segundo lugar. Algún destacado miembro del PRI asegura que el C.Anaya se desmorona (Arturo Zamora, dirigente de la CNOP)… y, no, no parece que haya razones para empezar a creer en las encuestas que se propalan con intenciones por determinar, ni en las afirmaciones de los priistas (nomás faltaba).

 

Lo innegable es que hay un huracán de encuestas que tiene muy contentos a los que olvidan que don Pejecutivo es el señor que gana encuestas y pierde elecciones (y más felices a los que cobran por esos servicios y su publicación).

 

También es innegable que ninguna encuesta refleja el porcentaje real de ciudadanos que el día de las elecciones prefiere hurgar sus orificios nasales (con observación o consumo optativos de lo extraído), en vez de acudir a las urnas a cumplir con su deber cívico.

 

En 2012, el 37% -más de 29 millones de tenochcas-, reposaron como en una noche tropical, lánguida y sensual, en vez de, aprestar la crayola para que retemblaran Los Pinos al sonoro cruzar de boletas (¡Patria! ¡patria! tus hijos te juran, exhalar en tus urnas su aliento, si la corneta con democrático acento nos convoca a votar con valor). En 2006, no votó el 41.45% de aguiluchos. En 2000, año de la primera derrota del PRI, el 36% se perdieron el gustazo de participar en el patrio parto de la democracia mexicana. En promedio, pues, el 38% de nuestros connacionales, no votan.

 

A pesar del triunfal gesto de los morenistas lectores de encuestas, debe advertírseles que en las tripas de las mismas hay un dato que preocupa a los entendidos en demoscopia: solo el 54% dijeron estar muy convencidos de su voto y que no lo cambian ni a golpes de despensa, billetazos ni bajo la terrible tortura conocida en los bajos fondos electorales como “el tarjetazo”, lo que deja en el aire el 46% de las respuestas… ¡y tú que te creías el rey del todo el mundo!

 

Estamos como siempre estamos, sin saber nada hasta que sean las elecciones. Aquí pierden los que van a perder y gana el que va a ganar, gran poder mediante. Como siempre. Lo que no quita la diversión a las travesuras y picaresca propias de la temporada, como el más reciente capítulo de la comedia de equivocaciones  “La triste historia de los cándidos Barreiro y su candidato desalmado”, que por más que diga don C.Anaya que no le afecta, hasta lagrimitas le sacó (¿o por qué el canceladero de eventos, joven?… qué feo es interpretar siempre todo a la mala, de veras, eso de andar suspendiendo actos de proselitismo es parte de su estrategia, por eso de 217 eventos programados, entre el 30 de marzo y el 31 de mayo, canceló 43… no si “ya desde enantes”).

 

Lo que sí cuenta (mucho), es otra cosa: la maquinaria electoral del PRI que controla el gran poder, es invencible. El PRI ha perdido elecciones presidenciales, sí, claro… cuando así lo decide ese poder del que forma parte el Presidente de la república (quien por muy importante que sea, no es el único que decide, vaya usted a creer que esto es un rancho).

 

Así las cosas, antes que dar por sabido el resultado otorgando a las encuestas calidad de infalibles, recapacite usted en cuántos partidos cuentan con gente para tener representación en 155 mil casillas electorales (el PRI tiene cerca de 775 mil  de tenochcas tricolores para esos menesteres); en cuántos representantes de partido tienen en cada una de las 95 mil secciones electorales del país (el PRI tiene comité en cada uno).

 

No es solo que en las casillas sin representación de sus opositores vayan a hacer trampa los bisnietos de don Plutarco (de pésimo gusto ser tan mal pensado), no, también es cosa de revisar cuántos “promotores de voto” moviliza cada partido. El PRI dice que cuenta con 8 millones… déjelo en un millón y medio, efectivos y de a de veras, sí, pero eso da para llevar a las urnas a votar a un promedio de 15 personas por cabeza… 24 millones (contando al promotor)… de entrada.

 

¿Qué pone nervioso a un candidato del PRI a la presidencia?, que la estructura, esa inmensa maquinaria electoral no trabaje por él (como cuando Labastida o Madrazo). Ya sabrá Meade si las culpas partidistas de Peña Nieto tenían fecha de cobro inmediato; pero eso se puede intuir revisando quiénes están metidos en la campaña.

 

Por lo pronto, haber puesto a René Juárez al frente del PRI, más Eruviel Ávila como segundo abordo de la coordinación de la campaña de Meade (dejando a Nuño para que ponga el palmito en debates televisivos); con Rubén Moreira, como secretario de Organización del PRI; y algunos que están en el cuartel de guerra de la campaña (“war room” le dicen ahora), escuchando atentos los consejos de alguien que hasta la fecha jamás ha perdido una elección (nótese el ejercicio de discreción de este López); todo esto sumado, parece apuntar a que Peña Nieto no está dispuesto a hacer el papelón de entregarle la banda presidencial al Pejesús, cuantimenos al C.Anaya. Y tampoco son de despreciar otros que andan muy activos en la campaña, sin hacer ruido, verdaderos sabios en estas lides.

 

A todo eso que es muy legal y legítimo, hay que agregar las travesuras que llaman “guerra sucia” (como si hubiera guerras limpias), con el grave inconveniente para don Pejelectoral y el C.Anaya, de que Meade está personalmente limpio y si le quieren hacer guerra sucia a él, tienen que papalotear pecados ajenos a él… no, si van rebien.

 

Por más que el Pejeremías predique que ya no le ganan ni sumados todos los votos de sus opositores, él sabe que lo único que realmente cuenta a la hora de la verdad, es la movilización de votantes (infinita operación hormiga), un único día: el de la elección… y ya ha dicho que sabe que no tiene la estructura, que por favor sus seguidores cuiden casillas (no, don Pejelectoral, no es así, hay que capacitarlos, supervisarlos, tener el mapa electoral, sección por sección. “Ahí les encargo”, no, no es de enchílame otra).

 

La frase es de Eruviel Ávila: estructura mata encuesta.

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