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El día después / A Estribor

El día después / A Estribor
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Juan Carlos Cal y Mayor

El actor mexicano Diego Luna así como Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro, entre otras destacadas personalidades, acaban de lanzar la iniciativa “El día después”. Nos invitan a la reflexión respecto del grado de polarización sin precedentes a que nos ha llevado el proceso electoral y la consecuente violencia que se ha manifestado dramática con el asesinato de candidatos de partidos políticos sin distingo.
Suscribo como ellos el que la violencia verbal y discursiva lo mismo en los mítines, que en los debates televisivos y de manera exponencial en las redes sociales nos coloca en una situación preocupante para quienes aspiren a gobernar con una sociedad inseminada de odios, rencores, agravios y resentimientos sociales. La política se ha judicializado al grado que las acusaciones de uno y otro bando han enlodado el proceso electoral donde no cabe la civilidad ni el respeto entre los oponentes.
Cegados por el apasionamiento, ya no respetamos el derecho a expresarse, a pensar diferente, a disentir. Todos toman causa por uno y otro bando. El insulto y la descalificación son las armas favoritas para abatir al adversario. Lo apreciamos en los famosos memes que circulan a diario en las redes sociales, en los debates en twitter y Facebook o en los comentarios que se vierten sobre los artículos de opinión. Y es que la democracia no se puede sustentar en electores dispuestos al agravio y propensos a la violencia a la más mínima provocación.
Tienen razón quienes como Diego Luna, desde hoy nos advierten sobre qué pasará después del primero de julio. Habremos arribado a una jornada electoral precedida de amenazadas, intrigas, vituperios, infamias, noticias falsas, sospechas de fraude y un descrédito absoluto de la política. ¿Qué nos espera el primero de julio? Imaginemos la cantidad de videos denuncias, actos de intimidación y posibles actos de violencia. Puede ser que estemos cosechando lo que sembramos a lo largo de todo el proceso electoral. Esta vez, cruzamos la delgada línea roja, entre la elocuencia discursiva, el llamado a la participación ciudadana y el grito de guerra donde no hay adversarios sino verdaderos enemigos.

¿Quién restaurará el tejido social después del primero de julio? ¿Quién restañara las heridas? ¿Qué consolará a las personas que perdieron a sus seres queridos?
“El día después” es un llamado de alerta, una reflexión para sosegar a nuestra clase política y dejar atrás la discordia. El horno no esta para bollos pero todos estamos tiznados de tanta leña al fuego. Ojalá lo comprendan los actores políticos. Ojalá lo entendamos todos. No se puede construir sobre las cenizas. México no lo merece. ¿O acaso si?

LA VICTORIA DE MEXICO CONTRA ALEMANIA
Nunca me he explicado como un país donde todo mundo se vive quejando de la carestía de la vida, los aumentos a la gasolina y la falta de oportunidades; siempre ha destacado por una asistencia masiva a los mundiales de futbol. En país que fuere, ahí están presentes los seguidores de nuestra selección pintando los estadios de color verde. El folclorismo en su máxima expresión.
En Rusia no podíamos ser la excepción. Se calcula una asistencia de entre 25 y 30 mil mexicanos. Y así las cosas abarrotamos el partido contra Alemania jugando como si fuéramos locales. Contra todos los pronósticos ganamos el partido y ese día fue fiesta nacional en nuestro país. En Rusia no se diga. Las redes sociales han dado cuenta de los mas singulares festejos pero no falta el negrito en el arroz que lo echa todo a perder. Los alemanes se tomaron el juego como lo que es, una evento deportivo. Nosotros no. Como un elemento unificador de nuestra identidad difusa e inacabada, de nuestros complejos de inferioridad, beatificamos a los seleccionados nacionales como los nuevos héroes que nos dieron patria. Mientras los alemanes nos felicitaban en las calles y hasta en el estadio, no faltó el espécimen de nuestra sociedad endémica que quemara y pisoteara su bandera.
Si ya saben como somos paque nos invitan, diría el clásico, pero el problema es que en este caso no necesitamos invitación. ¿Así queremos ser un mejor país?

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