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Código Nucú / Fernando Castellanos y la falsa filantropía

Código Nucú / Fernando Castellanos y la falsa filantropía
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César Trujillo

 

En la antesala de los comicios del 2018, mediáticamente golpeado por su inoperancia al frente del Ayuntamiento tuxtleco, en donde le han reventado una infinidad de conflictos que han sobrepasado su capacidad de resolución, a Fernando Castellanos Cal y Mayor se le ocurrió recurrir a una falsa filantropía y ha creado la fundación Fernando Castellanos Coutiño, misma que busca vender como mecenas de las causas sociales en la entidad.

Alguien, seguramente, le dijo al alcalde conejo que crear una fundación era una forma “lícita” (y de moda) para dirigir los recursos públicos a supuestas causas sociales, como si el dinero saliera de su trabajo y esfuerzo y no fuera parte del mismo erario, pero, sobre todo, que no estuviese buscando posicionar su imagen con miras ya a algún otro puesto de elección popular, pues dudo mucho que los tuxtlecos lo reelijan.

A mi juicio es un grosso error es el que comete Castellanos Cal y Mayor al subirse al tren de los filántropos donde crean fundaciones para buscar ganar no sólo una buena imagen (sin importar el desgaste que exista de ella) o promoción a una labor mediocre en su desempeño como políticos, sino que a la par camina el financiamiento al margen de la ley, porque, como han señalado ya especialistas en la materia, “se yuxtaponen aspectos jurídicos y legales que corresponden a un lado cuidar a la autoridad electoral y por otro a la hacendaria”.

Es por demás claro que el objetivo de la fundación del presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez va enfocado a mostrarse como un político suspirante a nuevo cargo público. Basta ver cómo estructuraron el nombre de la fundación: el nombre del edil en blanco con un fondo verde, todo en mayúsculas, y con letras grandes, muy por encima del apellido Coutiño que fue escrito en rojo y en un tamaño mucho menor, sin importar que eso minimice el altruismo que él afirma tuvo su padre. Asimismo, usa el color morado para la palabra “Unidad”, quizá queriendo coquetear con el líder de Mover a Chiapas, Enoc Hernández, tomando en cuenta que en el PVEM pareciera ya estar más que liquidado.

En un reportaje publicado en el Suplemento Revista R del periódico Reforma de circulación nacional, en marzo del 2006, titulado “Falsa filantropía. Los partidos crean fundaciones para ganar promoción, buena imagen, y financiamiento al margen de la ley”, la autora Martha Martínez afirma que a través de las fundaciones “existen vacíos legales para que políticos aspirantes a nuevos cargos públicos, ya sean de elección popular (los más), o designados (los menos), puedan mantenerse en la recordación de la mente de sus posibles electores o colegas que avancen en una responsabilidad”.

Así, se han vuelto comunes las fundaciones ligadas a partidos políticos que brillan por su opacidad fiscal y su poca labor intelectual. Algunos analistas, como el español Alberto Mesas, aseguran que éstas son una copia de los think tanks (laboratorios o tanques de ideas) que nacieron en el mundo anglosajón en una búsqueda de que la sociedad civil reflexionara con base en un conocimiento más profundo sobre asuntos políticos o económicos, pero, sobre todo, que los invitara a participar de forma más activa en la vida pública.

Si bien, en otros países desarrollados estas fundaciones tratan de influir en las agendas legislativas desde una perspectiva del análisis y de la cooperación que ayude a los desprotegidos, en México no tienen visibilidad más que la mediática y se caracterizan por su capacidad de influencia en la compra de votos y el condicionamiento de apoyos.

Si usted como ciudadano busca crear una fundación para ayudar a los demás, mediante el ejercicio del derecho constitucional de fundar, se topará con una infinidad de obstáculos que lo obligan a garantizar que tendrá actividades futuras, eso sí bajo el total control del monstruo de Hacienda. Sin embargo, los actores políticos pueden crear fundaciones sin problemas y hacen lo que les da la gana. Ellos no están sometidos al control previo de nada. Las leyes, pues, se siguen y seguirán torciendo a favor de los que ostentan el poder político y económico, tal es el caso de la fundación Fernando Castellanos Coutiño.

Que no olvide el alcalde conejo que “las organizaciones filantrópicas, de beneficencia o de labor social formales están legalmente constituidas ante notario público, Secretaría de Hacienda y Crédito Público y en su caso, Junta de Asistencia Privada. Además, adquieren certificaciones y registros oficiales como la Clave Única de Inscripción al Registro (CLUNI) y están sujetas a infracciones y sanciones plasmadas en la Ley Federal de Fomento a las Actividades Realizadas por las Organizaciones de la Sociedad Civil”, pero sobre todo que “las organizaciones filantrópicas, de beneficencia o de labor social realizan sus actividades de manera discreta y reservada, evitan los reflectores de los medios de comunicación”.

 

Manjar

Ayer Morena definió a su terna para elegir al Coordinador Organizativo Estatal. De cuatro participantes en la encuesta tres salieron favorecidos: el magistrado Rutilio Escandón, el senador Zoé Robledo y el presidente estatal de Morena, Óscar Gurría. Al exjefe de asesores de Manuel Velasco, Plácido Morales, quien andaba muy caliente elevando la mano desde hace rato lo sobrepasaron por mucho. Tomando en cuenta que Gurría no levanta nada, todo indica que entre el magistrado y el senador se encuentra el gallo rumbo a la gubernatura en los comicios del 2018. #Ojomuchoojo // La recomendación de hoy es Agua lustral Poesía (1982-1987) del maestro Efraín Bartolomé y el disco Tintinnabuli de Arvo Pärt y The Tallis Scholars. // Recuerde: no compre mascotas, mejor adopte. // Si no tiene nada mejor qué hacer, póngase a leer.

 

@C_T1

 

palabrasdeotro@gmail.com

 

César Trujillo

9611678707

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