
Manuel Ruiseñor Liévano
Ante la imposibilidad de soslayar que lo que pase con el agro mexicano, es y seguirá siendo tema esencial para el crecimiento y el bienestar, de nueva cuenta abordamos el rubro en relación con datos recientes dados a conocer por prestigiadas entidades públicas e internacionales, así como medios de comunicación de alcance nacional, los cuales prenden alarmas a lo largo y ancho del territorio del país y, entre esa vasta porción, lo que acontece particularmente en Chiapas.
Vayamos por partes; primero los datos que desde lo general encienden focos rojos, hasta aterrizar en lo que pasa y nos depara el entorno local.
Sucede que de acuerdo con la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), el país apenas cosecha el 44% de los granos necesarios; poco más de 50% del maíz; 5.0% de soya, menos de 1.0% en arroz y en trigo, está por abajo del 10%.
De ahí que las alertas estén prendidas, porque en ese orden de cosas, la seguridad alimentaria de México, se posa sobre una cuerda floja debido, entre otros factores, a los impactos del cambio climático y la cancelación —desde el gobierno pasado— de cerca de 24 programas de apoyo de la mayor significación social y productiva.
Hablamos del Seguro Catastrófico, una suerte de fondo de desastres para la agricultura, el cual solía pagar la Federación de la mano de los estados.
Además, acorde con cifras del INEGI, referidas por el cotidiano Excélsior, ahora sólo 3% de los casi 2 y medio millones de productores agrícolas nacionales, están en condiciones de solventar los elevados costos que exige una póliza del sector privado, para enfrentar las cada vez más recurrentes y largas sequías, lluvias extraordinarias, calor extremo, heladas tardías o infestación de plagas.
Y agrega el periodista Ernesto Méndez ( en el “periódico de la vida nacional”, en su nota La seguridad alimentaria de México está comprometida, de fecha 17 junio de 2016), citando a Silverio Díaz Ramón, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) de Sinaloa, que la cosecha de maíz “cayó de entre 14 y 16 toneladas por hectárea a sólo siete toneladas, a menos de la mitad”.
De ahí que, hoy por hoy, nuestro país sea el segundo importador mundial de granos y oleaginosas, y el primero en maíz blanco y amarillo. Datos que nos orillan a pensar que este 2026 pinta como crítico para la seguridad alimentaria nacional.
Cuanta razón tienen los economistas cuando nos advierten respecto del peligro de indicadores clave con cifras negativas.
Por ejemplo, cuando subrayan contracciones en el PIB, caídas en la inversión o mayor desempleo, a lo cual interpretan como señal de un entorno vulnerable y de menor confianza para el crecimiento. Acaso en esa situación estamos.
Lo que recomiendan los especialistas en casos como el del campo mexicano, es simplemente no quedarse cruzados de brazos y actuar lo más pronto posible, a condición de hacerlo con cautela y prudencia.
¿Y QUÉ PASA EN CHIAPAS?
En Chiapas, la seguridad alimentaria sigue siendo un reto crítico a pesar de los esfuerzos gubernamentales. Decimos lo anterior, porque se tiene registrado que más de cuatro de cada cinco hogares enfrentan algún grado de inseguridad alimentaria.
Aunado a lo anterior, está el hecho de que el estado presenta una de las tasas más altas de desnutrición infantil y bajo peso a nivel nacional, mientras que paradójicamente enfrenta graves problemas de sobrepeso y obesidad.
De acuerdo con estudios de la UNAM, el panorama actual se define por los siguientes factores: un bajo poder adquisitivo el cual limita severamente la adquisición de dietas nutritivas, concentrándose la mayor vulnerabilidad en las zonas rurales y los municipios con menor Índice de Desarrollo Humano (IDH).
En tanto que con base en datos de la SAGARPA, a pesar de que Chiapas cuenta con una amplia superficie dedicada a granos básicos y actividades agroindustriales, los productores locales reportan interrupciones e incertidumbre con la entrega de apoyos orientados a la soberanía alimentaria.
A MANERA DE COLOFÓN
Una vez más vale la pena recalcar que el agro es un pilar esencial del desarrollo nacional. Que lo pase con él aterriza en dos cuestiones clave para el hoy y el mañana: soberanía y autosuficiencia alimentaria. Temas que nos plantean retos fundamentales.
Retos como aumentar la producción nacional de alimentos básicos, a efecto de disminuir la dependencia de importaciones y asegurar el acceso a la nutrición para todas y todos los mexicanos.
Sin embargo, este desafío no viene solo, toda vez que implica seguir combatiendo la pobreza extrema en zonas marginadas, abrir apoyos directos a los productores, seguros y asistencia técnica, fortaleciendo con todo ello la economía local y la cohesión social.
Algún nada nuevo según seguimos leyendo en los objetivos del gobierno trazados desde hace sexenios en los planes de desarrollo. ¿Pero qué ha pasado? ¿Falta de voluntad política, de vocación de justicia social ó capacidad técnica? ¿Corrupción? Algo y ya tiene que hacerse porque desde la entraña de la tierra, está en riesgo nuestra viabilidad como nación.


