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Tapachula y San Cristóbal de Las Casas / Al Sur con Montalvo

Tapachula y San Cristóbal de Las Casas / Al Sur con Montalvo
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Guillermo Ochoa-Montalvo 

SEGUNDA PARTE  

Querida Anna Karen, 

Quinientos años de distancia entre Tapachula y San Cristóbal de las Casas explican las grandes diferencias en la configuración socio antropológica de ambas culturas. Mientras en San Cristóbal (Ciudad Real), se funda la Universidad Nacional en 1826, en Tapachula nace la primera universidad casi 150 años más tarde.  

A Tapachula llegan las carreteras hasta mediados de la década de 1960, la televisión arriba a Tapachula 40 años después de su invención en 1929 y casi 20 años después de iniciar transmisiones en México, en 1950. 

Una enorme brecha en las que se han depositado rencores y aspiraciones separatistas similares a la de 1857. Actitudes separatistas como salida fácil, en vez de encontrar la unidad en la divergencia y diferencia, que enriquecen la cultura de los pueblos. Actitud separatista que confirma Tapachula, al aliarse al Imperio de Maximiliano para ser derrocada en 1865 por el ejército republicano. 

La guerra de Castas de 1869 de los indios tzotziles en contra de los ladinos de San Cristóbal, pareciera ser interminable. Los tzotziles lograron reivindicar sus derechos sobre la tierra oponiéndose a la servidumbre; pero hoy, se presencia otro tipo de servidumbre impuesta por los caciques de la región y por el imperio de los refrescos de Cola que lucen sobre la juncia fresca dentro del templo Chamula de San Juan Bautista, como parte de los rituales sincréticos que profesan. 

La juncia (ramas de pino) se mezcla con el incienso; el aroma es profundamente místico y las luces de las velas iluminan la austera iglesia donde los espejos se han colocado sobre el pecho de los santos como símbolo de que uno vive en el corazón de María al verse reflejado en ellos. 

Aunque no comulgo con sus creencias, guardo silencio, me hinco y observo con respeto los rituales de “limpia” que se ofrecen mutuamente frotando un huevo sobre el cuerpo, escupiendo aguardiente sobre el enfermo mientras se degüella una gallina en medio de un rezo indescifrable que se eleva como un dulce murmullo casi a nivel de cántico. 

Decenas de indígenas permanecen hincados sobre la juncia que extienden en el piso. Se trata de pequeños grupos reunidos en torno a decenas de velas que encienden para iluminar el sendero del espíritu.  

Aquí, ya no hay sacerdotes que oficien misa desde el 26 de abril en que fueron expulsados por las autoridades político religiosas del pueblo, después de varios años en que el Obispo Arizmendi había logrado realizar sus servicios. 

Antes de caer la tarde, hemos llegado a Rancho Nuevo para visitar el parque ecoturístico y las grutas descubiertas por Vicente Kramsky y Edmundo Shilie en 1947. Ellos, dieron paso a las exploraciones de la Universidad Mc Master de Ontario, Canadá; a las del Grupo polaco de Cracovia y de los italianos de la Academia Nazionale del Lincei. Las grutas guardan profundos secretos tan enorme como su propia belleza decorada con cientos de estalactitas y estalagmitas que logran formar sensacionales figuras y paisajes caprichosos. 

Un intenso aguacero en San Cristóbal nos acompaña a la hora de comer mientras charlamos con los expertos en ecoturismo y parques nacionales para planear la visita a esos lugares. Nos hablan del Parque San José donde en una sola hectárea han sido capaces de desarrollar actividades de campismo, ciclismo de montaña, observación de más de 37 especies entre aves, mamíferos y reptiles. Ahí, se localiza el 85 por ciento de plantas medicinales además de constituir un centro de rehabilitación para animales heridos.  

La charla ha sido fructífera y nos deja con mucho ánimo para emprender la caminata al día siguiente. 

En tanto, la noche ha caído y encuentro propicio el momento para refugiarme en uno de los innumerables cyber cafés que abundan en la ciudad, donde a diferencia de Tapachula, aquí, sí se ofrece el café de la región con el orgullo que brinda la pertenencia, la identidad y la cultura del buen café. 

A Gregorio lo abordo en el parque central mientras cabila sentado en una banca de hierro forjado. Es un viejo habitante de San Cristóbal que lleva consigo la nostalgia de sus abuelos cuando lucharon contra la decisión del Gobernador Emilio Rabasa quien traslada la capital del estado a Tuxtla Gutiérrez en 1892.  

El descontento de los pobladores se reaviva en 1911 cuando los san cristobalenses se rebelan contra el gobernador Manuel Argüello, apoyados por miles de chamulas, deseosos de que la capital del estado se reestableciera en su ciudad. Las fuerzas federales comandadas por el general Eduardo Paz se enfrentan a los alzados apaciguando los ánimos rebeldes. 

Gregorio, frunce el ceño surcado por los años, nos platica de cuando el general Agustín Castro llegó a Chiapas en 1913 al mando de la División 21 para asumir la gubernatura decretando la Ley de Obreros que ponía fin a la servidumbre en el estado y a las deudas de los peones, lo que provocó la rebelión de los finqueros ante el gobierno a causa de dicha ley.  

De ahí, el Acta de Canguí en la que designan jefe del movimiento a Tiburcio Fernández, quien más tarde, en 1920 asume la gubernatura del Estado para promulgar una ley agraria que afectó parcialmente a los terratenientes. 

Gregorio nos habla con orgullo de Florinda Lazos, la primera mujer Diputada en México, porque debes saber que en 1921 le fue reconocido el voto a la mujer chiapaneca. Gregorio se pierde en sus recuerdos; desde su profunda mirada azul, pareciera parafrasear al profeta Isaías preguntándose: Hasta cuando Señor, hasta cuando… 

La noche es gélida, un aire frío sopla obligándonos a cobijar con esas imágenes imborrables que brinda la historia y el presente de una ciudad que ha sido protagonista de la última guerra del Siglo XX, de la sublevación de los indígenas en busca de autonomía, de la creación de nuevos municipios rebeldes y otros siete constitucionales, de la coexistencia –pacíficamente tensa- entre blancos, indios y mestizos. 

Siento frío, pero también la calidez de una noche apacible y dulce para decir con Rosario Castellanos: “San Cristóbal es una ciudad antigua, situada en un gran valle rodeado de montañas. Al amanecer, baja la niebla hasta las casas y las ronda. Ya tarde empieza a alumbrar el sol. Los días son largos, transparentes, purísimos. Y las noches, con esos cielos de cristal, de estrellas fijas y remotas”. El encuentro con San Cristóbal es un encuentro con las raíces chiapanecas, un encuentro contigo, conmigo mismo; simplemente, una cuestión de amor. 

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