
Francisco Félix Durán
“Sirat es un puente sobre el infierno, fino como un cabello y afilado como una espada, que hay que cruzar para llegar al paraíso”. Con esta frase inicia la película Sirat, dirigida por el español Óliver Laxe Coro, en donde la libertad no necesariamente conduce al paraíso.
Si te gustan las raves o has asistido a alguno, desde el inicio del filme comienzas a contagiarte por la música techno en un escenario inhóspito como el desierto del Sahara, iniciando la primera fiesta en el territorio de Marruecos.
En ese escenario aparece Luis, quien acompañado de su hijo pequeño Esteban, busca a su hija mayor, desaparecida hace cinco meses y lo último que sabe de ella es que estaba siguiendo fiestas rave en el desierto, por lo que decide hacer lo mismo y con una fotografía conseguir información sobre su paradero.
Entonces, al encontrar a un grupo de personas que viven la filosofía de las free parties, decide unírseles y emprender un éxodo a Mauritania, donde habrá una gran rave y este viaje psicoactivo está en su punto más alto porque el filme en sí es una sustancia, lamentablemente para los protagonistas será un mal viaje.
En este punto quiero hacer un paréntesis, el desierto del Sahara cubre un total o parcial de 11 países y cuando inicia la película se encuentran en el territorio de Marruecos, un país en donde se habla árabe, francés y español; que son los idiomas que escucharemos en toda la película, pero lo más importante es que este lugar se ha convertido en un punto de encuentro para la cultura rave.
Ahora bien, si hablamos de Mauritania, con solo buscarla en internet nos encontramos que la Secretaría de Relaciones Exteriores emite algunas alertas y recomendaciones para viajar a este lugar, debido al terrorismo yihadista en su frontera con Mali y sus principios islámicos.
Del mismo modo, si nos centramos en el filme, la Guerra de Minas juega un papel importante, en los ochenta Marruecos construyó una barrera defensiva de más de 2 mil 700 kilómetros que atraviesa el desierto hasta la frontera con Mauritania y Argelia, con minas que aún hoy en día mutilan a quienes pasan por ahí.
Finalmente, ¿Por qué con todo lo dicho te adentrarías más allá de lo seguro en el desierto? La respuesta es sencilla, el padre vive un luto que no lo deja vivir y el resto del grupo está convencido de que no hay mejor droga que celebrar la libertad en donde está prohibida.


