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San Cristóbal: Contaminación y crisis hídrica / A Estribor

San Cristóbal: Contaminación y crisis hídrica / A Estribor
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Juan Carlos Cal y Mayor

La COPARMEX Chiapas presentó recientemente una infografía sobre la crisis hídrica que enfrenta San Cristóbal de Las Casas. Y aunque algunos de los datos ya eran conocidos por especialistas, académicos y ciudadanos que llevan años denunciando el deterioro ambiental del Valle de Jovel, resulta importante que ahora sea el propio sector empresarial quien coloque el tema en el centro de la discusión pública.

No se trata de una exageración alarmista ni de un asunto menor. San Cristóbal atraviesa una crisis ambiental silenciosa que lleva décadas gestándose entre permisos de urbanización irresponsables, invasiones, crecimiento desordenado, destrucción de humedales y una absoluta incapacidad institucional para ordenar el desarrollo urbano de la ciudad.

El problema no es únicamente el abasto de agua. Es algo todavía más grave: la degradación completa de los ecosistemas que permitían la recarga natural de los mantos acuíferos y la conversión de los principales ríos y arroyos en auténticas cloacas a cielo abierto.

Los ríos Amarillo y Fogótico, así como numerosos afluentes menores, reciben diariamente descargas clandestinas, aguas negras, basura y contaminantes que terminan afectando no solo al entorno ecológico, sino también la salud pública. Lo que antes eran corrientes de agua viva hoy son canales pestilentes que atraviesan colonias enteras ante la indiferencia de muchas autoridades y la resignación de buena parte de la población.

EL COSTO DEL CRECIMIENTO DESORDENADO

La infografía retoma estudios que advierten sobre la pérdida acelerada de humedales y el estrés hídrico del acuífero que abastece a la ciudad. El crecimiento poblacional explosivo de San Cristóbal durante las últimas décadas terminó ejerciendo una presión brutal sobre el territorio.

La ciudad creció, pero no se planificó. Se expandieron fraccionamientos, asentamientos y construcciones en zonas ambientalmente sensibles sin infraestructura suficiente, sin visión de largo plazo y muchas veces bajo esquemas de corrupción relacionados con cambios de uso de suelo.

Mientras tanto, los humedales —verdaderos pulmones y esponjas naturales del Valle de Jovel— fueron rellenados, invadidos o destruidos. Y cada hectárea perdida representa menos capacidad de captación de agua y mayor vulnerabilidad para el futuro.

Que hoy un organismo empresarial como COPARMEX decida poner el foco sobre este problema tiene relevancia política y social. Porque los organismos intermedios pueden influir en la agenda pública, presionar por políticas ambientales serias y generar consensos donde muchas veces la política tradicional fracasa.

LAS AUTORIDADES AMBIENTALES, AUSENTES

La Secretaría de Medio Ambiente a nivel estatal y federal tiene mucho que hacer y también mucho que explicar sobre este tema. Porque la degradación ambiental de San Cristóbal no ocurrió de un día para otro. Fue un proceso largo, visible y documentado frente a autoridades que parecieron mirar hacia otro lado.

Resulta difícil entender cómo se permitió durante años la destrucción de humedales, los cambios irregulares de uso de suelo y las descargas contaminantes sobre los ríos sin acciones contundentes. Más aún cuando existen estudios técnicos, denuncias ciudadanas y evidencia pública del deterioro ambiental.

La sensación que prevalece entre muchos ciudadanos es que el tema simplemente no ocupa un lugar prioritario en la agenda institucional, pese a tratarse de uno de los mayores riesgos ambientales y urbanos para la ciudad.

EL DESAFÍO YA NO ADMITE SIMULACIÓN

Durante años el tema ambiental en Chiapas fue tratado como un asunto ornamental, útil para discursos y campañas, pero no como una prioridad estratégica. Hoy la realidad alcanzó a todos: colonias sin agua, ríos contaminados, manantiales agotándose y conflictos crecientes por el acceso al recurso.

La recuperación de San Cristóbal exige decisiones incómodas pero inevitables: detener la expansión irregular, proteger de manera real los humedales, invertir en saneamiento, modernizar drenajes, rescatar ríos y aplicar la ley contra quienes siguen contaminando.

Porque el problema ya dejó de ser ecológico. Ahora es económico, sanitario y social. Y quizá lo más preocupante es que todavía hay quienes creen que el agua seguirá apareciendo simplemente al abrir la llave.

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