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Raíz de madera / Galimatías

Raíz de madera / Galimatías
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Ernesto Gómez Pananá

El lenguaje es algo mágico, es poesía, es textura, es melodía: las palabras “madre” y “madera” parecieran tener significados tan distintos y no obstante compartir una misma raíz latina. La palabra madre proviene de mater, mientras que madera se origina en la palabra materia, término que originalmente significaba tronco, madera de construcción y por extensión, toda aquella sustancia física de la que están hechas las cosas y a su vez, materia deriva conceptualmente de mater, porque para los antiguos romanos la “materia” era justamente eso: la fuente originaria de algo, aquello de donde nacen las cosas. La sustancia madre.

No deja de ser asombroso que una de las palabras más antiguas de la humanidad haya dejado escondida su huella dentro de otras tan cotidianas como material, materia o madera. Como si el idioma hubiera dejado fósiles dispersos a lo largo de los siglos, para recordarnos de dónde venimos y de qué estamos hechos.

Madre proviene del latín mater, matris, pero su origen es todavía más antiguo: pertenece a una raíz indoeuropea milenaria que dio vida a palabras semejantes en idiomas separados por miles de kilómetros y siglos de historia: mother en inglés, mutter en alemán, mère en francés o mātṛ en sánscrito. Es una palabra tan antigua que prácticamente acompaña la historia misma de la civilización.

Sin embargo, madre y mamá no son exactamente lo mismo.

Madre pertenece al territorio de las instituciones, de la estructura familiar, de la noción de origen y autoridad. Por eso la usamos en expresiones como madre patria, lengua madre, madre naturaleza o célula madre. Tiene algo solemne y fundacional.

Mamá, en cambio, proviene del latín mamma y está relacionada con el pecho materno y la lactancia. Muy probablemente nació no desde la gramática, sino desde el balbuceo. El sonido “ma” es uno de los primeros que puede pronunciar un bebé mientras succiona o abre y cierra los labios, razón por la que formas semejantes aparecen en decenas de idiomas sin necesidad de compartir cultura ni geografía. Ambos conceptos remiten a una misma persona pero con significados distintos. “Madre” es un concepto social que nos habla de la civilización, mientras que “mamá” es un concepto íntimo que remite al vientre, al pecho y al arrullo. Acaso por eso ambos términos producen emociones distintas. Decir “mi madre” suele sonar formal, distante o hasta analítico; decir “mi mamá” todavía conserva algo de refugio infantil.

En México, además, la palabra madre terminó convertida en una de las expresiones más versátiles, contradictorias y explosivas del idioma. Aquí puede significar origen y afecto, pero también violencia, caos, admiración o insulto. No es lo mismo “a toda madre” que “valió madre”, ni “ni madres” que “qué poca madre”. Pocas palabras soportan semejante carga emocional y simbólica, me cae de madres.

Curiosamente, “mamá” casi nunca participa de esa violencia lingüística. Mamá permanece protegida en un rincón más íntimo del idioma.

Sea como sea, de la palabra y del concepto universales derivaron festejos también planetarios. En nuestro país, el día de las madres comenzó a celebrarse oficialmente en 1922, impulsado por el periódico Excélsior, apoyado por el entonces secretario de educación, José Vasconcelos y rápidamente abrazado por iglesias, comerciantes y escuelas. Su intención, según se sabe, fue contrarrestar al entonces efervescente movimiento feminista yucateco. Con el tiempo, el 10 de mayo se transformó en una auténtica liturgia nacional: festivales escolares, flores, serenatas, mañanitas, restaurantes saturados y familias enteras peregrinando hacia la casa materna como si se tratase de una ceremonia civil obligatoria.

En otros países la celebración cambia de fecha y de matices. En Estados Unidos se realiza el segundo domingo de mayo y tiene un origen moderno asociado a Anna Jarvis, quien promovió el homenaje nacional a las madres a principios del siglo XX. En Reino Unido existe el Mothering Sunday, ligado originalmente al calendario religioso y a las iglesias “madre”. En Bolivia la fecha recuerda a mujeres que murieron resistiendo tropas españolas. En Tailandia coincide con el cumpleaños de la reina Sirikit. En Panamá y Costa Rica se mezcla con celebraciones marianas del calendario católico.

Pero más allá de fechas, calendarios o mercados, acaso lo verdaderamente revelador es que la humanidad entera ha construido rituales alrededor de la misma figura, con la convicción de que antes que patria, religión, política o frontera, todos comenzamos exactamente en el mismo sitio: Una madre que vale.

Oximoronas 1. El concepto “Identidad Relacional” describe casos como el del binomio madre-hijo, donde no puede existir el uno sin el otro. No hay madre sin hijo, no hay paz en el corazón. Va desde aquí un pensamiento para los miles de madres que rasgan la tierra de nuestra Matria, en busca de sus hijos secuestrados, asesinados, desaparecidos.

Oximoronas 2. Más de cincuenta mil jóvenes se congregaron en el zócalo de la CDMX para vitorear a sus ídolos, el grupo de K-Pop BTS (léase “bi-ti-es”). Ese ejército no lo tiene ni Obama. Impresionante.

Oximoronas 3. Nueva temporada de _*EntreSemana.Podcast”: análisis a profundidad de los temas de coyuntura. Pásele, escúchenos, coméntenos y si lo considera, comparta: https://youtu.be/8sIzXrSmsT0, https://open.spotify.com/episode/6oSjDPng7jiY9xvDQUbtyF?si=uNbRpuSnSz-ycDLj5jB0kA

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