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¿Qué son en verdad los niños? / Crónicas de Frontera

¿Qué son en verdad los niños? / Crónicas de Frontera
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Antonio Cruz Coutiño


MANOJITO DE RUIDO, CARITA SUCIA

Ya no recuerdo, Perlita rellena, de dónde saqué u obtuve este canto, que hasta la fecha me acompaña. Sí, retengo que lo transcribí desde hace 24 o 25 años. Cuando nuestro Cesarantonio apenas comenzaba a balbucear. Pudo haber venido de la radio, del periódico o de algún libro o revista. No sé, o no me acuerdo. Incluso podría ser el poema de alguien español. De alguien conocido y de superfama que, sin embargo, nunca encontré por no haberlo buscado nunca. Pero te digo que lo estimo, pues a Blanqui y a mí, nos sirvió para comprender al chaval.

Lo leíamos una y otra vez. “Manojito de ruido, carita sucia…”. Cómo nos gustaba esa frase. Se la decíamos al César mientras el se reía con sus cachetes rojos. Y esta fue nuestra pequeña biblia, lo mismo que aquel textito cubano: “Estréchalos fuertemente y déjalos ir”, y claro, las “conferencias infantiles” de Antón Makárenko. Nuestras herramientas.

No habíamos estudiado para ser padres y en algo teníamos que confiar. Y conste que cuando escribo “niños”, es eso: niños todos. No varones ni mujeres en particular, y lo mismo cuando escribo “padres”. Y bien, ojalá ahora de viejo, Perlita y Dámaris, alguien nos diga cómo se llama el canto, el poema o qué se yo. Que nos diga quién quiso tanto a sus hijos que los describió tan al pelo, o en las páginas de qué libro estará. Y ojalá, Dámaris, te animes a publicarlo ahora que se acerca el día de nuestros muchachitos infantes.

Los niños vienen en tamaños, pesos y colores surtidos. Se les encuentra donde quiera: encima, debajo, dentro, rayando, colgados, comiendo, saltando…

Las mamás los adoran y los hermanos mayores los toleran. Los adultos los desconocen, pero el cielo los protege.

Un niño es la verdad con cara sucia, la sabiduría con el pelo desgreñado, la esperanza del futuro con una rana en el bolsillo.
Un niño tiene el apetito del caballo. La digestión del tragaespadas, la energía de una bomba atómica, la curiosidad del gato. Los pulmones del predicador, la imaginación de Julio Verne, la timidez de una violeta, la audacia de una trampa de acero, el entusiasmo de una chinampiña y cuando hace algo; tiene cinco índices en cada mano.

Les encantan los dulces, las navajas, las sierras, la Navidad, los libros con láminas, el chico de los vecinos, el campo, el agua en su estado natural, los animales grandes, papá, los trenes, los domingos por las mañanas y los carros de bomberos.

Le desagradan las visitas, la doctrina, la escuela, los libros sin láminas, las corbatas, los peluqueros, las sopas, los abrigos, los adultos y la hora de acostarse.

Nadie más se levanta tan temprano, ni se sienta a comer tan tarde. Nadie más puede embutirse en el bolsillo un cortaplumas oxidado, una fruta mordida, medio metro de cordel, un saquito de tabaco vacío, dos caramelos, seis centavos, una honda, un trozo de sustancias desconocidas, un auténtico anillo supersónico con su compartimiento secreto, y tantas cosas más.

Un niño es una criatura mágica. Usted puede cerrarle la puerta del cuarto donde guarda las herramientas, pero no puede cerrarle la puerta de su corazón. Puede echarlo de su estudio, pero nunca de su mente. Todo el poderío suyo se rinde ante él… Es un manojito de ruido, carita sucia.

Pero cuando usted llega a su casa por las noches, con sus esperanzas y ambiciones hechas pedazos, él puede remediarlo todo con solo dos palabras mágicas… “Hola papito”.

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