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Morena mueve piezas; batalla por la sucesión intermedia / Sumidero

Morena mueve piezas; batalla por la sucesión intermedia / Sumidero
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Edgar Hernández Ramírez

La renuncia de Citlalli Hernández a la Secretaría de las Mujeres para asumir la presidencia de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena no debe leerse como un simple relevo administrativo ni como un movimiento de carrera personal. Es una operación política de emergencia del gobierno de la 4T, una maniobra de contención y una señal inequívoca de dónde se jugará el poder rumbo a 2027.

Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum retira a una funcionaria de su gabinete para enviarla al centro neurálgicodel partido, lo que comunica no es sólo confianza personal, sino prioridad estratégica. Y hoy la prioridad de Morena es el control del proceso sucesorio intermedio.

La primera lectura es evidente. Con López Obrador y ahora con Sheinbaum, el partido continúa siendo el verdadero instrumento de reproducción del mando. La Secretaría de las Mujeres –creada como emblema político y compromiso histórico– resultó prescindible frente a la necesidad de ordenar candidaturas, administrar alianzas y evitar una guerra interna prematura.

Citlalli sale del espacio de la política pública para entrar al sitio donde se distribuyen candidaturas, presupuestos, fueros y futuros.

El nombramiento también revela que la dirigencia formal de Morena no bastaba para procesar el conflicto que viene. Si se requiere a una figura con legitimidad ideológica, trayectoria militante y cercanía presidencial, es porque el partido anticipa disputas severas.

Rumbo a 2027 estarán en juego 17 gubernaturas, la renovación de la Cámara de Diputados, Congresos locales, miles de alcaldías y, sobre todo, el mapa de poder que condicionará la sucesión presidencial de 2030. Cada candidatura será una batalla y cada exclusión un potencial foco de rebelión. En este contexto, Citlalli llega para administrar agravios antes de que exploten.

El debilitamiento de la alianza, el verdadero telón de fondo

La capa más delicada del movimiento está en la coalición gobernante. Morena llega a esta etapa con aliados cada vez menos dóciles.

El PT ha endurecido su lógica transaccional: exige más espacios, más candidaturas y mayor reconocimiento territorial. Ya no actúa como socio menor, sino como partido con capacidad de chantaje legislativo y electoral.

El PVEM, por su parte, atraviesa una fase de expansión oportunista. Ha aprendido a crecer a la sombra de Morena, pero también a construir enclaves propios. Gobernadores verdes, estructuras locales fortalecidas y cuadros regionales ya no ven al partido como simple satélite, sino como vehículo autónomo de poder.

En entidades como Chiapas, San Luis Potosí o Quintana Roo, el Verde no acompaña, negocia. Y en algunos casos compite silenciosamente por la hegemonía local.

Eso significa que 2027 podría ser la elección donde la coalición oficialista enfrente su tensión más severa: necesita ir unida para conservar mayorías, pero cada integrante quiere cobrar más caro su permanencia.

Citlalli como árbitra de la coalición

El papel de Citlalli Hernández no será únicamente seleccionar perfiles morenistas, sino administrar la geometría variable de las alianzas: dónde conviene coaligarse, dónde competir solos, dónde ceder posiciones y dónde marcar límites.

Su llegada sugiere que Morena quiere dejar de regalar espacios por inercia. Buscará renegociar la relación con PT y PVEM desde una posición más centralizada y disciplinada.Se acabó la etapa en que los aliados recibían candidaturas automáticas por simple acompañamiento presidencial. Ahora tendrán que justificar cada distrito, cada alcaldía, cada gubernatura.

Sheinbaum recentraliza el mando

También hay una lectura presidencial nítida. Claudia Sheinbaum no está observando desde lejos, está interviniendo. El movimiento lleva su firma política.

El mensaje para gobernadores, liderazgos regionales y grupos parlamentarios es claro: las candidaturas de 2027 no serán un mercado abierto ni una subasta entre facciones locales. La Presidencia quiere recuperar el arbitraje antes de que los territorios se independicen.

En ese sentido, la Comisión Nacional de Elecciones se convierte en una aduana de lealtades. Y Citlalli ofrece algo escaso en Morena: credenciales de izquierda para la militancia y confiabilidad operativa para el poder.

La mudanza de Citlalli Hernández del gabinete al partido, no es una anécdota burocrática; es un parte de guerra. Morena asume que la elección decisiva ya comenzó y que se librará mucho antes de las urnas. Por eso mueve una pieza del gabinete al tablero donde se decide quién será candidato, con quién se pacta y hasta dónde se tolera la indisciplina de los aliados.

Sheinbaum no pierde una secretaria. Gana una operadora en el terreno donde más se jugará su sexenio: la cohesión partidista y la administración de una coalición cada vez más costosa.

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