
Marcelino Núñez Pérez
En el marco del mundial de fútbol que hoy se inauguró en México, me viene a la memoria uno de los sangrientos hechos cometidos durante el gobierno del General Absalón Castellanos Domínguez, en Chiapas.
Hace cuarenta años, México fue sede del segundo campeonato mundial de fútbol en 1986.
El 12 de mayo cuando se desarrollaba el evento deportivo mundial, se cometió una salvaje masacre en las inmediaciones del ejido el Ámbar, municipio de Jitotol, Chiapas, a manos de las corporaciones de “seguridad” pública y judicial del estado, en donde perdieron la vida ocho campesinos, solicitantes de ampliación de ejido. Fueron citados previamente ese día por Enrique Virruetaempleado adscrito en la delegación de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, SARH para que llevaran sus animales (ganado mayor) cerca de la carretera federal denominada “La Cumbre”, nombre de uno de los predios señalados en la solicitud como presuntos afectables para ampliación de Ejido, con el pretexto de que arribaría personal de la dependencia federal a realizar campaña de vacunación. La cual resultó una vil artimaña.
Los campesino nunca pasó por sus mente que sufrirían el artero ataque con lamentables pérdidas de vida de sus compañeros – quienes respondieron por nombre: Candelario Sánchez del Carpio, Bartolo Hernández López, Lucas Hernández Pérez, Miguel Pérez Luna, Andrés Pérez Pérez, Manuel Pérez Pérez, Andrés Núñez Hernández y Antonio Núñez Hernández, este último, niño de apenas 12 años de edad.
Fueron aprehendidos y llevados presos a la cárcel distrital de Simojovel de Allende, Chiapas: Domingo Pérez Díaz, Silvano López Ruiz, Isidro Pérez Díaz, Diego Sánchez López, Andrés Hernández Hernández, Diego Hernández Hernández, Bartolo Sánchez López, Juan Hernández Pérez 1, Andrés Pérez Pérez y Manuel Pérez Pérez. Otros resultaron heridos.
Ese día también incendiaron los poblados Francisco Villa y Andulio Gálvez, municipio de Bochil; así com también el poblado Unión Tierra Tsotsil, municipio de El Bosque, Chiapas.
La Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos CIOAC demandó castigo a los responsables intelectuales y materiales de los hechos, y nada que se hiciera justicia. A cuarenta años sigue impune el caso, como lo fueron y quedaron tantos otros crímenes de líderes sociales y políticos en Chiapas y en el país.
Un periodista francés y dos Suecos que cubrían el mundial de fútbol en México, viajaron hasta El Ámbar, Chiapas a documentar sobre el suceso, a quienes acompañé en el recorrido en el lugar de los hechos y el panteón de la comunidad.
El periodista Héctor Delgado Delgado, director del perico Así Es, órgano de difusión del PSUM, también acudió al lugar del crimen, a la cárcel distrital de Simojovel y a las comunidades que fueron objetos de la represión policiaca.
Lolo López, Agustín Rubio, Sebastián Pérez Núñez y quien escribe, a pesar del ambiente tenso entramos a las comunidades a celebrar reuniones y a brindar ánimo a la gente que andaba atemorizada.
Atravesamos con un bocho rojo el rancho de Roberto Zenteno Rojas, cacique soberbio y a la vez cobarde, que asesinó dos años después a Sebastián, de manera cruel y a quema ropa, disparándole doce tiros calibre 12mm.
Fue una etapa difícil de mucha represión y asesinatos en Chiapas, por causa de la búsqueda de la justicia social y emancipación de los campesinos e indígenas, sometidos durante largos años por caciques de horca y el cuchillo que no solo se habían apropiado a la mala de las tierras inclusive con resolución presidencial en favor de los campesinos, sino que se creían dueños de la mano de obra de los jornaleros agrícolas (peones acasillados) de las fincas, obligados a consumir productos de las tiendas de raya pagaderos en largos periodos, lo que los esclavizaba de por vida; además cometían abusos contra las mujeres e hijas de éstas, a lo que llamaban “derecho de pernada”. Esas injusticias fueron los que motivaron, primero la exigencia y pago justo y puntual de los jornales trabajados, y a la negativa del patrón se procedió con la recuperación de la tierra que luego los finqueros dieron por llamar invasión para que esta figura encuadrara en un delito tipificado en el código penal. E inició la persecución, la represión y asesinatos.
La gente resistió y la lucha triunfó hasta lograr la legalización y entrega formal de la tierra a los campesinos, en donde se constituyeron nuevos ejidos, construido escuelas, caminos, viviendas, infraestructura deportiva; en suma, la gente se liberó de la opresión caciquil. Ahí la lucha no termina.
Pero como decimos en la disidencia magisterial: Gobierne quién gobierne, los derechos se defienden.


