
Guillermo Ochoa-Montalvo
Querida Ana Karen,
Aunque 5 millones de la comunidad LGTB cuentan con reconocimiento jurídico y protección de sus Derechos Humanos en 32 entidades de México, aún siguen siendo victimas de abuso, discriminación, hostigamiento y violencia. De este tema platicamos con Luis, una jóven transgénero, hoy llamado legalmente, Luis X. Con su cabello corto, pantalón de mezclilla, camisa a cuadros y libros de la preparatoria, conversamos con Luis.
—Luis, dinos, ¿Por qué tanta intolerancia si ya estamos en el Siglo XXI?, pregunta Pati.
—Para ser justos, debo reconocer que hemos avanzado bastante respecto a otras épocas y naciones. De otra manera, seguiría siendo Luisa X en vez de ser varón hoy en día. Sin embargo, la intolerancia e incomprensión de algunos segmentos de la sociedad, aún sigue siendo todo un tema. Lo tremendo, es la falta de denuncias por miedo, “vergüenza”, bullyng, o vaya a saber el motivo por el cual se callan los agredidos.
—Tú, ¿has sufrido discriminación?
—¡Claro que sí!, pero, yo soy un varón que enfrenta y nadie me amedrenta. Los casos que no pude resolver con el diálogo, los resolví por la vía judicial y hasta por los moquetes, que no lo recomiendo. Violencia genera violencia y esa la debemos evitar. Cuando se promulgaron las leyes, ya pude acudir a ellas, ganando tres casos.
—¿De qué protegen las leyes a la comunidad LGTB?,-pregunta Pati.
—Afortunadamente, la Ley nos permite contar con grupos de apoyo jurídico, psicológico y salud física como mental, reconocidos por las autoridades; junto con el reconocimiento de género que combaten el odio y hasta el crímen. Hoy contamos con el MATRIMONIO IGUALITARIO en todo el país; eso nos permite incluso la adopción de hijos cumpliendo con los requisitos de ley, obviamente.
—¿Cómo fue posible la legalización, Luis?,-le pregunto.
—¡Uf, nada fácil! Fueron años de luchas, de movilizaciones, protestas y marchas. Muchas negociaciones, pero, sobre todo, de contar con el apoyo de la sociedad tolerante; este sector fue muy importante para reconocer la identidades de género, tanto para transexuales como para transgéneros. Se nos otorgaron actas de nacimiento con el cambio de nombre y género. Somos 5 millones en este país que merecíamos salir de la invisibilidad.
—¿El tema de tu familia fue complicado?, pregunta Pati.
—En muchos casos es bastante complicado. En mi caso no, -responde con una sonrisa de satisfacción. —¡Claro¡, pasaron varios años antes de salir del clóset; yo me sabía hombre desde chico y lo manifestaba en mis gustos, en mis juegos; ni siquiera estaba consciente de mi género en ese momento. Más tarde, a los 12 años supe que era transgénero y no “maricón” como me gritaban en la escuela. Pero, a los 18 años, platiqué con mi madre y se lo confesé. <No pasa nada, hijo, lo comprendo y lo acepto bien; te apoyaré>, me dijo mi madre. Reunió a los cercanos de la familia y me presentó como Luis. Por fortuna, mis abuelos ya habían fallecido, porque comprendo que, para ellos, sí hubiese sido un golpe y algo incomprensible y difícil de digerir. -comenta Luis con una sonrisa de satisfacción.
—La comunidad bisexual ¿es más numerosa?, Luis.
— Sin duda, y más complicada, -Luis se lleva las manos a la cabeza y prosigue, —se calcula que son el 50% de la comunidad LGTB. Ellos se preocupan por cuidar su empleo; guardan las formas para evitar conflictos con sus parejas matrimoniales quienes son hetero. Desde siempre han sido más numerosos, discretos e invisibles. Y supongo que, debe ser difícil confesarlo a sus parejas e hijos. Pero, en México, las cifras del 50% del INEGI, me parece que son bastante reducidas respecto a la realidad. Esa es una cuestión cultural muy arraigada y profunda en nuestra sociedad. Me imagino que, también, más difícil de sobrellevar. Incluso entre ellos se presenta la homofobia y la bifobia. Un homosexual o gay, no casado, se asume con mayor facilidad.
— ¿Qué opinas de las leyes actuales que protegen su identidad física y jurídica?
—Desde mi punto de vista cualquier ley puede ser letra muerta, pero no es responsabilidad de los legisladores o los jueces; es culpa de quienes no nos atrevemos a denunciar a los acosadores, abusadores y criminales. Por fortuna, poco a poco, ha dejado de ser un impedimento en las oficinas de gobierno y en las empresas privadas con políticas inclusivas. Hoy ya gozamos de mayor libertad para expresar y vivir nuestra sexualidad, nuestras preferencias u orientaciones, e identidades sexuales y de género. La cultura se construye en la sociedad, no se decreta; y con las leyes, que sí se decretan, hemos dado un gran paso.
— ¿Y tú cómo te sientes ahora?, -Luis levanta las manos en forma de victoria y responde. —Mira, todos los cuerpos, todas las sensaciones y todos los deseos tienen derecho a existir y manifestarse, sin más límites que el respeto a los derechos de las otras personas. El desconocimiento de la cultura LGTB, confunde a las personas y de ahí nace parte de la intolerancia. El INEGI, identificó a 1 de cada 20 encuestados de 15 y mas años que se identifican y asumen como LGTB. Tanta gente no puede permanecer invisible, ¿no crees?
—Eso lo entiendo y supongo que para una lesbiana es menos compelido vivir en sociedad, comenta Pati.
—Toda la vida ha sido así; culturalmente una lesbiana no se declarada como tal, puede convivir con su pareja haciéndose pasar como “amigas, se abrazan, se toman de la mano y se besas como un acto socialmente aceptado. En cambio, los gay son más obvios por sus ademanes. Si salen del clóset, no realizan ninguna de las prácticas de una lesbiana.
—Seré ignorante, pero dinos ¿qué significan las siglas LGTB?
—Son las letras de Lesbianas, Gay, Transgénero, transexuales y Bisexuales. En realidad, también existen los asexuales, los pansexuales, los demisexuales, género fluido, agénero, no binario, cisgénero y quizá, otras más. La DIVERSIDAD SEXUAL Y DE GÉNERO es muy amplia.
—¿Tú sabes en dónde se concentra el mayor número de personas LGTB?
—Por supuesto. En el Estado de México se identificaron 489,594 personas como LGTB; por número, continúan Jalisco, Guanajuato, Guerrero, Sonora, Michoacán de Ocampo, Tabasco, Quintana Roo, Tamaulipas, Yucatán, Colima, Tlaxcala y Nayarit. Los estados con menor presencia son: Baja California y Tamaulipas. Bueno, eso dice la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género del 2021.
—Gracias Luis, ha sido muy ilustrativa tu charla y de verdad, deseamos una mayor tolerancia por parte de la sociedad, que reduzca los índices de violencia y crímenes por cuestiones de género, porque el respeto a la diversidad es una cuestión de amor.
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