1. Home
  2. Columnas
  3. La CNTE y la disputa por el balón político / Sumidero

La CNTE y la disputa por el balón político / Sumidero

La CNTE y la disputa por el balón político / Sumidero
0

Edgar Hernández Ramírez

El conflicto magisterial dejó de ser una amenaza en abstracto y entró en su fase de mayor presión política. La huelga nacional de la CNTE arrancó con marcha, plantón, bloqueo, choque con policías, denuncia de represión, mesa sin acuerdos y una consigna cuidadosamente elegida para incomodar al gobierno federal en el momento más sensible: “si no hay solución, no rodará el balón”. A unos días del Mundial, la Coordinadora entendió que la disputa ya no se juega sólo en la cancha educativa, sino en la arena simbólica de un país que quiere mostrarse estable ante el mundo.

Los últimos tres días confirman el escenario más probable: escalada controlada con negociación bajo presión. No parece perfilarse, por ahora, una ruptura total; tampoco una desactivación rápida. Lo que se observa es una guerra de desgaste: la CNTE instala fuerza en la calle y el gobierno intenta contenerla sin reprimir, abrir mesas sin entregar el corazón del pliego y administrar la protesta sin que contamine la narrativa mundialista.

El 1 de junio, la CNTE inició su huelga nacional con una marcha del Ángel de la Independencia hacia el Zócalo. Al encontrar vallas y dispositivos de seguridad que impidieron su ingreso a la Plaza de la Constitución, instaló el plantón en 20 de Noviembre.

Ese primer día definió la gramática del conflicto: el gobierno cerró el acceso al Zócalo para proteger el espacio simbólico e impedir que la CNTE ocupara la vitrina mundialista; la Coordinadora respondió con la idea de que “el Zócalo no es de la FIFA, es del pueblo”. No fue sólo una disputa por metros cuadrados; fue una lucha por quién tiene derecho a ocupar el centro político del país.

El segundo día confirmó que no había distensión. La mesa entre la CNTE y autoridades federales —Gobernación, Educación e ISSSTE— terminó sin acuerdos. Los dirigentes magisteriales acusaron “cerrazón” y señalaron que ni siquiera se cumplió su exigencia principal: una reunión directa con la presidenta. La reunión duró varias horas, pero no produjo la señal política que la CNTE necesitaba para justificar un repliegue ante sus bases.

La presidenta Claudia Sheinbaum, en la Mañanera de este miércoles, cerró esa puerta por ahora. Dijo que no considera pertinente reunirse directamente con la CNTE porque Gobernación y Educación tienen su confianza para llegar a acuerdos. También fijó el límite presupuestal; el gobierno no ofrecerá algo que no pueda cumplir. Y al mismo tiempo intentó desactivar la narrativa represiva: sostuvo que no caerá en provocaciones ni en una represión en la antesala del Mundial, con una frase cargada de memoria histórica: “no somos Díaz Ordaz”.

Esa declaración revela la estrategia gubernamental. Sheinbaum busca aparecer como autoridad abierta al diálogo, pero no sometida. Reconoce que hay demandas atendibles, pero coloca el muro del presupuesto frente a las exigencias más costosas. Condena la violencia, pero evita criminalizar de manera abierta al conjunto del magisterio. No quiere regalarle a la CNTE una imagen de represión que pueda recorrer el mundo justo cuando México será escaparate futbolero.

La CNTE también mueve sus piezas. Las acciones contra figuras y símbolos del Mundial en Paseo de la Reforma, los bloqueos y la amenaza de seguir protestando durante el torneo buscan conectar el conflicto laboral con una crítica más amplia: mientras el país se prepara para el espectáculo global, los maestros denuncian pensiones deterioradas, salarios insuficientes y promesas incumplidas. Medios internacionales ya registraron esa tensión: protestas contra símbolos mundialistas, bloqueos, afectaciones al centro de la capital y el riesgo de que la inconformidad acompañe el arranque del torneo.

Pero ese recurso también es riesgoso. La CNTE puede ganar visibilidad, pero perder simpatía. Puede colocar sus demandas en la conversación internacional, pero también quedar atrapada en la imagen de un movimiento que amenaza la movilidad, el comercio, la escuela y la fiesta popular del futbol. El Mundial es una vitrina, sí, pero también una trampa: amplifica tanto la causa como los excesos.

Por eso el escenario dominante no es todavía el de ruptura absoluta, sino el de tensión administrada. La CNTE no parece dispuesta a levantar la huelga sin una victoria clara. El gobierno no parece dispuesto a conceder la abrogación total de la Ley del ISSSTE ni un aumento de la magnitud exigida. Entre esos dos límites se abre una franja de negociación posible: ajustes a pensiones, revisión de Pensionissste, compromisos sobre USICAMM, pagos pendientes, mesas estatales y una ruta verificable que permita a la Coordinadora decir que arrancó avances y al gobierno decir que preservó responsabilidad fiscal.

La reunión de este miércoles en Gobernación, a la que ingresaron representantes sindicales para continuar el diálogo, confirma que ninguna de las partes quiere romper la mesa. Pero tampoco hay condiciones para una solución rápida. La secretaria Rosa Icela Rodríguez informó que a los dirigentes sindicales se les hicieron dos propuestas, una encaminada la desaparición de la Unidad del Sistema para la Carrera de las maestras y los maestros (USICAMM), y la otra para fortalecer el sistema Pensionissste. Sin embargo, lo más probable es que sean rechazadas.

El conflicto se perfila, entonces, hacia un pulso de resistencia. La CNTE medirá cuántos días puede sostener plantón, bloqueos, cohesión interna y respaldo social. El gobierno medirá cuánto puede aguantar sin ceder el centro del pliego, sin ordenar un desalojo y sin que el Mundial se vuelva sinónimo de ingobernabilidad. Ambos saben que una mala jugada puede cambiar el tablero: un herido grave, una detención torpe, un bloqueo demasiado costoso o una declaración presidencial despectiva podrían empujar el conflicto al tercer escenario, el de radicalización.

Por ahora, sin embargo, la ruta más probable es otra: movilización sostenida, diálogo intermitente, concesiones parciales y disputa narrativa diaria. La CNTE intentará demostrar que la 4T no ha desmontado las estructuras laborales del neoliberalismo. El gobierno intentará demostrar que atiende al magisterio sin comprometer las finanzas públicas ni permitir chantajes. En medio quedará la sociedad: padres de familia, comerciantes, automovilistas, maestros no paristas y ciudadanos que pueden inclinar la balanza de legitimidad.

Junio será un mes de tensiones. La CNTE ya colocó el conflicto en el centro de la capital y en la antesala del Mundial. Sheinbaum ya decidió no recibir directamente a la dirigencia y sostener el diálogo por conductos institucionales. El desenlace dependerá de quién administre mejor su contradicción: la CNTE, presionar sin aislarse; el gobierno, contener sin endurecerse.

El balón todavía no rueda, pero políticamente ya está en disputa.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *