Home Columnas HUITZILOPOCHTLI

HUITZILOPOCHTLI

HUITZILOPOCHTLI
0
0

Carlos Román García

Los aztecas fueron un imperio al estilo oriental, no una sociedad feudal de corte europeo, sino otra basada en el modo de producción asiático, despótico tributario. No establecían colonias como los romanos, mandaban avanzadas a cobrar tributo, por el sur hasta el territorio actual de El Salvador, donde se habla pipil, una lengua del tronco yuto-azteca, hacia el norte hasta el límite con sus parientes salvajes, los chichimecas, linaje de perros, como bárbaro o berebere imitan la onomatopeya del ladrido, los bárbaros son los que no saben hablar.

Hay testimonio de los bienes que tributaban a los aztecas los habitantes del Soconusco (Xoconochco: lugar de tunas agrias), de Tuzantán: lugar de tuzas; Huehuetán: lugar de viejos; Mazatán: donde abundan los venados, y otros lugares en el Códice Mendocino y en la Matrícula de Tributos: ámbar, cacao, algodón, pieles de jaguar, plumas de quetzal.

Dice Juan Pedro Viqueira que no se puede comprobar la existencia de colonias aztecas en el Chiapas prehispánico, aunque sí su paso, cuya huella está presente en las toponimias. Así que los carteles son una representación contemporánea y deforme que nombran al tributo como derecho de piso y lo exigen con la misma violencia de que eran capaces los aztecas, idealizados por los liberales decimonónicos que destruyeron la arquitectura novohispana de la Ciudad de México y por los tlatoanis actuales.

No pensaban lo mismo los pueblos subyugados por esos feroces nahuas, cuya rebelión despertó y animó el cacique gordo de Zempoala, primer aliado del caudillo mediterráneo Hernán Cortés y su poder de intimidación trasciende el tiempo, como se puede apreciar en la reacción de un grupo de tata mandones tsotsiles de Chamula, guiados en el recorrido por el Templo Mayor por la arqueóloga Martha Alaminos, al ver el tzompantli de piedra con los cráneos alineados, residuo de las grandes matanzas donde se comía en pozole la carne de los sacrificados a Huitzilopochtli, cuchichearon rápidamente en su lengua y salieron corriendo de ahí.

Entre los aztecas había guerreros quaquachtin o rapados, con veinte hazañas o hechos valerosos en su biografía, pelones salvo por un mechón detrás de la oreja izquierda. También guerreros águila o tlequihuaque, que se ataban el cabello con cinta roja, decorada con plumas verdes azules y coloradas y usaban un casco en forma de cabeza de águila. Esos guerreros, entre otros, eran tan arrogantes, sanguinarios y diestros como los adoradores contemporáneos de la Santa Muerte, representación de Mictlantecuhtli, señor del lugar de los muertos, así como la Virgen de Guadalupe es reprentación de Tonantzin.

La característica más distintiva de los pueblos indígenas es la pobreza, pues como toda cultura viva su identidad está en continuo proceso de transformación, siempre es no idéntica. Los lacandones no pierden su identidad aunque algunos de ellos anden en Toyota, porten tenis o relojes gabachos o escuchen reggaeton; en su corta historia hay sido reconocidos como una cultura singular, aunque su lengua se derive del maya peninsular, su origen se remonte a la huída de los mayas rebeldes de las guerras de castas en la Península de Yucatán y su nombre retome el de un grupo exterminado, habitante original de la selva así llamada.

Migraciones intra y extraestatales, incluso a Estados Unidos, abandono de lengua e indumentaria tradicional, cambio religioso, adopción de modelos y patrones de otras culturas son partes de un proceso de cambio en el que se construyen nuevas identidades en las que prevalece la impronta indígena. Sin desdén del reconocimiento de las 68 lenguas indígenas, con sus cientos de variantes, ni del derecho de los pueblos a preservar su cultura, los mexicanos de hoy somos mestizos e intercambiamos saberes todos los días.

Pronto habrá más diccionarios de las lenguas indígenas on line y se debe insistir en la enseñanza de la lectura y la escritura, con profesionales formados ex profeso, materiales didácticos adecuados y libros de la literatura universal vertidos a sus lenguas, así como los escritos en ellas y sus traducciones al español y a otros idiomas.

He soñado con una representación de La tempestad, de Shakespeare, en tsotsil, con los teatreros de Lo’il maxil en la dirección y la actuación, los artesanos de Zinacantán en la escenografía, con música de Sak Tsevul, Lumaltok o Vayijel. También con la sabiduría de Lampedusa en tseltal, la lingua franca de la Selva; con la sonoridad de Quevedo en ch’ol, la lengua del tronco chortí más cercana entre las chiapanecas al maya clásico inscrito en las piedras de Chichén Itzá. También con los poemas de Mikeas Sánchez o Manuel Bolom, las reflexiones de Jacinto Arias Pérez y Enrique Pérez López o las obras de Petrona de la Cruz en italiano, francés, árabe o ruso, porque el diálogo de las lenguas hace nacer nuevas palabras, nuevos conceptos.

Recuerdo la emoción de Laco Zepeda cuando el difunto Alberto Gómez Pérez, tsotsil de Huitiupán, le leía en esa lengua su traducción de Benzulul. Como niño, decía el genial cuentista y cuentero, a ver, compañero, ahora, sin mirar mi libro, traduce de regreso al español, de memoria. Ah, Beto, mejor lo hubieras escrito vos Benzulul, muchas palabras crecen en las vueltas de la lengua.

Recuerdo a Ignacio Silva, uno de los últimos nahuatlatos del Archivo General de la Nación, oficio establecido en el reglamento de la institución para cumplir con el derecho de los pueblos a conocer en su lengua original el contenido de los títulos primordiales de sus bines comunales asentados en los documentos del ramo de tierras. Copia fiel de los de Anenecuilco llevaba consigo Miliano Zapata, quien los fue a solicitar a nombre de su pueblo en la época en que era caballerango de don Nachito de la Torre.

Sin más vuelta México es un nombre indígena, en el ombligo de la luna, junto con Tenochtitlan, en el lugar de las rojas tunas duras ofrendadas a Huitzilopochtli, cada quien sabe si le sigue rindiendo tributo.

Tuxtlán, lugar de conejos, miércoles 22 de febrero de 2023.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *