
Juan Carlos Cal y Mayor
Ahora sí me van a disculpar, pero si alguien está haciendo bien su trabajo dentro del gabinete de Eduardo Ramírez es, sin duda, Segundo Guillén, el Secretario de Turismo.
Conozco a Segundo desde hace varios años y hemos coincidido siempre en muchos puntos de vista. El viene de la cultura del trabajo, no solo del legado paternal, sino del suyo propio y ha sido un emprendedor exitoso.
No tengo la menor duda de que siendo parte del sector turístico y empresarial quiere hacer bien las cosas para corresponder a la confianza de su amigo el gobernador, sino también por convicción propia.
Ahora resulta que está siendo blanco de una andanada de críticas de mala fé, de quienes práctican el deporte de denostar para ver qué sacan y adelanto decirles que no van lograr nada.
Se repite aquella metáfora que evocaba José Ingenieros en El hombre mediocre: la del sapo y la luciérnaga. Una imagen tan simple como brutal. El sapo, incapaz de emitir luz, no soporta que otro brille. Y en lugar de aprender, de transformarse o siquiera de admirar, opta por aplastar. “Porque brillas”, responde, sin más argumento que su propia oscuridad.
EL ATAQUE COMO REFLEJO DE LA MEDIOCRIDAD
Las plumas sicarias y sus adlateres se le van a la yugular acusándolo de infundios, de proteger intereses, de operar en lo oscuro. Y parece entonces estamos presenciando la vieja y conocida estrategia de destruir a quien se atreve a hacer algo distinto. Porque en Chiapas —y hay que decirlo— el que se mueve, estorba; el que propone, incomoda; y el que actúa, molesta.
Por eso tantos prefieren la cómoda penumbra de la inacción. No hacer nada garantiza no ser criticado. Es la lógica del burócrata invisible: pasar desapercibido como método de supervivencia. Pero esa posición, aunque cómoda, es profundamente dañina para un gobierno que ha prometido y quiere hacer las cosas de manera diferente.
EL COSTO DE HACER LAS COSAS DISTINTAS
Me sobran ejemplos de quienes nunca proponen nada, pero en cuanto alguien se atreve a hacerlo, saltan como el sapo de Ingenieros, no para mejorar la idea, sino para sofocarla. No construyen, no suman, no corrigen: destruyen. Y lo hacen con la ligereza de quien nunca ha tenido que cargar con la responsabilidad de transformar algo.
Detonar el turismo en Chiapas implica romper inercias, enfrentar intereses y, sobre todo, desterrar esa visión aldeana —profundamente mediocre— que se ha adueñado ilegítimamente de nuestros mejores destinos naturales aduciendo a la vieja retórica de la victimización.
DEJAR LADRAR Y SEGUIR AVANZANDO
Por lo pronto, yo le sugeriría a Segundo Guillén que deje, como decía el Quijote, ladrar a los perros y continuar con firmeza su agenda de trabajo que muchos estamos observando y más importante aún, muchos vemos con entusiasmo por la posibilidad de que las cosas cambien para bien.
Al final, el verdadero problema no es el sapo que intenta apagar la luz. El problema sería que la luciérnaga dejara de brillar por miedo. Y ese lujo, simplemente, ya no nos lo podemos permitir.


