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El carnaval de Río / LA FERIA

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Sr. López

Ese tío -Alfredo- del que le he contado que fue el peor marido del mundo, malo de Récord Guinness, que le hizo la vida imposible a su esposa y cinco hijos, cayó enfermo y estuvo en cama: ¡tres años!, que fueron los peores, con el tío echado y fastidiando de un hilo. Pero por fin -Dios tan grande-, como Cleto el Fufuy, murió, murió, murió. Su feliz viuda, tía María Luisa y sus cinco hijos, no lo velaron ni le hicieron misa de cuerpo presente: un telefonazo a la funeraria y al cementerio sin cortejo, solito fue a su tumba (sin lápida). Un día comentó la tía: -Hasta para morirse fue malo –rigurosamente cierto.

A ver, a ver, en frío, sin cuentos: Morena está tocado, sí, pero como mal toro que dio mala lidia, quedó con media estocada… y puede cornear.

Primero lo primero: Marcelo Ebrard se queda en Morena, lo declaró ayer y en Morena lo celebran, doña Claudia lo celebra (“en la 4T necesitamos a todos”), parece mentira. Ebrard se queda por temor a la ira de Palacio (el caballerito tiene osamentas de mamut en su armario), entonces se queda, sí, pero va a hacer cuanto daño pueda.

A él el triunfo de la seño no lo beneficia en nada, al revés: una Sheinbaum triunfante en 2024 sería la completa anulación del espectro político de Ebrard y sus seguidores, ¡ya parece que se les va a olvidar a la señora y a su equipo, su renuencia a reconocerla como candidata!… ya parece. En cambio, si doña Sheinbaum perdiera la elección presidencial, Marcelo no tendría de quién cuidarse en Morena y no pararía de decir “se los dije, era yo”. No se necesita ser sabio para imaginar a qué corral tira esa res.

Encima debe tomarse en cuenta que ayer, la Comisión de Honestidad y Justicia de Morena (no se ría, no sea así), al resolver las quejas de Ebrard sobre la elección de doña Sheinbaum -con la premura que exigía su inminente declaración sobre su permanencia en el partido-, admitió que hubo “prácticas indebidas” y prometió sanciones, aceptando que no deben permitirse “la lógica de corrientes partidarias”, ni “prácticas que siempre hemos combatido, como la compra de voluntades, la alianza con grupos criminales, el chantaje, el uso de recursos públicos, la coerción o los acuerdos cupulares”, lo que es aceptar que pasó todo eso, aunque fuera poquito… qué humillación le asestó Marcelito a Claudita. Mala cosa.

Y don Ebrard, impelido por su vitaminada autoestima, declaró al saberse la resolución: “Para aquellos que nos pedían silencio y sumisión, el hecho de que el partido diga ‘sí hubo prácticas indebidas’, nos da la razón. Hoy nos da la razón, porque sí las hubo (…)”. Pero ¡qué necesidad! En política las cuentas se cobran y doña Sheinbaum, para retener a Marcelo por órdenes de Palacio, se tragó ayer semejante sapo para satisfacer el ego del Ebrard. Muy mala cosa, se equivocó Marcelo. No hacía falta humillarla.

Con tantita elegancia y mucho realismo político, don Ebrard pudo salir a decir que la Comisión de Honestidad y Justicia, requería de más tiempo para procesar debidamente sus quejas, pero que él, por congruencia con sus ideales políticos, por el bien de su partido y del ya iniciado proceso electoral, llamaba a la unidad en torno a la que ya en los hechos es la candidata de Morena. “Primero México, luego las aspiraciones personales”, pudo rematar. La soberbia es la peor consejera. Por eso y por falta de ética, ayer le reveló el Ebrard a Joaquín López Dóriga que en una plática con doña Sheinbaum, ella le dijo que “hay que luchar para que estas prácticas (…) no se generalicen, no persistan y no sobrevivan”. O sea, en privado aceptó doña S los reclamos del Ebrard; él lo hizo público. Eso no se hace, lo que se habla en privado es privado. Qué mal está usted don Marcelotzin.   

Por eso es raro que algunos estén manoseando la idea de que le van a dar a don Ebrard la dirigencia nacional de Morena; sería un error en cualquier escenario: si doña Sheinbaum gana la elección, el partido quedaría en manos de un competidor con más mañas que pelos un gato; y si las pierde, Morena se lo quedaría él y es muy díscolo (además: tiene pendiente de cobro la factura por concepto de “Burla de Palacio, 2023”).

Claro que es una ecuación de difícil solución. Echar de Morena a Ebrard pudiera traducirse en una franca fractura del partido en el poder, pero quedarse con el enemigo en casa, también tiene sus riesgos. En estos casos es mejor un colorado que muchos descoloridos: lo echamos porque no acepta las decisiones del partido. Y tan tan.

Merece alguna reflexión lo de Clara Brugada de candidata a la Jefatura de Gobierno de la CdMx: es para no arriesgar el voto de las huestes de Morena que dejaron muy claro su rechazo a Omar García Harfuch… y a doña Claudia, no se le olvide lo del Estadio Azul vacío (casi) y la pifia en la Arena México, con todo el peladaje gritando: ¡Clara ya ganó!, y ¡Utopía, Utopía!

La CdMx tiene un padrón de más de 7 millones 800 mil electores. Los votos que Morena ha conseguido ahí en las dos recientes elecciones, deben preocupar a Claudia & Asociados: en el año 2018, con el arrastre de López Obrador, Morena con Claudita de candidata, consiguió solo 2 millones 500 mil votos de esa enormidad de padrón; y en las elecciones del 2021, Morena obtuvo poco más de 1 millón y medio de votos. En números gruesos, en tres años perdieron un millón de electores (y nueve alcaldías de un total de 16). Nada bien.

Aparte, de los otros ocho gobiernos estatales, está cuesta arriba para Morena ganar cinco: Jalisco, Veracruz, Guanajuato, Morelos y Yucatán, que suman más de 20 millones 500 mil electores… aún si sale a votar solo el 60% le abren un boquete más al barco de la señora designada. Así, cobran mayor importancia los estados en los que se designaron candidatos ganadores: Chiapas, Tabasco y Puebla.

En las elecciones del 2018, López Obrador levantó el voto de los candidatos de su coalición pero ahora es al revés, y eso cambia mucho las cosas, porque doña Claudia es una candidata que es capaz de enfriar el Carnaval de Río.

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